Ingeniero White, entre asombros y reliquias

miércoles, 23 de junio de 2010

Ingeniero White, un territorio pleno de sorpresas y reliquias arquitectónicas

A tan sólo 10 kilómetros de Bahía Blanca está Ingeniero White, un barrio, un puerto, un territorio pleno de historias y riqueza arquitectónica. Esta crónica propone un recorrido, con referencias, impresiones y algunas fotos, como invitación para un paseo de jornada completa.Hay antecedentes históricos muy remotos, como el paso del explorador portugués Hernando de Magallanes en 1520 y su registro de una bahía que llamó “de los bajos anegados”. Hacia 1828 el coronel Estomba, que cumplía órdenes del gobierno nacional, identifica el lugar como Puerto Esperanza, en cercanías de la Fortaleza Protectora Argentina, que es actualmente la ciudad de Bahía Blanca.
En 1833 llegan el marinos británico Robert Fitz Roy con su barco “Beagle”, que llevaba a bordo al naturalista Charles Darwin y como piloto a James “el Cojo” Harris (muy conocedor de Carmen de Patagones, donde tuvo participación en el combate de 1827, volvió, se casó y formó una familia). Los dos experimentados navegantes realizaron una minuciosa exploración y sondeo de las aguas de la bahía, determinando puntos navegables, dirección de canales, existencia de bancos y características de las costas.
El 15 de octubre de 1882 entró en el actual puerto whitense el primer vapor de ultramar; y un año después el Gobierno Nacional, con la generosidad que lo caracterizaba en relación con las empresas de capital británico, le otorgo al Ferrocarril del Sud el permiso para construcción de un muelle de carga y descarga. Estas obras se inauguraron el 26 de septiembre de 1885; y pocos años después se empiezan a construir los enormes silos de almacenamiento de granos, que completan el formidable negocio de los ingleses. El nombre de Ingeniero White, para la progresista localidad que ya en 1900 registraba 5 mil habitantes, le fue asignado como homenaje a un funcionario de la mencionada empresa ferroviaria.
Para principios de siglo el puerto y su pueblo tenían una población donde se mezclaban inmigrantes de todas las nacionalidades y los criollos, todos amalgamados en el trabajo pesado de los oficios portuarios y marítimos, y también en la formidable expansión de los ferrocarriles, que tuvo en White una de sus playas de maniobras más extensa.
La vida comercial del pueblo-puerto creció con enorme velocidad, muy pronto pulularon almacenes navales y de ramos generales, bodegones, hoteles, tiendas y casas de ropa; y, por supuesto, piringundines, cantinas bulliciosas y salones de baile para la diversión nocturna.
El estímulo intelectual y cultural se sumó con el magnífico teatro (refaccionado y en pleno funcionamiento, en nuestros días), biblioteca y sociedad de fomento, y hasta un cine (el “Jockey Club” donde la leyenda cuenta que pudo haber cantado Carlos Gardel).
Hoy la realidad de Ingeniero White es distinta. La actividad portuaria cerealera se mantiene, modernizada con la incorporación de sistemas automáticos de transporte computarizados, almacenamiento y carga; y la reciente incorporación de las industrias petroquímicas, revitalizó la región. Pero la cantidad de mano de obra ocupada se redujo sensiblemente, la paulatina clausura de los servicios ferroviarios mermó también este sector laboral, y todo el esplendor social y comercial que tuvo hasta los años 60 se redujo a una mínima expresión.
Una recorrida actual por White permite adentrarnos en la nostalgia, tomar contacto visual con elementos sobrevivientes del pasado, conocer su rica historia y profundizar vivencias.
El museo del puerto
El Museo del Puerto, creado en 1987 por iniciativa de un grupo de vecinos, es un centro comunitario ubicado en el corazón de White, en una antigua y muy bien reciclada construcción. Un edificio de chapa y madera sobre pilotes construido en 1907 por la compañía inglesa del Ferrocarril del Sud para el Resguardo de Aduana. Entre sus diez salas se cuentan ‘la peluquería’, ‘la cocina’, ‘el bar’ y ‘el aula’. Pero la labor del museo no se limita al edificio, y es precisamente el trabajo con el patrimonio natural y cultural del pueblo aquello que lo distingue.
Un documento del área cultural de la municipalidad de Bahía Blanca, que maneja el museo, sostiene que “fue creado con la convicción de la necesidad de establecer un ‘ida y vuelta’ constante entre la institución y los vecinos. Ing. White, que surgió a fines de siglo pasado como parte del proyecto modernista del progreso (capital inglés y músculos de inmigrantes), fue un pueblo con mayoría de italianos y españoles que recibió además a croatas, griegos, judíos, belgas y polacos entre otros grupos de extranjeros.”
“Es desde allí que el Museo del Puerto trabaja con la historia inmigratoria y actual de los vecinos a fin de rescatar su vida cotidiana y motivar, en particular en los visitantes de las escuelas, una percepción intensa del presente” explica el texto oficial.
El ferro White
