Zapatero móvil a bordo

Se ha dicho con razón que Guaite tenía todo lo que necesitaba, sin necesidad de trasladarse a Bahía Blanca, sino en ocasiones muy especiales.

“La Peña del Tornillo” que formaban guaitenses residentes en el Barrio San Martín, se reunía en la Ferretería de Buby Alonso – el hijo de Gabino Alonso – junto al dueño, Mario Camagni, José De Lorenzo, Hilario Landriscini, un hermano de Nené Cabeza y otros que ahora se me escapan de la memoria, se dedicó a listar los comercios y oficios según su especialidad, información que he volcado a mi blog en oportunidad de desarrollar la historia, hasta donde pude, del comercio guaitense. En ese resumen lograron recordar los siguientes zapateros remendones: Canale, Elías, Reppeti, Stefanu (La Comercialina), Senio y Verdini. (*)

Pero hubo uno que escapó a la memoria de estos guaitenses. Hubo un remendón ambulante que se dedicaba a atender las reparaciones de calzado de los tripulantes de los barcos que llegaban a nuestro puerto a cargar alimentos para el mundo.

Parece ser que llegaba con su valija con la bigornia, la trincheta, rollos de suela, tacos y clavos y a barco por día renovaba el calzado de los tripulantes de distintos países que esperaban llegar a nuestro puerto, para recuperar sus zapatos del gastado  por el uso.

Se trasladaba en una bicicleta de las llamadas de reparto, eran utilizadas por los almaceneros, carniceros y otros servicios de mini-reparto a domicilio. Su estructura era reforzada. La rueda delantera de menor rodado que la trasera (26-24), y el lugar delantero era destinado para una especie de porta canasto, donde se cargaba la mercadería.

Su nombre también ha quedado olvidado. Alguna vez alguien me lo apuntó, pero por no haberlo anotado volvió al remolino del olvido.

No pierdo la esperanza de recobrar cómo se llamaba este  artesano  de la suela, que atendía al personal embarcado. Tampoco de recuperar para la memoria algún elemento de los que usaba, como testimonio de su labor.

(*) Ver https://tangomias.wordpress.com/2014/12/28/los-zapateros/

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INGENIERO WHITE, un pueblo que están matando

Publicado en “El psicoanalítico” por María Giovis, (Psicoanalista)

En octubre del 2017 salió a la luz este documental que tiene la urgencia de la denuncia. Denunciar cómo están matando a mi pueblo de origen, Ingeniero White o Gaite o Güite como lo llamamos los whitenses, lugar para mí de los afectos tempranos, de las calles de tierra, del olor a mar, de entrañables amigos y familiares. La primera proyección en el pueblo fue de una intensidad emocional sin igual. Han pasado algunos meses desde esa primera proyección y la impronta de ese momento quedó grabada en mí.

Un whitense escribió:
Un video para saber qué nos pasó.  Un recorrido por el presente, recorriendo nuestra historia.  Una historia real, relatada en primera persona por sus más caracterizados vecinos, apoyada en documentación irrefutable. El recuerdo de nuestros mártires.
Aquellos que resultaron – y resultan – víctimas del progreso que soñamos (o nos vendieron), cuando la ilusión se desvaneció y nos dejó el detrimento de vidas y enfermedades por doquier. Un video para reflexionar.
Tal vez para decir basta.”

Estas palabras me acompañan para seguir en la difusión, en el grito, en la denuncia. Una denuncia que se suma a la de tantos otros, como la de los pescadores ante la ría contaminada, la de las madres que gritan su dolor ante las muertes de sus seres queridos en “accidentes” laborales. ¿Cómo no decir que están matando a mi pueblo de origen? Además de querer decir, no podía no decir y así este documental/ homenaje a mi querido hermano muerto de un cáncer fulminante en el año 2000 aplaca mi dolor y tranquiliza mi conciencia.

