A tus pies, bailarín…

Para el poeta y hombre de tango Tino Diez, le envío estos versos que evocan a uno de los más notables bailarines de tango…

Rostro picado de viruela
y con la crencha engrasada,
el secreto en sus pies estaba
al bailar con elegancia
y era taura su arrogancia
como un hombre de coraje
que entró de lleno al chusmaje
por su compadre prestancia…

Bohemio de estirpe rancia
nacido entre lodo y fango
figura proverbial del tango,
punto alto como nadie,
bailando entronizó un arte
con ochos, cortes, corridas
y una fama sostenida
que lo convirtió en baluarte…

En jornadas memorables
marcando su estilo a fuego
fue El Cachafaz un pionero
de nuestro tango porteño
entremezclando los sueños
del muchacho piola y rante
que en la milonga atorrante
se consagró como dueño…

Es mi homenaje señuelo
para un bohemio de lujo
y en sus pies aquel embrujo
que nunca pierde cartel
como Arolas o Gardel,
como Maglio o Filiberto
El Cachafaz no ha muerto
sí un reo baila por él.

Dedicado a un bailarín con historia Benito Ovidio Bianquet-(El Cachafaz
                            Osvaldo France

 

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Silencio, hospital…

Los silencios son insoportables.

Los pasillos de un hospital, donde la vida que llega se cruza con la vida que lucha por quedarse.

Y de pronto, con corridas como de hormigas que huyen para no ser pisoteadas, todo se llena de murmullos, entre gritos desesperados, timbreos de alarmas y  hombres y mujeres que corren ante una emergencia.

Rostros fatigados, semblantes angustiados, miradas interrogantes…

La noche parece calmarse de sonidos pero la calma no llega a esos seres que siguen esperando.

Una mamá llega con el hijo más lindo del mundo que acaba de nacer. Esta vez se produce el desborde de la tensión, en lágrimas de felicidad. La alegría del padre, de los abuelos, renueva más humedad a las pupilas de todos.

Hay un ramo de flores en la puerta de la habitación que se cierra detrás de esa eclosión de felicidad.

Junto a una puerta una parejita de adolescente desgrana interminables horas de espera y congoja. En el cartel de ese ámbito  “Unidad de cuidados intensivos  pediátricos”. Por momentos, como un paliativo a la espera creen escuchar el llanto de su hijo y sonríen plenos de dicha. Cuando el personal ingresa o se retira, espían para tratar de localizar, por el vano de la puerta y en ese pequeño instante, el nido donde es atendido. Y vuelta a aguzar el oído y desear que alguien entre – o salga – para revivir y completar la escena. Es una sensación que por más ajeno no deja de enternecer el alma de quien es testigo de esa escena de ansiedad y ternura. Sigue leyendo

Dos familias, un destino

 

Mis abuelos Silverio Diez y Felipa García 

Dos árboles que en España
por tiempo malo, azotados,
desarraigaron…

Y aquí plantaron la entraña,
la de los Diez, los Fidalgo,
y en las ramas de los hijos,
nuevo destino forjaron.

Aunque el intento fue duro
no eludieron el trabajo,
confiados en el futuro
nunca bajaron los brazos.

Hallaron tierra y caminos;
la tierra para sembrar,
y el camino donde andar
dos familias y un destino.
Tino Diez

Un 6 de enero en que los Reyes Magos no llegaron…

Por fin estuvieron en condiciones, ajustando lo que pudieron de intentar el sueño de la casa propia. Una casa mínima, pero nuestra. Mi papá estuvo visitando a personas que habían puesto en venta casas, las condiciones de acarreo con sus posibilidades económicas, hasta que encontró una construcción de chapa galvanizada por fuera, revestida en madera machihembrada por dentro, la integraba una pieza y una cocina.

