Mi abuela, inmigrante italiana

por Nelda “Perlita” Borelli
_ Abuela ¿Cuéntame algo?
Y, allí dejando sus ovillos de lana en el canasto de mimbre, trabajado minuciosamente por las manos del abuelo, acomodaba su amplio delantal sobre su larga falda, que dejaba ver solamente un trocito de medias de muselina beige y acordonados zapatos negro.
Sentada en el piso de mosaicos rojos del patio, bajo la sombra del gualeguay, esperaba sus relatos que siempre tenían algo de misterio y lejanía. Con ellos viajaba imaginariamente hacia un lejano huerto, existente en las terrazas de la ladera de la montaña, donde entre el viñedo se podía encontrar alguna higuera con verdes y jugosas brevas que me hacía agua la boca. Y escuchar el machacar de los haces de lino hasta transformalos en hebras, que tejidas por sus manos en el telar, se convertían en inmaculadas telas blanqueadas al sol para ser vendidas en la feria del pueblo. Ese pueblo al que concurría de tanto en tanto, descalza para no gastar sus únicos zapatos de ir a misa.
Otras veces reía de sus ocurrencias picarescas con que sorprendía a sus amigas, en esas tardes del zurcido de las medias; como aquella donde preparó con sumo cuidado una encomienda para “Marieta”, y en su interior colocó el ratón que esa mañana había caído en la trampera.
En ocasiones mis ojos se humedecían, igual que los de ella, cuando con tristeza y gran nostalgia hablaba del gran amor hacia “sua mamma”, a la que dejó aquel día con la ilusión de regresar “dell´America”. Aún guardando celosamente las cartas recibidas, que nunca pudo leer, pues era analfabeta y sin embargo aprendió de mi mano a escribir María.
Su sabiduría era la que la vida le había impartido y esa fe inquebrantable asida a su rosario, que desgranaba cuenta a cuenta, escondido siempre en su bolsillo.
Dejó como herencia a sus hijos y nietos, la paciencia, la constancia, la comprensión, la tolerancia, la aceptación, el silencio, la alegría, la no crítica, la Fe y esas lágrimas que asomaban de sus ojos mansos cuando con un beso nos despedía.
Hoy que la vida me ha regalado nietos, ansío poder dejar en ellos, un tesoro similar grabado en sus corazones.
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