En la clínica, día a día, escuchamos historias de dolor. El Dolor, de Marguerite Duras, es uno de los libros que tempranamente me conmovió. Duras conmueve y me conmueve, teje una trama de lo histórico social donde la vida cotidiana se desenvuelve entre dolores sociales. Entonces, cómo decir del dolor colectivo, del “dolor país”, del dolor de tanta destrucción, de tanta muerte.
A través de los años, los whitenses fuimos viendo cómo -tras la instalación de un Polo Petroquímico- las enfermedades y las muertes llegaron por doquier. Cánceres raros, muertes abruptas, enfermedades de todo tipo impregnan la vida cotidiana de White y plantean  la pregunta: ¿se puede instalar un Polo Petroquímico en un lugar donde vive un pueblo?

El por qué de un documental o de cómo la escritura devino en documental

Recorriendo nuestra historia

Viaje tras viaje, encuentros con amigos de la infancia refrescando recuerdos. Y así, los ferroviarios, los pescadores, el puerto de aguas profundas, la playita y los cangrejos; los trabajadores de la Junta Nacional de Granos; los estibadores, la lucha de 1907 por la jornada de 8 horas de trabajo; la solidaridad que llega cuando la prefectura local mata a dos estibadores; las luchas obreras, aquellas históricas de ferroviarios y portuarios en la década del 60; Onganía y la DOW CHEMICAL y Lanusse en el 72, en ese helicóptero que sobrevuela y baja ante la mirada de tantos whitenses, y con él la ilusión de progreso, esa “piedra fundamental” que anuncia ese Polo Petroquímico diseñado vaya a saber en qué parte del mundo por esas Multinacionales que vieron que allí, en ese pueblito del sur de la provincia de Buenos Aires, las condiciones eran inmejorables para su sed de ganancias. La militancia de esos años contra los despidos y contra la instalación de ese Polo Petroquímico, el golpe del 76, los desaparecidos del pueblo, los exilios, las cárceles. El puerto, las vías del ferrocarril, las calles de tierra, el olor a mar, los adoquines, todo en la memoria, en la memoria colectiva. Los inmigrantes que llegan al comienzo del siglo pasado, los barcos, los perseguidos políticos o por hambrunas y los mapuches; esa matanza de los pueblos que habitaban esa zona y Roca y White. Ese lugar llamado “Puerto” transformado en 1899 en “White” donde Roca agasaja a su amigo el Ingeniero White.

Todo en la memoria, en la memoria colectiva

Memoria de muchos para encarar este proyecto, contar cómo están destruyendo y matando a su gente. Memoria para no olvidar, para recordar, para contar a las futuras generaciones, tal vez para decir: Basta. Basta de contaminación. Basta de muertes.
Charlas, actualización de datos que devino en escritura. Escritura que caminó el pueblo, que sumó voces, las voces de muchos para encarar este proyecto, cada uno con su pedacito de dolor, de broncas, de llantos ¿en qué momento la escritura devino documental?
En uno de mis viajes al pueblo decido grabar la charla con algunos amigos de mi infancia: Oscar, un despedido ferroviario; Mabel. cuyo padre trabajaba en la Junta Nacional de Granos; Graciela, que recordó a los desaparecidos del pueblo. En una charla con Vicente Zito Lema le comenté que había grabado y su comentario fue: “Ese material te puede servir para escribir el libro, pero también puede servir tanto para hacer una obra de teatro como para hacer un documental, un documental puede tener mayor difusión”. Palabras que produjeron en mí un impacto y fue el momento en que decidí que iba a contar esta historia en el lenguaje audiovisual. Un documental. Devenir. Devenir documentalista, para contar, para difundir, para gritar.

Comencé a imaginarme un comienzo con fotos de aquellos atardeceres mirando el mar, imágenes de las viejas casas de chapa y madera, las calles de tierra, las casillas ferroviarias.  Un documental que se constituyera en una denuncia de la llamada “globalización” que no es otra cosa que la forma actual del capitalismo. Porque fue, justamente allí, en Ingeniero White, donde se estableció un Polo Petroquímico. Un Polo que modificó de raíz al pueblo. Un pueblo donde la vida giraba en torno al ferrocarril, el puerto y la junta Nacional de Granos. En todas las familias había empleados de esas empresas estatales. Y, tristemente, se suceden las muertes por cáncer de personas de todas las edades. Hay también trabajadores muertos por “accidentes” en las empresas. Hay muchos casos de enfermedades de la piel, problemas respiratorios. Hubo escapes de cloro y amoníaco. Nubes tóxicas que emanan de las chimeneas del Polo, fuertes olores. Grietas en las casas producto de las construcciones de los puertos de esas empresas. No es posible pescar en aguas contaminadas.