Un poco más allá, en el predio de la desactivada Usina General San Martín, se ubica el museo de temas ferroviarios “Ferro White”, donde se exhiben maquetas, maquinarias y herramientas de los talleres de mantenimiento del ferrocarril. El lugar está atendido personalmente por viejos trabajadores ferroviarios que cuentan con gusto y anecdotario muy ameno sus historias personales.
El castillo
Pero en ese sector de Ingeniero White se impone la presencia monumental del “castillo” que durante muchos años albergó una poderosa usina termoeléctrica. El ingeniero Mario Minervino, fuente imprescindible de consulta cuando se trata de temas del patrimonio histórico urbanístico y arquitectónico de Bahía Blanca y su zona, hizo esta reseña en su sitio www.labahiaperdida.blogspot.com
“La obra fue construida por la compañía “Empresas Eléctricas de Bahía Blanca” entre 1928 y 1932, como respuesta a la exigencia del municipio de construir una nueva usina (en lugar de la que operaba en Loma Paraguaya) a esta firma de capitales italianos que tomó la concesión del servicio eléctrico que desde principios del siglo XX estaba en manos de las empresas ferroviarias inglesas (Buenos Aires al Pacífico (1907-1924) y Ferrocarril del Sud (1924-26)).A pesar de que muchos refieren a su estilo como inspirado en el gótico, sobretodo por la aparición de arcos ojivales, el mismo responde a los lineamientos de la arquitectua medieval propia del Románico lombardo, lenguaje adoptado por la Compañía Italo Argentina para sus usinas, estaciones y subestaciones, tanto en la ciudad de Buenos Aires, como Bahía Blanca, siendo una de las primeras empresas en adoptar una imagen corporativa a través de su arquitectura. A fines del siglo XIX, ese estilo era considerado como un estilo nacional en Italia.El edificio de Ingeniero White fue diseñado por el arquitecto Molinari y si bien su terminación exterior simula ser una construcción en piedra, de acuerdo a los modelos del medioevo, se trata de un revoque de varias tonalidades aplicado sobre una tradicional estructura de hormigón armado.
El Castillo de Ingeniero White se encuentra desde hace casi dos décadas en completo abandono, sin posibilidad además de ser visitados sus impactantes espacios interiores debido al mal estado general de la obra”
Uno de los detalles llamativos del Castillo es la estatua de San Jorge en lucha con el dragón, que le fue encargada al escultor italiano Troiano Troiani, que se había radicado en la Argentina en los primeros años del siglo 20 y tuvo a cargo, entre otras realizaciones, el diseño de las farolas de la Plaza del Congreso, en Buenos Aires.
Sorpresas por todas partes
Pero White es un verdadero yacimiento de piedras preciosas para el amante de la observación de la arquitectura antigua; de las construcciones de chapa típicas de la época del desarrollo ferroviario portuario; y las emblemáticas edificaciones de generosas dimensiones y detalles novedosos (para la época) que a partir de la tercera década del siglo 20 mostraban con orgullo las familias pudientes.
En una recorrida por la localidad, hace pocos días, este cronista encontró dos antiguas casonas diseñadas con estilo “art deco” (en furor desde 1920 en adelante), una sobre calle Brown (ex J. Harris) y otra en la esquina de Brown y Fiches. La dos tienen la “firma” en sus fachadas, de un tal Kurt Buska. Para intentar saber quien fue Buska, un dibujante de planos de probable origen germánico, se consultó al profesor Conrado De Lucía, polifacético vecino de Ingeniero White, licenciado en Filosofía, historiador y tanguero, conductor de un espacio en radio Nacional de Bahía Blanca, que proporcionó algunos datos valiosos.
Relató que el mencionado Buska aparece en 1945 como autor de la “Casa de la Autonomía”, en la ciudad de Punta Alta; y también identificó a los antiguos propietarios de dos viviendas de White que también salieron del tablero de dibujo del enigmático diseñador.
“Hablé largamente por teléfono con un ex whitense, el lic. en letras José Rubén Pupko, quien hace cincuenta años vivía en la planta alta del edificio de dos pisos Siches y Brown (una de las casas diseñadas por Buska), en el local de la esquina estaba la tienda de su padre, y en la casa contigua de la planta baja vivía la dueña, la señora de Enrique Lombardo, hombre adinerado –propietario, entre otros bienes, de una bodega en Mendoza, que fue quien hizo construir el edificio en cuyo frente consta “Kurt Buska Oficina Técnica”.
“En cuanto al otro gran edificio de una sola planta (ver foto), que se extiende con un frente de media cuadra, perteneció a Alejandro Dignani, quien lo hizo construir para su ferreteria “La Fama”, la primera y durante décadas la única de Ingeniero White” precisó el amable estudioso.
En suma: la propuesta de este cronista es la de visitar Ingeniero White, preferentemente un sábado o un domingo por la tarde, que es cuando los museos mencionados están abiertos al público y dejarse llevar por la nostalgia, para volver un poco al pasado glorioso del pueblo-puerto.

