Plegaria – Tango

La historia del tango que se tocaba en los campos de concentración y de cómo inspiró un estremecedor poema sobre las matanzas nazis

Músicos escuálidos, que apenas podían sostener sus instrumentos tocaban “Plegaria”. Era del argentino Eduardo Bianco, quien ejecutaba su música para los jerarcas nazis. El poeta Paul Celan, cuyos padres murieron asesinados por los nazis, buscaba conocer su final cuando encontró el tango de la muerte

Una orquesta de prisioneros en un campo de exterminio

Una orquesta de prisioneros en un campo de exterminio

Un cuarteto. Al aire libre, lo único libre que hay allí. Violín, clarinete, saxo y acordeón (para que remede el sonido original que el hombre a cargo había escuchado en un lujoso salón). Músicos escuálidos que apenas pueden hacer sonar sus instrumentos. El frío. El hedor. La muerte.

La melodía fluye incómoda con esa letra pueril que alguien canta a viva voz. El sonido seco del alemán le da un toque marcial. El ritmo se sigue con facilidad. Dos por cuatro. Hay pocos interesados en seguir el ritmo. Son los que están abrigados, los únicos que sonríen, los que saben que van a sobrevivir. Los asesinos.

El campo de concentración, los prisioneros muertos o a punto de morir. Todavía necesitan que algunos vivan para que lleven a cabo las tareas desagradables. Cavar tumbas. Tirar los cadáveres dentro de las fosas, por ejemplo. Sin embargo, ellos –los SS- ejecutan lo atroz. Eso no lo delegan. Ellos matan a quemarropa, a sangre fría, con un tiro en la nuca. Mientras tararean un tango: el tango de la muerte.

En sus comienzos, Eduardo Bianco había sido violinista clásico. Luego se marchó a Europa. Allí formó una orquesta típica. El éxito le llegó rápido. Con Bachicha Deambroggio lideró la formación tanguera que mayor éxito obtuvo en Europa en los años 20 y 30.

Bianco y su orquesta recorrieron todo el continente, tocando para la aristocracia europea. Bianco llegó también a Alemania. Tocó en la Scala de Berlín y en otros salones alemanes para un público más reducido: reyes, príncipes, presidentes y ministros. Unos de sus tangos se convirtió en un éxito instantáneo. Plegaria, letra y música de Eduardo Bianco.

Eduardo Bianco y “Plegaria”, el tango preferido de Goebbles que se tocaba en los campos de concentración

Eduardo Bianco y “Plegaria”, el tango preferido de Goebbles que se tocaba en los campos de concentración

La letra habla de una mujer que muere, una bella penitente que se fue sin quejas. Está cargada de lugares comunes (El órgano de la capilla embarga a todos de la emoción), pero eso no importaba demasiado: los franceses y los alemanes no entendían lo que decía el cantor. Plegaria se independizó y, con otra letra escrita en alemán, se convirtió en un gran éxito.

El que no se independizó fue Bianco. Goebbels, quien repudiaba el jazz por ser música degenerada de negros (o de negros degenerados), gustaba del tango. Bianco tocó para él. Y para Hitler, Himmler y Speer, entre otros.

Cuando la guerra comenzó a cambiar de rumbo, cuando ya no quedaba espacio para la diversión, Bianco volvió a Buenos Aires. Fracasó. Troilo, Pugliese y D’Arienzo gobernaban. Y la orquesta de Bianco, al lado de la de ellos, sonaba a lata. Bianco, en los lugares en que triunfó, era el sonido de lo exótico, de lo lejano. En Buenos Aires, era otra historia. No bailaban los príncipes. El tango era la respiración de la ciudad, no admitía más que autenticidad. Los trucos, el sonido neutro, enmudecían.

Joseph Goebbles, amante de la música aplaude en primera fila -el 20 abril 1942- la Novena Sinfonía de Beethoven ejecutada por la Filarmónica de Berlín

Joseph Goebbles, amante de la música aplaude en primera fila -el 20 abril 1942- la Novena Sinfonía de Beethoven ejecutada por la Filarmónica de Berlín

Con el pasaporte siempre actualizado, conoció de nuevo el éxito en Medio Oriente. Luego, regresó nuevamente a la Argentina, donde murió en 1959 disfrutando de lo que había ganado con su orquesta en el exterior.

“¡A bailar, judíos!”, gritaban los oficiales de las SS entre risotadas. La música seguía sonando al tiempo que ellos mataban. Música de fondo para un genocidio. Los músicos, judíos y prisioneros del lager, vivían. Hasta que llegara otro que tocara mejor su instrumento, hasta que los alemanes se cansaran de ellos. A los músicos también los mataron. Tocaban un tango. Plegaria. El favorito de los nazis.