En Buenos Aires, muchos han sido los que alentaron y aportaron ideas y, también, los que me acompañaron en la soledad de las decisiones, del rumbo que iba tomando el documental, referentes en la historia construida, mis maestros, Freud, Ferenczi, Reich, los grupalistas argentinos, aquellos de los que aprendí que somos sujetos producidos históricamente, de aquellos como Reich que se preguntaba qué tipo de sujeto produce el capitalismo. Aquellos que describieron ese entramado de lo social/político/ emocional/corporal. Ulloa pensando la “cultura de la mortificación” y el maltrato de una sociedad que no ampara ni cobija.

Ingeniero White tiene una historia de lucha y es esa lucha la que quise reflejar en el documental: mostrar el caleidoscopio de acontecimientos que marcaron la vida de nuestro país y, en simultáneo, cómo fueron vividos por el pueblo, en la vida cotidiana de los whitenses y en lo singular de quien escribe.

Reflexión Final

Año tras año se difunde, en los noticieros y programas argentinos, en la fecha cercana a los 24 de marzo, una imagen de los militares argentinos entrando en una casa, símbolo del terror vivido, casa en Ingeniero White.

Ingeniero White, un pueblo que están matando       Ingeniero White, un pueblo que están matando

Símbolo del terror e instauración de un modelo, un modelo vigente. ¿Podemos pensar que esta destrucción es el estado actual del capitalismo y que la barbarie nos rodea por todos lados?

Desde su instalación e inauguración en 1981 por Martinez de Hoz todos los  gobernantes, de todos los signos políticos, siguieron apoyando a las Multinacionales. Multinacionales a las cuales no les importa ni la contaminación ni las condiciones laborales de los trabajadores. Para ellos la “seguridad” es un costo laboral más, de ésos que nuestros gobernantes dicen que se pueden no pagar para “atraer inversiones”.

Esta destrucción en este pueblo no es un hecho aislado, es la voracidad del capitalismo a nivel mundial, es lo que hacen las multinacionales con lo que alguna vez fue llamado “el patio trasero” del imperialismo. Para ellos nuestros vidas no valen nada, allá bombardean y saquean y obligan a cientos de miles a migrar, acá instalan sus empresas para hacer cosas que no podrían en sus países de origen.

Un video para reflexionar, tal vez para decir basta

Los invito a ver este documental y también a difundirlo, a que unamos nuestros gritos para dejarles bien claro a los empresarios y a sus gobernantes que, aunque nos estén matando, todavía estamos vivos.

¡Guaite, eppur si muove..! – Libro

Desde hace mucho tiempo, con la colaboración de muchos amigos, estuvimos acopiando información de la historia y su gente, de las historias de los guaitenses, de sus instituciones, personajes, actividades deportivas, etc.

   Eso dio como producto final, un informe de centenares de páginas que ahora va a quedar a disposición de toda persona interesada.

   Por un lado el Museo del Puerto ha tenido la deferencia de imprimir esta compilación y como resultado de ello, están a disposición de todos los interesados, los cinco volúmenes resultantes.

   Otro tanto va a ocurrir en breve en el Museo Ferrowhite, donde van a hacer lo propio, para disponer de la información para quien lo requiera.