Consultó las condiciones que, luego de algunas aclaraciones y regateos, fueron aceptadas por ambas partes. Pero para sellar definitivamente la compra hubo que consultar a quien debía acarrearla – o arrastrarla – hasta su destino y las posibilidades de deterioro que se podrían presentar en relación a la mejor o menor fortaleza constructiva que presentaban. Una vez que se aseguró este aspecto por parte del acarreador, mi papá con esa hermosa letra que tenía, trasladó las condiciones establecidas al papel – un tipo de papel semejante al que usaban los escribanos para su trabajo –  y se firmaron dos ejemplares con las mismas pautas contenidas. Se convenía – mi viejo escribió “se combinan”  – la división del costo total en determinado número de cuotas que se pagarían mensualmente en el ya nombrado almacén que oficiaba como oficina gestora, la Almacén de Sclavi. Sigue leyendo

Civilización o barbarie

(Crueldad civilizadora e insensibilidad [y prepotencia] civilizada)

Tal vez fuera un desprendimiento de los indios aimará. Muy cerca del Pacífico formaron una comunidad indígena y que tenía como base de su funcionamiento la agricultora, la caza y la pesca. El clima ecuatorial ayudaba a aliviar las necesidades, en este caso, eran casi inusuales las prendas de abrigo. Como el sitio les proporcionaba todo lo imprescindible para vivir, por naturaleza, eran pacíficos y ni consideraban la posibilidad de ser invadidos, por otras tribus y mucho menos la de ocupar otros espacios. Sigue leyendo

Yo no soy rencoroso…

alquiler_imagen_generica-jpg_258117318   Las notas del último tango se estiraban, con esfuerzo, en la voz del cantor, para provocar el aplauso final.
Un piadoso aplauso coronó la actuación del vocalista y mientras se inclinaba agradeciendo la gratitud de la gente. Con una mano señalaba al bandoneonista director y la otra, pañuelo en ristre, enjugaba la transpiración de su frente.
La gente comenzó el retiro, despaciosamente mientras los músicos del quinteto guardaban los instrumentos. El director no. Dejó el fueye sobre la silla y fue al encuentro del vocalista “¿Qué te pasa, José?, preguntó mientras ponía una de sus manos en el hombro del cantor.
   “Tengo problemas, Juan, estoy por irme a vivir con mi novia, pero como no tengo laburo, nadie me quiere salir de garante, para alquilar un departamento…
Tené paciencia, creo a todo se le puede encontrar una solución y cuando menos lo pensás, aparece algo…Vení vamos a tomar algo”.
Tal como lo dijo Juan, pasados unos días, José consiguió trabajo como ordenanza en uno de los bancos locales. Pero cuando fue a la inmobiliaria para reflotar el tema del alquiler, recibió un nuevo obstáculo. El trabajo reciente no le alcanzaba, necesitaba una antigüedad de determinado tiempo y un garante con ingresos justificados y por lo menos la misma antigüedad mínima laboral.
Y otra vez Juan, le dio la mano que necesitaba. Firmó como aval garantizando la seguridad de los pagos mensuales y contribuyendo a consolidar la vida sentimental de su cantor que no había tenido suerte en ese sentido.
José formó su nido, invitando a su maestro director y amigo a un asadito en el recién alquilado departamento.
Las actuaciones del cantor mejoraron lo mismo que su situación personal, ahora con seguridad laboral, su hogar y la satisfacción que las piezas se fueran colocando en su lugar, para ofrecerle este inmejorable presente.
Pasaron los días y los meses con normalidad.
Un día al llegar al banco, fue llamado por el gerente quien le comunicó que iba a ser trasladado a Buenos Aires a una nueva sucursal y que debía trasladarse en los próximos treinta días. El banco tenía para estos casos, departamentos para sus empleados, hasta tanto solucionaban su instalación en Buenos Aires.
En ese momento, los amigos le hicieron una comida de despedida. Hubo alegría, tangos, reconocimientos con pergaminos ad hoc y hasta algunas lágrimas.
Todo siguió su curso, ahora no con normalidad. Unos diez días después Juan era citado por la inmobiliaria, ya que su cantor había dejado varios meses sin pagar el alquiler, así como las expensas y demás servicios. Por más que intentó a través del banco donde trabajaba, comunicarse con José, no pudo hacerlo y finalmente abrumado y apremiado, solicitó y obtuvo un plan de pagos para cancelar la deuda pendiente.
Pero los caminos que recorremos son impredecibles y José, luego de algunos años en la Perla del Plata, volvió a nuestra Bahía que besa el mar. El reencuentro no fue grato entre Juan y José. Juan, recriminado a su ex cantor su actitud y el pago de lo que había dejado colgado y José, que se había separado de su pareja, diciéndole que en algún momento iba a devolverle lo que Juan había pagado. Pero al ver la suma, le cuestionó a su amigo que quería robarle lo que él no debía, ya que no era tanto lo que había dejado sin pagar. Y, enojado, dio un portazo y se fue.
Allegados comunes le aconsejaban a Juan que le iniciara una acción en la justicia, pero el músico desistió de hacerlo. Había decidido olvidar, al que supuesto era su amigo, igual que a su deuda.
Y otra vez el tiempo que pone distancia. Tal vez olvido y distanciamiento entre el director y el cantor.
Un buen día, Juan recibe un llamado de José, diciéndole que quería hablar con él. Juan tuvo un impulso de colgar el teléfono, para no rechazarlo con un insulto, pero se escuchó diciéndole: “Bueno, vení esta tarde al estudio…
La reunión, casi no fue tal. Juan pensaba que José vendría a pagar algo de lo que le debía o a decirle que por ahora no podía pagarle. Que, arrepentido, le pediría disculpas (y estaba predispuesto a hacerlo) por su acción, pero…
La llegada fue fría, un apretón (que no fue tal) de manos, y el recién llegado, comenzó a hablar: “Mirá, Juan, trabajamos muchos años juntos, fuimos amigos, ya somos viejos, no podemos estar enojados. Podríamos seguir siendo amigos, porque yo no soy rencoroso y…”
Fue todo lo que pudo aguantar, Juan, que se levantó, abrió la puerta y de un empellón lo depositó de bruces en la vereda, mordiéndose, para que volcán de insultos que le brotaba desde su interior, no se manifestara.

