Dos familias, un destino

 

Mis abuelos Silverio Diez y Felipa García 

Dos árboles que en España
por tiempo malo, azotados,
desarraigaron…

Y aquí plantaron la entraña,
la de los Diez, los Fidalgo,
y en las ramas de los hijos,
nuevo destino forjaron.

Aunque el intento fue duro
no eludieron el trabajo,
confiados en el futuro
nunca bajaron los brazos.

Hallaron tierra y caminos;
la tierra para sembrar,
y el camino donde andar
dos familias y un destino.
Tino Diez

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Un 6 de enero en que los Reyes Magos no llegaron…

Por fin estuvieron en condiciones, ajustando lo que pudieron de intentar el sueño de la casa propia. Una casa mínima, pero nuestra. Mi papá estuvo visitando a personas que habían puesto en venta casas, las condiciones de acarreo con sus posibilidades económicas, hasta que encontró una construcción de chapa galvanizada por fuera, revestida en madera machihembrada por dentro, la integraba una pieza y una cocina.

Consultó las condiciones que, luego de algunas aclaraciones y regateos, fueron aceptadas por ambas partes. Pero para sellar definitivamente la compra hubo que consultar a quien debía acarrearla – o arrastrarla – hasta su destino y las posibilidades de deterioro que se podrían presentar en relación a la mejor o menor fortaleza constructiva que presentaban. Una vez que se aseguró este aspecto por parte del acarreador, mi papá con esa hermosa letra que tenía, trasladó las condiciones establecidas al papel – un tipo de papel semejante al que usaban los escribanos para su trabajo –  y se firmaron dos ejemplares con las mismas pautas contenidas. Se convenía – mi viejo escribió “se combinan”  – la división del costo total en determinado número de cuotas que se pagarían mensualmente en el ya nombrado almacén que oficiaba como oficina gestora, la Almacén de Sclavi. Sigue leyendo

Civilización o barbarie

(Crueldad civilizadora e insensibilidad [y prepotencia] civilizada)

Tal vez fuera un desprendimiento de los indios aimará. Muy cerca del Pacífico formaron una comunidad indígena y que tenía como base de su funcionamiento la agricultora, la caza y la pesca. El clima ecuatorial ayudaba a aliviar las necesidades, en este caso, eran casi inusuales las prendas de abrigo. Como el sitio les proporcionaba todo lo imprescindible para vivir, por naturaleza, eran pacíficos y ni consideraban la posibilidad de ser invadidos, por otras tribus y mucho menos la de ocupar otros espacios. Sigue leyendo

