Lágrimas al mar (video)

 

Celestina Gómez: Un personaje guaitense. Su figura pequeña durante mucho tiempo, estaba en el balneario detrás de la Usina General San Martín.

Balneario de aguas cálidas provenientes del enfriamiento de las turbinas de la usina de electricidad que deleitaba a los guaitenses.

Celestina, concurría todos los días del año. Y detrás de sus horas en el balneario especial, hay una singular historia de amor.

De Celestina recuerdo sus ojos de un celeste impactante, en los años 50 que, cuando el rigor del tiempo, atenuaron otros atributos seguían siendo profundamente bellos.

Bajaba del tren en la estación Ingeniero White, con la horda que se dirigía al balneario detrás de la usina. Hasta los años 70, que fue las últimas veces que la vi, su apariencia lucía descuidada, con maquillaje al por mayor y al volver del balneario directamente desastrosa.

Algún proceso madurativo había quedado inconcluso en ella, ya que su familia siempre tuvo problemas con su rebeldía, sus ansias de libertad y sus pequeñas locuras que eran verdaderos dramas para los suyos.

Estaba enamorada de Raúl Vattuone, el hermano de la cantante Nelly Omar, un peculiar habitante que se dedicaba a la pesca en las amarillas lanchas pesqueras del puerto guaitense.

También alguien recordaba que intentó ser boxeador sin demasiada suerte.

Raúl había nacido sordo, por lo cual su comunicación con los demás se entorpecía, debido a la sordera que como consecuencia le provocaba dificultades para expresarse.

La relación que había comenzado juntando un “roto para un descosido” con el tiempo se deterioró y Raúl hacía lo imposible para no encontrarse con Celestina. La mujer imperturbable, lo espera en el embarcadero de los pescadores, mientras él encontraba formas para eludirla.

Por su perseverancia cerca del agua del puerto, comenzaron a llamarla “La reina del Mar” y ella estaba complacida de ese mote.

Sus últimos años, ya pasados los noventa años, transcurrieron en un hogar, donde, seguramente, la pasaba asomada al ventanal. Siempre esperando a “su” Raúl. Siempre imaginando “su” mar…

Una de las personas que la visitaba en el profesor Conrado de Lucía, ya que desde el hogar donde vivía, no se perdía ninguno de sus programas de Radio. Desacreditaba los títulos de “reinas del mar” en las elecciones de nuestro puerto y en el de Mar del Plata, diciendo que la única “Reina del Mar” era ella.

Un día nos enteramos que esa espera de la “Reina…” había llegado a su fin.

NOTA 1

Mi agradecimiento a mi amigo Eduardo Aldiser, por la impecable interpretación realizada, incorporando su calidad profesional para darle identidad a las palabras.

NOTA 2

Testigo de esta frustrada relación amorosa, entre Celestina Gómez – simplemente “Celestina” o “La Reina del Mar” – fue Alberto Molina, en ese tiempo . más o menos 1966 – un pibe, por quien Celestina, ignorada por Raúl, que vivía en una pieza de la calle Rubado – enviaba sus cartitas de amor, escritas con un lápiz de trazo grueso sobre el primer papel que encontraba Celestina. La recompensa eran unas chirolas que eran bienvenidas a los huecos bolsillos de sus pantalones cortitos.

Recuerda Alberto: “…era muy linda, siempre perfumada y con una cartera llena de lápices de labios color carmín. Siempre con tacos altos y  unos ojos muy lindos y grandes.”

Gracias, Alberto.

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