CIELITO

Bartolomé Hidalgo (1788-1822)

Pues yo siempre oí decir

que ante la ley era yo

Igual a todos los hombres.

 

Mesmamente, así pasó,

y en papeletas de molde

por todo se publicó;

pero hay dificultades

en cuanto a su ejecución.

 

Roba un gaucho unas espuelas,

o quitó algún mancarrón,

o del peso de unos medios

algún paisano alivió;

 

lo prienden, me lo enchalecan,

y en cuanto se descuidó

le limpiaron la caracha,

y de malo y saltiador

me lo tratan, y a un prisidio

lo mandan con clazador;

 

aquí la ley se cumplió, es cierto,

y de esto me alegro yo;

quien tal hizo que tal pague.

 

Vamos pues a un Señorón;

tiene una casualidad…

ya se ve.. se remedió…

Un descuido que a un cualqueira

le sucede, sí señor,

 

al principio mucha bulla,

embargo, causa, prisión,

van y vienen, van y vienen,

secretos, almiración,

¿qué declara? que es mentira,

Que él es un hombre de honor,

¿Y la mosca? No se sabe,

el Estao ya la perdió,

el preso sale a la calle

y se acaba la función.

Anuncios

El asado

Es domingo. Te bate el reglamento:
Tener bien engrasada la parrilla,
convocar con un morfi a la cuadrilla 
y retirar del carnisa el manyamiento.

Zochoris de rigor, tiras, achuras
y por si acaso la barra está con hambre
mandá a las brasas un cacho de matambre,
bancándola aunque venga mishiadura.

Lucí tu grosa busarda en musculosa,
piantá de esgunfiantes la parrilla,
acopiá el chimichurri, las morcillas
y un pañuelo anudado cubriendo la piojosa.

Manijeá lo aprendido de pendejo:
Las brasitas al rojo; minga de humo,
defender tu terreno a lo Perfumo
y mandar al joraca los consejos.

Tendrás a mano un novi bien peleón,
zochoris en agua, sal gruesa pá la nerca,
apuntarás banderón: ¡Junen que merca!,
y a los chabones poneles un sifón.

De prima un choripán punteás a cuenta,
dopo mandá chinchulines bien crocantes,
achuras, pa’saciar tanto atorrante,
chairando commeilfaut la ferramenta.

Las tiras ya embragaste en el enyante;
se contarán chistes fules, remanyados,
y vos, de castrucho bien sarpado,
rematarás con un postre vigilante.

Entre eructos atorrás a pata ancha
cuando el güiscardo da finish al manduque,
pues la barra por fin se toma el buque
rumbeando, pipones, pa’la cancha.

José María Otero