Yo no soy rencoroso…

alquiler_imagen_generica-jpg_258117318   Las notas del último tango se estiraban, con esfuerzo, en la voz del cantor, para provocar el aplauso final.
Un piadoso aplauso coronó la actuación del vocalista y mientras se inclinaba agradeciendo la gratitud de la gente. Con una mano señalaba al bandoneonista director y la otra, pañuelo en ristre, enjugaba la transpiración de su frente.
La gente comenzó el retiro, despaciosamente mientras los músicos del quinteto guardaban los instrumentos. El director no. Dejó el fueye sobre la silla y fue al encuentro del vocalista “¿Qué te pasa, José?, preguntó mientras ponía una de sus manos en el hombro del cantor.
   “Tengo problemas, Juan, estoy por irme a vivir con mi novia, pero como no tengo laburo, nadie me quiere salir de garante, para alquilar un departamento…
Tené paciencia, creo a todo se le puede encontrar una solución y cuando menos lo pensás, aparece algo…Vení vamos a tomar algo”.
Tal como lo dijo Juan, pasados unos días, José consiguió trabajo como ordenanza en uno de los bancos locales. Pero cuando fue a la inmobiliaria para reflotar el tema del alquiler, recibió un nuevo obstáculo. El trabajo reciente no le alcanzaba, necesitaba una antigüedad de determinado tiempo y un garante con ingresos justificados y por lo menos la misma antigüedad mínima laboral.
Y otra vez Juan, le dio la mano que necesitaba. Firmó como aval garantizando la seguridad de los pagos mensuales y contribuyendo a consolidar la vida sentimental de su cantor que no había tenido suerte en ese sentido.
José formó su nido, invitando a su maestro director y amigo a un asadito en el recién alquilado departamento.
Las actuaciones del cantor mejoraron lo mismo que su situación personal, ahora con seguridad laboral, su hogar y la satisfacción que las piezas se fueran colocando en su lugar, para ofrecerle este inmejorable presente.
Pasaron los días y los meses con normalidad.
Un día al llegar al banco, fue llamado por el gerente quien le comunicó que iba a ser trasladado a Buenos Aires a una nueva sucursal y que debía trasladarse en los próximos treinta días. El banco tenía para estos casos, departamentos para sus empleados, hasta tanto solucionaban su instalación en Buenos Aires.
En ese momento, los amigos le hicieron una comida de despedida. Hubo alegría, tangos, reconocimientos con pergaminos ad hoc y hasta algunas lágrimas.
Todo siguió su curso, ahora no con normalidad. Unos diez días después Juan era citado por la inmobiliaria, ya que su cantor había dejado varios meses sin pagar el alquiler, así como las expensas y demás servicios. Por más que intentó a través del banco donde trabajaba, comunicarse con José, no pudo hacerlo y finalmente abrumado y apremiado, solicitó y obtuvo un plan de pagos para cancelar la deuda pendiente.
Pero los caminos que recorremos son impredecibles y José, luego de algunos años en la Perla del Plata, volvió a nuestra Bahía que besa el mar. El reencuentro no fue grato entre Juan y José. Juan, recriminado a su ex cantor su actitud y el pago de lo que había dejado colgado y José, que se había separado de su pareja, diciéndole que en algún momento iba a devolverle lo que Juan había pagado. Pero al ver la suma, le cuestionó a su amigo que quería robarle lo que él no debía, ya que no era tanto lo que había dejado sin pagar. Y, enojado, dio un portazo y se fue.
Allegados comunes le aconsejaban a Juan que le iniciara una acción en la justicia, pero el músico desistió de hacerlo. Había decidido olvidar, al que supuesto era su amigo, igual que a su deuda.
Y otra vez el tiempo que pone distancia. Tal vez olvido y distanciamiento entre el director y el cantor.
Un buen día, Juan recibe un llamado de José, diciéndole que quería hablar con él. Juan tuvo un impulso de colgar el teléfono, para no rechazarlo con un insulto, pero se escuchó diciéndole: “Bueno, vení esta tarde al estudio…
La reunión, casi no fue tal. Juan pensaba que José vendría a pagar algo de lo que le debía o a decirle que por ahora no podía pagarle. Que, arrepentido, le pediría disculpas (y estaba predispuesto a hacerlo) por su acción, pero…
La llegada fue fría, un apretón (que no fue tal) de manos, y el recién llegado, comenzó a hablar: “Mirá, Juan, trabajamos muchos años juntos, fuimos amigos, ya somos viejos, no podemos estar enojados. Podríamos seguir siendo amigos, porque yo no soy rencoroso y…”
Fue todo lo que pudo aguantar, Juan, que se levantó, abrió la puerta y de un empellón lo depositó de bruces en la vereda, mordiéndose, para que volcán de insultos que le brotaba desde su interior, no se manifestara.

De (a)premios y loteros sin suerte

Hacía rato quería contar una anécdota de Fernando. Es de la época en que estaba a la tarde en la división contigua a su negocio, Mingo el sastre, que fue quién me la contó.
billetes-loteria-argentina-720x300Fernando además de jugar cotidianamente a las quinielas, compraba billetes de lotería casi todas las semanas a caballo de las visitas que hacía un muchacho, cuya familia tenía una casa de lotería. Este muchacho le traía los billetes, con los números que le pedía, y además llegaba con los extractos de las jugadas ya realizadas, para ver si los billetes que tenía don Fernando, habían sacado algún premio.
No recuerdo el sistema que regía, porque antes de su modificación, todos los premios eran extraídos, y desde el primero hasta los denominados premios consuelo que sólo amortizaban el costo del billete. Luego con el cambio, sólo se extraen los premios de pizarra y el resto se establece por progresiones (de 9 en 9 ó de 11 en 11) respecto al premio mayor.
Con Fernando trabajaba una chica muy linda, y era precisamente el motivo por el cual el muchacho de los billetes llegaba al negocio, ya que tenía intenciones de sacarse, él también, el premio mayor con Elena, tal su nombre.
Una mañana que Mingo no estaba y tampoco la empleada, don Fernando se había levantado con problemas intestinales y los respectivos gases lo tenían a mal traer. Estaba comparando los billetes con los extractos tratando de hacerlo rápido para liberarse de sus malestares. Terminada la revisión, el muchacho, viendo que no estaba a la empleada, arrolló los listados y se encaminó hacia la salida.
Sintió que era su momento, pero simultáneamente a la salida del lotero, llegó Elena y don Fernando con el proceso en marcha ordenó, de mala forma – en un intento de disimulo – a la empleada, que subiera al décimo piso, para pedirle a su señora el termo.
A la tarde, luego de abrir el negocio, don Fernando, seguía con sus problemas digestivos. Un momento después llegó la empleada, quién expresó como – no muy elegante – saludo vespertino:
Ya estuvo aquí ese asqueroso que vende lotería, es su mismo olor a podrido de esta mañana”.
Se non e vero e ven trovato.