De (a)premios y loteros sin suerte

Hacía rato quería contar una anécdota de Fernando. Es de la época en que estaba a la tarde en la división contigua a su negocio, Mingo el sastre, que fue quién me la contó.
billetes-loteria-argentina-720x300Fernando además de jugar cotidianamente a las quinielas, compraba billetes de lotería casi todas las semanas a caballo de las visitas que hacía un muchacho, cuya familia tenía una casa de lotería. Este muchacho le traía los billetes, con los números que le pedía, y además llegaba con los extractos de las jugadas ya realizadas, para ver si los billetes que tenía don Fernando, habían sacado algún premio.
No recuerdo el sistema que regía, porque antes de su modificación, todos los premios eran extraídos, y desde el primero hasta los denominados premios consuelo que sólo amortizaban el costo del billete. Luego con el cambio, sólo se extraen los premios de pizarra y el resto se establece por progresiones (de 9 en 9 ó de 11 en 11) respecto al premio mayor.
Con Fernando trabajaba una chica muy linda, y era precisamente el motivo por el cual el muchacho de los billetes llegaba al negocio, ya que tenía intenciones de sacarse, él también, el premio mayor con Elena, tal su nombre.
Una mañana que Mingo no estaba y tampoco la empleada, don Fernando se había levantado con problemas intestinales y los respectivos gases lo tenían a mal traer. Estaba comparando los billetes con los extractos tratando de hacerlo rápido para liberarse de sus malestares. Terminada la revisión, el muchacho, viendo que no estaba a la empleada, arrolló los listados y se encaminó hacia la salida.
Sintió que era su momento, pero simultáneamente a la salida del lotero, llegó Elena y don Fernando con el proceso en marcha ordenó, de mala forma – en un intento de disimulo – a la empleada, que subiera al décimo piso, para pedirle a su señora el termo.
A la tarde, luego de abrir el negocio, don Fernando, seguía con sus problemas digestivos. Un momento después llegó la empleada, quién expresó como – no muy elegante – saludo vespertino:
Ya estuvo aquí ese asqueroso que vende lotería, es su mismo olor a podrido de esta mañana”.
Se non e vero e ven trovato.