“¡A bailar, judíos!”, gritaban entre risotadas los oficiales de las SS

“¡A bailar, judíos!”, gritaban entre risotadas los oficiales de las SS

“Lo llevo dentro de mí como un injerto”, dijo el italiano Primo Levi de este poema:

“… Silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra/ ordena tocad para la danza”.

Es Fuga de muerte de Paul Celan, un rumano hijo de un judío ortodoxo y sionista y de una amante de la lengua alemana (lengua que impuso en su hogar). En 1942, los deportaron a los dos a un campo de concentración mientras Paul estudiaba en Francia. El padre murió de tifus, la madre con un tiro en la nuca.

“…Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad soñad/ empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos azules/ Cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la danza”.

En los primeros borradores el poema tenía otro título: Tango de la muerte. Tal vez la escena se la describió algún sobreviviente, tal vez lo encontró en algún escrito clandestino o le contaron de la orquesta y el tango fúnebre e inverosímil mientras averiguaba sobre el final de sus padres. Lo que no encontró, lo que no buscó fue el dolor, la escritura desgarradora. Otra vez, Adorno y la poesía después de Auschwitz. Celan supera esa discusión. Refuta cualquier argumentación con su poesía.

“Grita sonad más dulcemente la muerte/ la muerte es un maestro venido de Alemania/ grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como humo en el aire/ y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí”.

Paul Celan

Paul Celan

“La presencia de Celan era, como todo su ser y todos sus gestos, de una extrema discreción, elíptica, borrosa”, dijo Jacques Derrida quien lo conoció en la Ecole Normale Supèrieure. En su silencio expresa su pasión por la precisión. Por el lenguaje exacto. Él contó el horror en alemán. La lengua materna, la tierna lengua de su infancia, es la de los asesinos.

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Zapatero móvil a bordo

Se ha dicho con razón que Guaite tenía todo lo que necesitaba, sin necesidad de trasladarse a Bahía Blanca, sino en ocasiones muy especiales.

“La Peña del Tornillo” que formaban guaitenses residentes en el Barrio San Martín, se reunía en la Ferretería de Buby Alonso – el hijo de Gabino Alonso – junto al dueño, Mario Camagni, José De Lorenzo, Hilario Landriscini, un hermano de Nené Cabeza y otros que ahora se me escapan de la memoria, se dedicó a listar los comercios y oficios según su especialidad, información que he volcado a mi blog en oportunidad de desarrollar la historia, hasta donde pude, del comercio guaitense. En ese resumen lograron recordar los siguientes zapateros remendones: Canale, Elías, Reppeti, Stefanu (La Comercialina), Senio y Verdini. (*)

Pero hubo uno que escapó a la memoria de estos guaitenses. Hubo un remendón ambulante que se dedicaba a atender las reparaciones de calzado de los tripulantes de los barcos que llegaban a nuestro puerto a cargar alimentos para el mundo.

Parece ser que llegaba con su valija con la bigornia, la trincheta, rollos de suela, tacos y clavos y a barco por día renovaba el calzado de los tripulantes de distintos países que esperaban llegar a nuestro puerto, para recuperar sus zapatos del gastado  por el uso.

Se trasladaba en una bicicleta de las llamadas de reparto, eran utilizadas por los almaceneros, carniceros y otros servicios de mini-reparto a domicilio. Su estructura era reforzada. La rueda delantera de menor rodado que la trasera (26-24), y el lugar delantero era destinado para una especie de porta canasto, donde se cargaba la mercadería.

Su nombre también ha quedado olvidado. Alguna vez alguien me lo apuntó, pero por no haberlo anotado volvió al remolino del olvido.

No pierdo la esperanza de recobrar cómo se llamaba este  artesano  de la suela, que atendía al personal embarcado. Tampoco de recuperar para la memoria algún elemento de los que usaba, como testimonio de su labor.

(*) Ver https://tangomias.wordpress.com/2014/12/28/los-zapateros/

Silencio, hospital…

Los silencios son insoportables.

Los pasillos de un hospital, donde la vida que llega se cruza con la vida que lucha por quedarse.

Y de pronto, con corridas como de hormigas que huyen para no ser pisoteadas, todo se llena de murmullos, entre gritos desesperados, timbreos de alarmas y  hombres y mujeres que corren ante una emergencia.

Rostros fatigados, semblantes angustiados, miradas interrogantes…

La noche parece calmarse de sonidos pero la calma no llega a esos seres que siguen esperando.

Una mamá llega con el hijo más lindo del mundo que acaba de nacer. Esta vez se produce el desborde de la tensión, en lágrimas de felicidad. La alegría del padre, de los abuelos, renueva más humedad a las pupilas de todos.

Hay un ramo de flores en la puerta de la habitación que se cierra detrás de esa eclosión de felicidad.