Un viaje en tren…

472961tren-bahiaEsto ocurrió en el año 1961. Volvíamos de Necochea, habiendo realizado antes una recorrida, por Mar del Plata. Tomamos el tren en la estación Quequén y, como yo era ferroviario con pase para viajar en primera clase, nos instalamos con mi señora y mi cuñada, en la pequeña división que estaba destinada a pasajeros no fumadores. Los asientos eran confortables a pesar de la antigüedad del vagón, por lo que antes de salir y habiendo ubicado ya las valijas en el portaequipaje, recorrimos los otros dos vagones denominados pulman. Éstos eran flamantes y habían desplazados los viejos coches de segunda con asientos que eran de madera. Tanto en primera como en pulman viajaban en ese mes de mayo muy pocos pasajeros. Pero coincidimos que los nuevos vagones se presentaban como de mayor comodidad que el de primera y nos trasladamos con el equipaje a esas nuevas formas de viajar, convencidos de las bondades de esta nueva forma de viajar que superaba a los de primera clase.
El sector tenía lugar para 24 pasajeros, ya dijimos para no fumadores y nosotros estábamos sentados en un extremo, el interno. En la otra punta cerca de la puerta, un grupo de chilenos, ocho en total, se trasladaba, según pudimos escuchar, desde Balcarce a la zona de Mayor Buratovich, Hilario Ascasubi y Pedro Luro, para trabajar en la cosecha de cebollas, para llegar después a Médanos donde trabajarían en la recolección de ajos.
A poco de iniciado el viaje, empezó a recorrer el grupo, el vino que iba vaciando varias botellas. La sorpresa para nosotros era que tanto los hombres como las mujeres empinaban con fruición el jugo de uva. Abrieron un gran paquete quedó al descubierto su contenido, varios pollos asados, que iban siendo devorados, sin más cubiertos con las manos, que se iban engrasando paulatinamente, lo mismo que la parte exterior de las bocas y los cachetes. Parecía una jauría devorando su caza del día.
Mi señora, viendo la groticidad del espectáculo, tal vez por ese sexto sentido que dicen tienen las mujeres, me sugirió que cambiáramos de lugar. Me pareció que no era necesario.
Un rato después, ya el vino empezó a agitar discusiones y hubo empujones y más gritos que fue coronado con una tremenda trompada que se estrelló en uno de ellos. Hubo una ruidosa caída contra el asiento y el suelo.
La sugerencia de mi esposa se tornó imperativa, pero no logró que yo accediera, le dije: “Es un problema entre ellos”. Como subrayando mis palabras, quien había recibido el golpe, hurgaba en su valija y en su mano apareció un arma de fuego.
No recuerdo cómo, pero en décimas de segundos aparecimos los tres con nuestros bártulos, en los asientos más alejados del coche de primera y no fuimos más adelante porque ese lugar estaba ocupado por la locomotora que traccionaba aquel tren de pasajeros.

Biguá

MARZAROLI Y LA ESTACION DE SERVICIO BIGUA
Era el nombre que ostentaba la Estación de Servicio YPF frente a la Cancha de Puerto Comercial, Biguá. Cada vez que pasaba por ese sector, se renovaba la curiosidad del por qué ese nombre que parecía pertenecer a algún pueblo indígena. También lo pregunté a los muchachos que me cargaban combustible, con resultado negativo y con la promesa de consultar al propietario, señor Marzaroli, para contestarme. Por una u otra razón la respuesta no llegó y el interrogante quedó sin respuesta.
Cuando menos lo esperaba y cuando ya la estación de servicio había sido cerrada y abandonada, tuve la respuesta esperada.
Y fue en Córdoba, a bordo de una embarcación de excursión por el Lago San Roque. Biguá es un pájaro que habita en colonias a orillas de dicho lago.
Su nombre científico es Phalacrocorax olivaceus, y el nombre se debe a una leyenda guaraní relata que Biguá era un indio corpulento que habitaba con su compañera Yerutí, una modesta vivienda a orillas del Miriñay, un pequeño río de la cuenca hidrográfica del río Uruguay, que recorre unos 200 km en la provincia argentina de Corrientes.
Yerutí era codiciada por otro indio de nombre Capiberá y en ausencia de Biguá la raptó llevándosela en una piragua.
Biguá persiguió a Capiberá y le dio muerte, pero no pudo encontrar a su esposa. Había desaparecido. Recorrió la selva y el río dando voces que sólo encontraban el eco de su lastimero llamado.
Desesperado se arrojó al río, pensando que su amada había puerto en el fondo del agua. Nunca más se tuvieron noticias ni de Biguá ni se Yerutí.
Transcurrido un tiempo se vio a un ave de plumas negras que luego de sobrevolar el rancho donde vivía la pareja ausente, se internaba en la selva y se arrojaba violentamente al rio Miriñay.
Los ancianos hechiceros, sentenciaron que era Biguá – o Mbiguá – que seguía buscando a su amada.BIGUÁ
La leyenda y las características del Biguá nos fueron referidas por el guía que acompañaba la excursión lacustre, que nos dio más precisiones. Es un pájaro que habita la región subtropical, en la franja que va desde la provincia de Corrientes hasta Córdoba. Tiene un largo de alrededor de 75 centímetros, una apertura de alas de alrededor de un metro y un peso de uno o dos kilos y un pico largo, con un gancho en la punta y puntiagudo. Tiene la cola larga y un cuello en forma de “s”. Cuando adulto su pelaje es negro y suele tener un mancha de color amarillo o castaño, en la garganta.