La versión digital totalmente gratis se puede descargar haciendo click, en este :  enlace

o solicitándola, indicando correo  electrónico, a:

tangomias@yahoo.com.ar

La Casa del Espía Gustav Monch

Mucho antes de ser el café de Ferrowhite, La Casa del Espía era la residencia del jefe de la Usina General San Martín, ese castillo que asombra a todos los que se acercan al puerto. Fueron en realidad varios los jefes que ocuparon la Casa -desde 1932 hasta mediados de los sesenta, momento en que pasó a funcionar como una oficina administrativa-, pero uno, en particular, el que acá nos interesa. Un tal Gustav, alemán en épocas del ferrocarril inglés, en tiempos de la segunda gran guerra.

   Algunos escucharon y otros creen recordar, que un día a Gustav lo vino a buscar la policía (o la Prefectura, vaya uno a saber) y que se lo llevaron “de una oreja” quién sabe a dónde. Lo cierto es que nunca más se supo de él y desde entonces el enigma no paró de crecer: ¿Era Gustav un espía del III Reich? ¿Tenía un transmisor de radio oculto en algún lugar del castillo? ¿Reportaba desde allí a la flota de submarinos del Führer sobre los buques que partían con grano para paliar la hambruna de los aliados? Importa menos la documentada certeza de los hechos que la propia leyenda.

En el suplemento de La Nueva del día 14 de abril de 2018, el periodista Adrián Luciani, propone un artículo titulado “¿Bahía Blanca fue parte de una red de espías nazis?”, indagar sobre esta posibilidad que siempre rozó la historia con la leyenda.

Y particularmente cita dos notas publicadas en ese diario por Jorge Jordi, fundamentado por una exhaustiva investigación en base a documentación que había podido reunir sobre este interrogante.

Cuando se le preguntó – escribe Luciani – si compartía la teoría sobre el espía que operaba en el castillo como jefe de la Usina General San Martín, en White, Jordi dijo que ese hombre, , fue prisionero en Malvinas en la Primera Guerra Mundial y vino a Bahía Blanca, desde donde avisaba a Alemania de la partida de buques aliados y de su cargamento.

  ´Incluso – agregaba Jordi – el “Ussukuma”, el barco mercante (hundido frente a Necochea) que mandó a pedir el acorazado “Graf Spee” en 1939 para pasar prisioneros, cuando estuvo en White su tripulación le hizo una parada militar a Monch y el capitán le entregó un uniforme en la casa del encargado del frigorífico Pazzi, de calle Brown y Pedro Pico, que era alemán´.

 

La foto corresponde al archivo de “Ferrowhite”. ¡Muchas gracias!!

FUENTES: “ingenierowhite.com” Suplemento “La Nueva” del 14 de abril de  2018.

 

 

 

 

Guaite…eppur, si muove…

Durante el verano nuestros vecinos de Ferrowhite – museo taller nos enviaron un link con un texto complejo, prolífico y bello. Se trataba de GUAITE… EPPUR SI MUOVE, libro digital del vecino whitense, amante del tango y ex ferroviario Tino Diez.

El texto de Tino es una obra que recopila múltiples fuentes. Anécdotas personales, testimonios de vecinos, vecinas, amigos, actas de instituciones, diarios, entrevistas, textos de museos. Pero además, indaga en Wikipedia, portales web, diarios digitales. Todos estos materiales se reúnen con un afán totalizador: el texto aborda la historia de Ing. White, sí, tratando de hablar de todo. Tino arma un texto como una hechura: mezcla y combina materiales diversos, los ordena, los reescribe y diseña, eligiendo imágenes, administrando espacios y tipos de letra que le resultan apropiados. Lo que hace es inventar el soporte para la extensa historia que desea contar, donde son centrales sus memorias y afectos.

Este es un ejercicio que a su vez que Tino lleva adelante en su blog Tangomías hace muchos años. Además escribe poemas, publica en revistas especializadas de tango en California, hace columnas en medios locales, lleva adelante y colabora con programas radiales. Florentino tiene la vocación de hablar, de comunicar, de transmitir un momento de su historia personal y la de White. Frente a los cambios acelerados de los últimos tiempos, Tino pone en valor su infancia y juventud en el que la vida social, afectos y amigos, se traman con el Estado de Bienestar.

