Abuelito

Revisando entre recuerdos
encontré tuya, una carta,
rebosante de cariño
y ternura en tus palabras.

Con reproches tan mimosos
diciéndome que me extrañas,
no pude ir a esa fiesta
que, para verme esperabas.

Queda en espera el momento
para volver a encontrarnos,
acompañando tu escrito
con nubes del pelo blanco.

T.D. 30/3/2018

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Dos familias, un destino

 

Mis abuelos Silverio Diez y Felipa García 

Dos árboles que en España
por tiempo malo, azotados,
desarraigaron…

Y aquí plantaron la entraña,
la de los Diez, los Fidalgo,
y en las ramas de los hijos,
nuevo destino forjaron.

Aunque el intento fue duro
no eludieron el trabajo,
confiados en el futuro
nunca bajaron los brazos.

Hallaron tierra y caminos;
la tierra para sembrar,
y el camino donde andar
dos familias y un destino.
Tino Diez

Un 6 de enero en que los Reyes Magos no llegaron…

Por fin estuvieron en condiciones, ajustando lo que pudieron de intentar el sueño de la casa propia. Una casa mínima, pero nuestra. Mi papá estuvo visitando a personas que habían puesto en venta casas, las condiciones de acarreo con sus posibilidades económicas, hasta que encontró una construcción de chapa galvanizada por fuera, revestida en madera machihembrada por dentro, la integraba una pieza y una cocina.

Consultó las condiciones que, luego de algunas aclaraciones y regateos, fueron aceptadas por ambas partes. Pero para sellar definitivamente la compra hubo que consultar a quien debía acarrearla – o arrastrarla – hasta su destino y las posibilidades de deterioro que se podrían presentar en relación a la mejor o menor fortaleza constructiva que presentaban. Una vez que se aseguró este aspecto por parte del acarreador, mi papá con esa hermosa letra que tenía, trasladó las condiciones establecidas al papel – un tipo de papel semejante al que usaban los escribanos para su trabajo –  y se firmaron dos ejemplares con las mismas pautas contenidas. Se convenía – mi viejo escribió “se combinan”  – la división del costo total en determinado número de cuotas que se pagarían mensualmente en el ya nombrado almacén que oficiaba como oficina gestora, la Almacén de Sclavi. Sigue leyendo

Civilización o barbarie

(Crueldad civilizadora e insensibilidad [y prepotencia] civilizada)

Tal vez fuera un desprendimiento de los indios aimará. Muy cerca del Pacífico formaron una comunidad indígena y que tenía como base de su funcionamiento la agricultora, la caza y la pesca. El clima ecuatorial ayudaba a aliviar las necesidades, en este caso, eran casi inusuales las prendas de abrigo. Como el sitio les proporcionaba todo lo imprescindible para vivir, por naturaleza, eran pacíficos y ni consideraban la posibilidad de ser invadidos, por otras tribus y mucho menos la de ocupar otros espacios. Sigue leyendo

El Estado y las empresas nos roban

DÉBITOS Y CRÉDITOS
Las distintas empresas de servicios y el estado mismo tienen un sistema de facturación-cobranza que, cuando el usuario paga la factura posterior a la fecha de vencimiento, un mecanismo “gatillo” aplica los intereses correspondientes a los días de mora.
En este verdadero aquelarre de aumentos y facturación fuera de una calendario regular, donde además de cambiarse erráticamente las fechas de vencimientos, muchas de los comprobantes para que el vecino realice el pago, no llegan y para ingresar en mora abonan sin el soporte que no recibieron, puede darse el caso que se realicen pagos duplicados. Ante esta situación, en el mejor de los casos, no siempre pasa, el importe es devuelto en vencimientos posteriores, pero de agregarle intereses como correspondería. ¡Minga!!!
LA TARJETA SUBE
Llego a esta reflexión con motivo del vencimiento de los beneficios de la tarjeta SUBE. Por demoras, en la centralización del sistema, los pasajeros del transporte bahiense deben pagar sus viajes sin los descuentos que le corresponde.
Digo, si la responsabilidad es del prestador – el estado – ¿no debería realizar un ajuste retroactivo por los pasajes cobrados de más? Los sistemas de computación permiten hacer un rastreo – si se reprograman – y con una simple revisión realizar el acto de justicia que sería devolver lo mal cobrado. Sigue leyendo

Un jubilado no confía

un jubilado no confía en el despertador
se acuesta, gime huesos y padece quimeras

me digo
mañana, qué palabra remota

y sin embargo hoy la radio habla de mí
son voces y argucias embustes y dobleces
pero habla de mí

alcanzo a escucharla entrepenas
y me digo
todo lo que tengo es lo que fui

míralo a él
cree que duermo
y vacila en el marco de la puerta
dudando de mis ojos cerrados
(me conoce por las bufonadas de tantos ayeres)

pero este padre suyo ahora es otro
no aquel
no yo
hoy soy apenas lo que fui

por su apuro joven
posterga para mañana y se marcha
acaso piensa que al amanecer
todo estará en el mismo sitio

mi cama, mis vestigios y el cuadro de Comercial campeón

no lo culpo
nunca le hablé de mañana
mi palabra pretérita
ni de cuánto supe usarla
hasta que se la birlaron

jamás cedería si tuviera mañanas
en un puño

pero solo y rendido
boca arriba
presiento el reflejo amarillo aceitoso en la frente
por el manto de luz que se apaga
lánguido como la supervivencia

día o noche da lo mismo
mis vacíos no

esos no dan lo mismo

son últimas vueltas
en un cuadrante negro
plagado de olvidos que se eternizan

como este olor acre de dormitorio
tan parecido al de mis abuelos
aroma a flores de cardo
crepusculares ellas, atardecido yo

semejante plenitud efímera del sepia
desplomando
abandonos como cualquier otoño

cuando te jubilás te morís
decía el Flaco, te morís
y se murió
y ahora pasa su silueta fantasmal
opacando la voz de esa radio
que insiste en hablarme de mañana

qué me importa.

Jorge Lozano Ángel

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