Junto a una puerta una parejita de adolescente desgrana interminables horas de espera y congoja. En el cartel de ese ámbito  “Unidad de cuidados intensivos  pediátricos”. Por momentos, como un paliativo a la espera creen escuchar el llanto de su hijo y sonríen plenos de dicha. Cuando el personal ingresa o se retira, espían para tratar de localizar, por el vano de la puerta y en ese pequeño instante, el nido donde es atendido. Y vuelta a aguzar el oído y desear que alguien entre – o salga – para revivir y completar la escena. Es una sensación que por más ajeno no deja de enternecer el alma de quien es testigo de esa escena de ansiedad y ternura. Sigue leyendo

INGENIERO WHITE, un pueblo que están matando

Publicado en “El psicoanalítico” por María Giovis, (Psicoanalista)

En octubre del 2017 salió a la luz este documental que tiene la urgencia de la denuncia. Denunciar cómo están matando a mi pueblo de origen, Ingeniero White o Gaite o Güite como lo llamamos los whitenses, lugar para mí de los afectos tempranos, de las calles de tierra, del olor a mar, de entrañables amigos y familiares. La primera proyección en el pueblo fue de una intensidad emocional sin igual. Han pasado algunos meses desde esa primera proyección y la impronta de ese momento quedó grabada en mí.

Un whitense escribió:
Un video para saber qué nos pasó.  Un recorrido por el presente, recorriendo nuestra historia.  Una historia real, relatada en primera persona por sus más caracterizados vecinos, apoyada en documentación irrefutable. El recuerdo de nuestros mártires.
Aquellos que resultaron – y resultan – víctimas del progreso que soñamos (o nos vendieron), cuando la ilusión se desvaneció y nos dejó el detrimento de vidas y enfermedades por doquier. Un video para reflexionar.
Tal vez para decir basta.”

Estas palabras me acompañan para seguir en la difusión, en el grito, en la denuncia. Una denuncia que se suma a la de tantos otros, como la de los pescadores ante la ría contaminada, la de las madres que gritan su dolor ante las muertes de sus seres queridos en “accidentes” laborales. ¿Cómo no decir que están matando a mi pueblo de origen? Además de querer decir, no podía no decir y así este documental/ homenaje a mi querido hermano muerto de un cáncer fulminante en el año 2000 aplaca mi dolor y tranquiliza mi conciencia.

En la clínica, día a día, escuchamos historias de dolor. El Dolor, de Marguerite Duras, es uno de los libros que tempranamente me conmovió. Duras conmueve y me conmueve, teje una trama de lo histórico social donde la vida cotidiana se desenvuelve entre dolores sociales. Entonces, cómo decir del dolor colectivo, del “dolor país”, del dolor de tanta destrucción, de tanta muerte.
A través de los años, los whitenses fuimos viendo cómo -tras la instalación de un Polo Petroquímico- las enfermedades y las muertes llegaron por doquier. Cánceres raros, muertes abruptas, enfermedades de todo tipo impregnan la vida cotidiana de White y plantean  la pregunta: ¿se puede instalar un Polo Petroquímico en un lugar donde vive un pueblo?

El por qué de un documental o de cómo la escritura devino en documental

Recorriendo nuestra historia

Viaje tras viaje, encuentros con amigos de la infancia refrescando recuerdos. Y así, los ferroviarios, los pescadores, el puerto de aguas profundas, la playita y los cangrejos; los trabajadores de la Junta Nacional de Granos; los estibadores, la lucha de 1907 por la jornada de 8 horas de trabajo; la solidaridad que llega cuando la prefectura local mata a dos estibadores; las luchas obreras, aquellas históricas de ferroviarios y portuarios en la década del 60; Onganía y la DOW CHEMICAL y Lanusse en el 72, en ese helicóptero que sobrevuela y baja ante la mirada de tantos whitenses, y con él la ilusión de progreso, esa “piedra fundamental” que anuncia ese Polo Petroquímico diseñado vaya a saber en qué parte del mundo por esas Multinacionales que vieron que allí, en ese pueblito del sur de la provincia de Buenos Aires, las condiciones eran inmejorables para su sed de ganancias. La militancia de esos años contra los despidos y contra la instalación de ese Polo Petroquímico, el golpe del 76, los desaparecidos del pueblo, los exilios, las cárceles. El puerto, las vías del ferrocarril, las calles de tierra, el olor a mar, los adoquines, todo en la memoria, en la memoria colectiva. Los inmigrantes que llegan al comienzo del siglo pasado, los barcos, los perseguidos políticos o por hambrunas y los mapuches; esa matanza de los pueblos que habitaban esa zona y Roca y White. Ese lugar llamado “Puerto” transformado en 1899 en “White” donde Roca agasaja a su amigo el Ingeniero White.