Vuelan sobre el agua – lo vimos en el Lago San Roque – a baja altura y de pronto detienen su vuelo y se sumergen en picada. Un momento después aparecen a distancia considerable del lugar en que ingresaron al agua con un pez atravesado en su largo pico.

Luego se posan con las alas extendidas sobre los árboles, para secarlas de la zambullida. Suelen regurgitar el contenido de su comida y por ese motivo, los árboles donde habitan tienen un color grisáceo azulado. También su pesca viene acompañada de huevas que quedan en parte sobre los árboles y el resto vuelve al agua. Por eso se explica que en el lugar de las colonias de los biguás, debajo en el agua existe un criadero de peces.

Son parientes cercanos del cormorán – en realidad son la misma familia – que tienen un comportamiento parecido en su alimentación.

En la playa Joao Fernandinho, de Brasil los cormoranes tienen facilitada la alimentación debido a la forma que utilizan los pescadores artesanales para realizar la pesca diaria. A un costado de la serena playa, muy elegida por los turistas, los hombres de la pesca continúan como hace ciento de años, utilizando pequeños botes y sólo la fuerza de sus brazos para cercar y pescar sólo lo redes-de-pesca-en-plenaindispensable para la venta asegurada de cada día.
Colocan una red partiendo desde la playa se interna cientos de metros en el mar y como una “u” invertida cierra una superficie importante con otros dos tramos uno de un par de cientos y su cierre hacia la playa. En ese sitio capturan, pero sin retirarlos del agua a cientos de anchoas y otros peces, que permanecen el sitio vivos. Diariamente recorren los lugares de comida o reciben de éstos los pedidos. Así establecen la cantidad que deberán pescar, para lo cual, según la práctica, conocen la superficie que debe explorarse dentro de la otra mayor, para cumplir con los encargues recibidos.
Pero no todo es como lo realizaban sus ancestros, ya que los pedidos son recibidos por telefonía celular y los repartos realizados con camionetas refrigeradas y de los últimos modelos llegados.

Claro dentro del ámbito digamos de stock que mantienen los pescadores, los peces tienen poco lugar de desplazamiento, lo que es aprovechado por los cormoranes para elegir, casi displicente su presa, ya que si yerran en alguna tentativa, tienen objetivos a elección para su alimentación.

Muy al contrario en China, Japón y el sudeste asiático, los cormoranes son los que les proveen a los pescadores artesanales, el sustento diario. Se denomina la pesca con cormorán. La conformación física es de mayor envergadura de los habidos en Sud-América. Los asiáticos domestican y amaestran sus cormoranes y cuando lo logran les atan una cinta alrededor del cuello, lo bastante apretada para impedirles engullir a los pescados. Los llevan en sus embarcaciones y en el lugar donde saben que existe pesca los sueltan. Los pájaros se sumergen atrapando peces que no pueden tragar y los pescadores retirárselos, obligándoles a abrir el pico, lo que activa su reflejo de regurgitarlos.

Cormoran (1)Todo tiene que ver con todo. Aquí se nombran distintos lugares y el nombre de un pájaro que aporta una ilación entre ellos, pero también otra noble tarea como es la de los pescadores artesanales que, mantienen costumbres ancestrales en su tarea diaria, otros que maltratan a quien le da el sustento y en nuestro caso, los que tienen la identidad, ostentan la pertenencia y reclaman para sí el espacio ganado en nuestro Guaite.