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El tango en la escuela

Una mañana, mi sobrina  Soledad llegó para ayudar a su hijo Baltasar, con un deber, que les había dejado su maestra de quinto sobre el tango, incluyendo parte de sus letras para encontrar el título correspondiente y otros requerimientos parecidos sobre nuestra música ciudadana. Ustedes comprenderán., la alegría que me causó que se desarrollaran estos temas en el ámbito de la escuela primaria.

EL TANGO EN LA ESCUELA

EL TANGO EN LA ESCUELA

Horas más tarde volvía mi sobrina con la invitación de la maestra para  participar con los chicos en una charla introductoria y un ida y vuelta de preguntas  relativas al tango. Casi sin dudarlo le acepté y quedé a la espera  del llamado y la concreción de ese encuentro.

La invitación llegó para este miércoles 20 de noviembre a las 15:00, cuando se iba a presentar el trabajo de investigación no convencional sobre el tango y Gardel, basado en un repaso minucioso del libro “El fantasma de Gardel Ataca al Abasto”.

Previamente escribí un mensaje, a la directora de la Escuela Presidente Sarmiento, que es la hija de un gran amigo que se fue de gira demasiado joven, Claudia Trufero, que de ella se trata, se encargó de hacerle llegar mi agradecimiento y felicitaciones, a la maestra de Quinto Año, por haber interesado a sus alumnos en el conocimiento de la música más linda que existe y que además de ser nuestro es uno de los símbolos de identidad de la argentinidad. Esta decisión coincide con un punto de vista de muchas personas, entre las que me incluyo, debería ser adoptada en todas las escuelas, en todos sus niveles, como materia oficial.

Claro que en mi entusiasmo, estaba un poco lejos de imaginar la dimensión del trabajo que había preparado la “Seño” Romina Ceccone.

Unos minutos antes llegué a la escuela que me sirvieron para conocer e intercambios unas palabras con los padres de Romina. Ya había llegado y estaban preparando los equipos mis amigos Rubén “Cacho” Vallejos, excelente cantor de tangos y Alberto Haedo, un versátil  instrumentista del bandoneón.

LA ATENCION DE LOS CHICOS

LA ATENCIÓN DE LOS CHICOS

Luego de los saludos, llegó el momento, tan esperado, pero tan nervioso. La “Seño” Romina, comenzó a contarnos, con la ayuda de sus alumnos, que historias se tejían entre un Carlos Gardel que no había muerto  y los destinos alejados del tango a los que se destinaban las calles de “su” Abasto y aquello que fue la postal de su infancia, el sostén de su carrera como cantor, el testigo de su vida artística. Resultó un paseo por la geografía del tango, pero un reclamo para que no se agravien con la banalidad y el consumismo los íconos sagrados de Buenos Aires.

Los alumnos habían construido una maqueta de cartón y cartulina, donde se destacan los principales edificios relacionados con la historia contenida en el libro y donde claramente se destaca el centro neurálgico de la vida de Carlos Gardel. Me refiero al Mercado de Abasto, donde correteó su infancia y donde se hizo cantor – el mejor – moldeando  su carácter y su personalidad.

La interacción de la docente y los alumnos, llegó a conmoverme profundamente y en tal forma que cuando llegó el momento de mi intervención, un nudo parecía oprimirme la garganta. Había preparado una ayuda memoria, que apenas pude consultar y superando el trance expliqué sobre la importancia del tango como representante nacional y me  atreví, contra algunas voces que algunas veces no estuvieron de acuerdo, a incluir al tango dentro de nuestro folklore. Podríamos decir para contemporizar que es nuestro folkore urbano.

Hablé del auge del tango hacia 1940, que asocié con la cantidad de valores musicales que aparecieron, la muerte de Gardel y la aparición del cine sonoro, del crecimiento vertiginoso de los aparatos de radio y de reproducción de discos, que le dieron un impulso inusitado a la música ciudadana.

Hice mención a los grandes que hicieron nuestro tango, músicos y cantores; a los valores locales desde Juan Carlos Marambio Catán hasta Tulio, Roberto Florís, Antonio Campos, Roberto Achával y Nora Roca.