Todo en la memoria, en la memoria colectiva

Memoria de muchos para encarar este proyecto, contar cómo están destruyendo y matando a su gente. Memoria para no olvidar, para recordar, para contar a las futuras generaciones, tal vez para decir: Basta. Basta de contaminación. Basta de muertes.
Charlas, actualización de datos que devino en escritura. Escritura que caminó el pueblo, que sumó voces, las voces de muchos para encarar este proyecto, cada uno con su pedacito de dolor, de broncas, de llantos ¿en qué momento la escritura devino documental?
En uno de mis viajes al pueblo decido grabar la charla con algunos amigos de mi infancia: Oscar, un despedido ferroviario; Mabel. cuyo padre trabajaba en la Junta Nacional de Granos; Graciela, que recordó a los desaparecidos del pueblo. En una charla con Vicente Zito Lema le comenté que había grabado y su comentario fue: “Ese material te puede servir para escribir el libro, pero también puede servir tanto para hacer una obra de teatro como para hacer un documental, un documental puede tener mayor difusión”. Palabras que produjeron en mí un impacto y fue el momento en que decidí que iba a contar esta historia en el lenguaje audiovisual. Un documental. Devenir. Devenir documentalista, para contar, para difundir, para gritar.

Comencé a imaginarme un comienzo con fotos de aquellos atardeceres mirando el mar, imágenes de las viejas casas de chapa y madera, las calles de tierra, las casillas ferroviarias.  Un documental que se constituyera en una denuncia de la llamada “globalización” que no es otra cosa que la forma actual del capitalismo. Porque fue, justamente allí, en Ingeniero White, donde se estableció un Polo Petroquímico. Un Polo que modificó de raíz al pueblo. Un pueblo donde la vida giraba en torno al ferrocarril, el puerto y la junta Nacional de Granos. En todas las familias había empleados de esas empresas estatales. Y, tristemente, se suceden las muertes por cáncer de personas de todas las edades. Hay también trabajadores muertos por “accidentes” en las empresas. Hay muchos casos de enfermedades de la piel, problemas respiratorios. Hubo escapes de cloro y amoníaco. Nubes tóxicas que emanan de las chimeneas del Polo, fuertes olores. Grietas en las casas producto de las construcciones de los puertos de esas empresas. No es posible pescar en aguas contaminadas.

En Buenos Aires, muchos han sido los que alentaron y aportaron ideas y, también, los que me acompañaron en la soledad de las decisiones, del rumbo que iba tomando el documental, referentes en la historia construida, mis maestros, Freud, Ferenczi, Reich, los grupalistas argentinos, aquellos de los que aprendí que somos sujetos producidos históricamente, de aquellos como Reich que se preguntaba qué tipo de sujeto produce el capitalismo. Aquellos que describieron ese entramado de lo social/político/ emocional/corporal. Ulloa pensando la “cultura de la mortificación” y el maltrato de una sociedad que no ampara ni cobija.

Ingeniero White tiene una historia de lucha y es esa lucha la que quise reflejar en el documental: mostrar el caleidoscopio de acontecimientos que marcaron la vida de nuestro país y, en simultáneo, cómo fueron vividos por el pueblo, en la vida cotidiana de los whitenses y en lo singular de quien escribe.

Reflexión Final

Año tras año se difunde, en los noticieros y programas argentinos, en la fecha cercana a los 24 de marzo, una imagen de los militares argentinos entrando en una casa, símbolo del terror vivido, casa en Ingeniero White.

Ingeniero White, un pueblo que están matando       Ingeniero White, un pueblo que están matando

Símbolo del terror e instauración de un modelo, un modelo vigente. ¿Podemos pensar que esta destrucción es el estado actual del capitalismo y que la barbarie nos rodea por todos lados?

Desde su instalación e inauguración en 1981 por Martinez de Hoz todos los  gobernantes, de todos los signos políticos, siguieron apoyando a las Multinacionales. Multinacionales a las cuales no les importa ni la contaminación ni las condiciones laborales de los trabajadores. Para ellos la “seguridad” es un costo laboral más, de ésos que nuestros gobernantes dicen que se pueden no pagar para “atraer inversiones”.

Esta destrucción en este pueblo no es un hecho aislado, es la voracidad del capitalismo a nivel mundial, es lo que hacen las multinacionales con lo que alguna vez fue llamado “el patio trasero” del imperialismo. Para ellos nuestros vidas no valen nada, allá bombardean y saquean y obligan a cientos de miles a migrar, acá instalan sus empresas para hacer cosas que no podrían en sus países de origen.

Un video para reflexionar, tal vez para decir basta

Los invito a ver este documental y también a difundirlo, a que unamos nuestros gritos para dejarles bien claro a los empresarios y a sus gobernantes que, aunque nos estén matando, todavía estamos vivos.