El “quatorzieme” (decimocuarto)

Cuando la burguesía en Buenos Aires, se esforzaba por replicar en nuestra capital, la moda, las costumbres, la gastronomía y los grandes palacios de París, existía en la Ciudad Luz, una ocupación que sorprendió a los aristócratas argentinos e intentaron trasladarla, sin éxito a nuestras tierras

En la segunda parte del siglo XIX, había en los restaurantes parisinos un profesional, que hablaba los principales idiomas vigentes, refinada educación, total elegancia y educación.

El “quatorzieme” (decimocuarto) era el encargado de ser la persona 14 en una mesa o reunión o función, cuando las personas sentadas a una mesa, sumaban 13, por casualidad o por defección de algún invitado.

Se sabe que siempre existieron grupos supersticiosos que consideraba un infortunio o signo de desgracia inmediata. Sigue leyendo

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El “tuteo” ¿la llave de la Caja de Pandora?

Todas las nacionalidades y culturas tienen protocolos escritos o determinados por la educación a los cuales ceñirse para en tratamiento recíproco entre las personas.
Respetar esos conceptos en la cotidianidad de las relaciones sociales y no por razones gramaticales o de sintaxis, sino reflejando el grado de aceptación o confianza entre los interlocutores.
En sus orígenes, la idea era no tutear a las personas mayores, personas con las que no había confianza y a todos aquellos de más jerarquía. Los mayores tuteaban a los jóvenes, pero los jóvenes no tuteaban a los mayores.

El “usted” y el “tú”

Debemos hacer alguna reflexión acerca del uso del “usted” y del “tú” en nuestras conversaciones con los demás.
Utilizaremos el usted con todas aquellas personas que no conozcamos, que acaben de sernos presentadas, o que nos merezcan un especial respeto por su categoría social o profesional.
La sociedad ha evolucionado con gran rapidez, y el tuteo se ha convertido ya en algo normal en prácticamente todas las situaciones.
Aunque parezca una complicación innecesaria, la doble opción tú-usted significa una enorme riqueza del idioma. Está también el tuteo entre personas cercanas, una a una, pero que se pasa al “ustedes” cuando es plural, en lugar del “vosotros”. El caso más chusco es el del “ustedes vosotros”, pero los andaluces responsables aseguran que sólo se dice de broma.

El “voseo”

El voseo de los argentinos y colombianos es una riqueza adicional.
“Más allá de los formalismos, se trataba de una cuestión de etiqueta elemental consolidad por la costumbre (…) era casi un reflejo favorecido por el hábito y el ambiente. Todo el mundo sabía como dirigirse a unos y a otros, en qué circunstancia era lícito pasar del tú al usted y así mismo consciente del efecto favorable o desfavorable de su elección
La invasión arrolladora del tuteo ha desbaratado el viejo código. Ya no hay reglas. Hoy es tan frecuente recibir el tú de un desconocido como ver a un muchacho que tutea a un anciano.
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El Águila que venció vendavales, vencida por la desidia

Video corresponde a Ricardo N Morelli, publicado en Personajes Históricos de White

El artículo publicado en PHW  y “La Nueva Provincia”, el 23 de abril de 2006.

El águila que venció los vendavales

 “Pocas lanchas conocieron la ría como el “Aguila Blanca”. Nos salvó de trampas mortales. Nos trajo de nuevo al muelle atravesando tormentas y vendavales de los que creímos que nunca íbamos a salir. Pero lo que no consiguieron los peores vientos del mar lo lograron los de la tierra. Cuando la veo ahora, abandonada, en ruinas, se me parte el corazón.

 “La conocí poco después de cumplir diez años. Ahí, sobre la popa, yo tenía mi cucheta. Mi padre le había encargado al carpintero Manuel Blanco, uno de los mejores, que le agrandara la popa porque era chata. Y le puso un motor de 220 caballos. ¡Qué lancha! La ría le quedaba chica. (N.R. Manuel Blanco tenía su obrador sobre la calle Magallanes al 3500 y por la parte trasera del mismo, que daba a un gran baldío hasta Cabral, Lautaro e Islas Órcadas, salían hacia el puerto las lanchas que había construido o reparado).

 “La miro y aparece el rostro de mi padre con su infaltable pipa, contemplando el mar como si hablara con él. O le preguntara. Uno al mar siempre le preguntaba. Y él escondía sus secretos.

 “El ‘Aguila Blanca’ pasó a ser parte de mi vida el día que mi viejo alejó la pipa de la boca, soltó una bocanada de humo y me dijo:

 -Bueno, gualió (*), ya sabés bastante. Ahora basta de escuela, venís a bordo conmigo.

“Yo estaba en cuarto grado. Había ido hasta segundo, en Italia. En la isla de Ponza.

 “Me adapté rápido a White. Cuando llegué me dijeron ese es tu papá. Yo quería esconderme porque no conocía a aquel hombre. ¿Cómo podía ser mi papá alguien al que apenas había visto y no recordaba? Bueno, gualió, tenés que ir a la escuela, me dijo en cuanto llegué. Dos años después, la orden, serena, cambió entre una bocanada de humo y otra: Ya aprendiste bastante…

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La foto póstuma de Sarmiento

 

En 1888 Domingo Faustino Sarmiento, cuyo verdadero nombre era Faustino Valentín Quiroga Sarmiento, residía en la ciudad paraguaya de Asunción junto a su hija, Faustina, producto de una relación con una alumna chilena y era el año en que tenía decidido regresar a Buenos Aires.

Una deficiencia cardíaca provocó su muerte, cuando habían transcurrido dos horas del 11 de septiembre de 1888.

Según lo expresado por su médico, el doctor Alejandro Candelón, llegó el diplomático argentino, Martín García Merou, juntamente con el fotógrafo Manuel de San Martín. Era costumbre en esa época, retratar la imagen póstuma de las celebridades.

Los primeros intentos de obtener una imagen nítida, fracasaron, por la escasa luz en la habitación,  por lo que se decidió, mover el cadáver y sentarlo en el sillón donde habitualmente trabajaba y descansaba. La rigidez cadavérica impedía que la posición pareciera natural, por lo que lo colocaron semi acostado y cubrieron sus piernas con una manta.

“Se apoyó el brazo izquierdo, en flexión, sobre la mesita giratoria del sillón y la derecha quedó reposando sobre el muslo del mismo lado” informaba el doctor Candelón. Además, le colocaron un abanico en la mano izquierda.

Al conocerse la imagen, los periódicos, fabricaron el mito que la muerte lo había sorprendido, cuando estaba revisando sus escritos.

Esa liviana interpretación, se sigue reiterando que sólo la muerte, podía impedir que el gran sanjuanino desarrollara incansablemente su cometido.

Fuente: Diario “Clarín” del 11 de septiembre de 2018.