Réquiem para el “Águila Blanca”

Antes del rosicler salía del puerto,
la esforzada tripulación de pescadores,
que llevaba en las redes la esperanza,
de sustanciosa pesca,
que airosa soportaba aquella lancha.

Si en calma, transcurría el mar sus olas,
o el viento se enredaba en la tormenta,
su casco soportaba los embates,
con la muñeca de timonel que, en el esfuerzo,
luchaba y demostraba su coraje.

Así, en el reitero de los días dibujaste en la ría
tantos viajes que minaron tu estructura
y una tarde te abandonó de las gaviotas,
el cortejo;
y finalmente, ancoraste tu vuelo, en dique seco.

El destino que aguardando estaba
dilatar el fin de tu trayecto,
decidió que fueras el emblema
para el Museo del Puerto.
Entonces se poblaron de recuerdos
de música y de risas, tus momentos,
tu imagen amarilla renacía
y en un mar de alegrías,
fuiste el hito inconfundible de tu puerto.

El tiempo que transcurre, inexorable,
el viento que se lleva las promesas,
la desidia, el olvido, la apatía,
sentenciaron que, en el final inmersa,
te encerraran, indolentes, entre rejas.
En el cuadro final de los finales,
hoy quedan de aquellas esperanzas,
sólo recuerdos vetustos del plumaje,
réquiem de lo que fuiste, Águila Blanca.

 

Tino Diez – Febrero de 2019.

El fútbol que yo ví, sentí y practiqué

Escribe ERNESTO LAZZATTI

Sus comienzos
En Ingeniero White, primero, siendo muy chico aprendí a darle a la pelota en el Bulevar 20. Después, del otro lado de las vías, frente a las colonias de Ferrocarril, continúe el aprendizaje.
Posteriormente, ya en Comercial, como entreala derecho de la quinta división y jugando en algún entrenamiento o, cubriendo ausencias imprevistas de otras divisiones, fui observando a los grandes que más me atraían. Martín, Santos Ursino, gran jugador y de extraordinaria personalidad. Bruno Borgheti, de juego regular y firme. Aguedo Ursino, habilidoso entreala. Pradilla, Soto, extremadamente sobrio y prolijo. Tourignan, mediocampista “de ahora”. Rossini, mi posterior compañero de ala. Agrioli, cabeceador especialista y astuto observador de defectos y virtudes futbolísticas. Isaito Romano, complemento especial de Aníbal Troncoso, uno de los mejores del fútbol bahiense, Brustia y Puyatti, distintos tipos de arqueros, igualmente eficaces.
En ese tiempo, sin ninguna duda, los equipos constituidos con buenos jugadores ofrecían espectáculos de mayor atracción y ganaban en mayor cantidad de oportunidades.
Recuerdo clásicos de Comercial y Pacífico, disputas de alto vuelo que, repetidamente, tenían que ver con el título de campeones. No por mera casualidad, sino simplemente porque, su tipo de fútbol, compuesto por jugadores que entendían el valor del bien jugar, lo aplicaban en la medida de sus posibilidades con total integridad.
El tiempo ha pasado, sin duda, pero las bases del fútbol no. Las dimensiones de las canchas son las mismas. La cantidad de jugadores no ha variado; y lo que rige es la velocidad del fútbol, es la pelota. Esa es una de las tantas cosas que aprendí jugando y observando en tantos años de fútbol. Sigue leyendo