Ayer se acercó al Museo, venía a encontrarse con una versión en papel de su texto, compilado en varios tomos por el equipo del Museo del Puerto. Allí nos contó más detalles acerca de la escritura del libro: lo empezó por pedido de su amigo Luis Carbonara. El fotógrafo whitense le dijo que alguien tenía que escribir las vivencias compartidas, la historia del pueblo. Ese pedido fraternal y ese gesto de afectividad recorre toda la obra. Pero además el libro cumple una función reparadora para el mismo Tino: en el año 1996 fue despedido de su trabajo de años con el cierre del Banco Coopesur, según cuenta, en ese momento bloqueó de su mente personas y recuerdos, tuvo necesariamente que cortar gran parte del pasado “para no caer en la depresión”. Pero poco a poco empezó a escribir, ejercitar una memoria guardada, recuperar imágenes, caras, olores y datos del pasado que lo unía a otras personas de la comunidad.
Un dato no menor es la capacidad de Tino de adaptarse a los recursos del presente. Desde que tipeaba con una Olivetti en el banco a administrar un blog o editar un archivo PDF, siempre tuvo curiosidad y atención por entender las nuevas tecnologías. Aparecen también ahí sus nietos que lo ayudan, lo asesoran, le pasan sus archivos de un formato a otro.

El libro de Tino encuadernado por el equipo del museo estará disponible a partir de hoy en nuestra biblioteca, para ser hojeado, disfrutado, usado como fuente de consulta. Además se le puede pedir a Tino una versión digital –que está en permanente construcción, porque agrega datos, incluso a pedido- a este correo: tangomias@yahoo.com.ar

 

(Copiado desde el facebook del Museo del Puerto)

Un 6 de enero en que los Reyes Magos no llegaron…

Por fin estuvieron en condiciones, ajustando lo que pudieron de intentar el sueño de la casa propia. Una casa mínima, pero nuestra. Mi papá estuvo visitando a personas que habían puesto en venta casas, las condiciones de acarreo con sus posibilidades económicas, hasta que encontró una construcción de chapa galvanizada por fuera, revestida en madera machihembrada por dentro, la integraba una pieza y una cocina.

Consultó las condiciones que, luego de algunas aclaraciones y regateos, fueron aceptadas por ambas partes. Pero para sellar definitivamente la compra hubo que consultar a quien debía acarrearla – o arrastrarla – hasta su destino y las posibilidades de deterioro que se podrían presentar en relación a la mejor o menor fortaleza constructiva que presentaban. Una vez que se aseguró este aspecto por parte del acarreador, mi papá con esa hermosa letra que tenía, trasladó las condiciones establecidas al papel – un tipo de papel semejante al que usaban los escribanos para su trabajo –  y se firmaron dos ejemplares con las mismas pautas contenidas. Se convenía – mi viejo escribió “se combinan”  – la división del costo total en determinado número de cuotas que se pagarían mensualmente en el ya nombrado almacén que oficiaba como oficina gestora, la Almacén de Sclavi. Sigue leyendo

Cuando las causalidades son guaitenses

CÓRDOBA Capital
   El 6 de julio de 1573 un desobediente caballero llamado Jerónimo Luis de Cabrera decidía fundar Córdoba…

Esa osadía le valió, tiempo después, la pena de muerte. La plazoleta que lo honra, está sobre la calle 27 de abril y la estatua de 2,70 metros de altura fue realizada por el escultor local Horacio Juárez.

En el año 1992, el entonces Intendente doctor Rubén Américo Martí, instituye esta distinción que con el correr de los años se ha convertido en un sello distintivo del Gobierno de la ciudad.

Los destinatarios son referentes locales de la cultura, la salud, la educación, el periodismo, las comunidades barriales, el comercio, las empresas, las instituciones y los lazos sociales. Se entrega el 6 de julio de cada año.

La estatuilla es una réplica a escala de la escultura, que honra la memoria del Fundador Jerónimo Luis de Cabrera y está emplazada en la plazoleta homónima de Obispo Trejo esquina 27 de Abril y es obra del propio Marcelo Hepp. Sigue leyendo