MUCHO RESTETO. MÁXIMA ATENCION

MUCHO RESTETO. MÁXIMA ATENCIÓN

Las preguntas comenzaron a surgir de parte de  los alumnos:

¿Por qué te gusta el tango?

Creo haber contestado que por  era un tipo de música único y que por otro lado es la más linda del mundo.  Y porque además en el tango encontraremos el tema que nos inquiete. Es muy raro que una situación, de cualquier tipo que sea, no esté contemplada en la letra de uno de los millones de tangos que se encuentran registrados y los que continúan inéditos. Y cada uno de ellos no muestra la presentación del tema, su desarrollo y desenlace en sólo tres minutos

¿Desde cuándo, te gusta el tango?

Aquí hice una confesión. Cuando tenía poco más que la edad de estos niños con los que estaba conversando, el tango no me disgustaba pero que prefería al bolero. Es decir en la barra, entre todos tangueros, optaba por – y hasta creía que cantaba – boleros. Hasta que alguien me habló de Edmundo Rivero. Su voz grave, su sentimiento interpretativo y sus letras. Y me ganó.  Primero Rivero, después Troilo y Pugliese y a través de ellos todos los demás.

A tal punto era que llegaba tarde a mi trabajo ferroviario, sólo y nada más que para escuchar “El Glostora Tango Club” cada día a las 8 de la noche.

SEMBRANDO TANGOS

SEMBRANDO TANGOS

Continuando esa tarde de tango, por gentileza de la “seño” Romina, presenté con una glosa al cantor invitado, Rubén “Cacho” Vallejos y comenzó la función junto al fueye de Alberto Haedo. Algunas de sus interpretaciones fueron coreadas por los alumnos y familiares presente, como por ejemplo el tango “Por una cabeza”. Nos esperaba una grata sorpresa más, uno de los alumnos, Mateo Silenzi, se aminó a cantar – y muy bien – junto a Cacho Vallejos.

En el interín entre tango y tango, el maestro Haedo, dio nociones de iniciación en la senda de la música, mostrando como es un pentagrama y de qué manera se registran las notaciones musicales para ser  interpretadas en el  momento que corresponda.

Completando la fiesta de tango una pareja de bailarines nos mostró cómo se baila un tango y cómo se dibuja la coreografía de una milonga, que emocionó a los mayores y arrancó un gran cerrado aplauso a toda la concurrencia.

Una tarde a todo cariño, una tarde a todo tango.

CACHO Y ALBERTO EN VOZ Y FUEYE

CACHO Y ALBERTO EN VOZ Y FUEYE

¡Gracias a todos los chicos!

¡Gracias, Romina!

¡Gracias, Claudia!

¡Gracias a todos!

El Fueye – I

El argentino Emilio Sittner fabrica bandoneones, canta tangos y nos hace emocionar…

Noticia de ARGENTINA ES TANGO -España

Todo a partir  que la colega Rosa Candelas, periodista de larevista de tango “Rosas de Otoño” que edita la Asociación Ángel Villoldo, con la dirección de Juan José Minatel, enConcepción del Uruguay, Entre Ríos, Argentina, nos envía  esta nota que tiene todos los condimentos para hacernos vibrar como tangueros y emocionarnos… a ver Rosa…

“Hoy el Homenaje es para… Tomas Emilio Schlotthauer, conocido como Emilio Sittner, cantor y bandonionero, y para más datos, entrerriano de pura cepa… un tanguero de ley que dejó los fierros para convertirse en Luthier y hacerse su “fueye” propio… ¡Una maravilla!!..

-Naciste bajo el signo de Libra, un 9 de octubre de 1936. Fue en Aldea San Antonio, Departamento Gualeguaychú,Provincia de Entre Ríos, en esta Argentina. Pero cuentan los que saben que eras muy chiquito cuando partiste para la gran urbe…

¡Si!.. En 1944 dejé por primera vez Entre Ríos. Un hermano mayor se casó con una joven que no hablaba español, entonces yo fuí el “che pibe” de los mandados.

-Llegaste a Buenos Aires por los `40. Puede decirse que en plena época de oro del tango.

Es cierto. Buenos Aires comenzaba a vivir el furor del tango. Te digo más, teníamos como vecino de barrio a un joven que, según se decía, era de Urdinarrain (otro pueblo de Entre Ríos), aunque eso nunca lo pude confirmar. Era un tal Goyeneche. ¿Que tal?

-Y fueron la época de oro del tango y la vecindad con “el polaco” que te hicieron tomar la senda del  canto?

¡No!.. Ya desde muy chico cantábamos con nuestra madre, doña Carlota Sittner

-Perdona que interrumpa. Tu mamá se llamaba Carlota. Un bello nombre. Tel vez por eso tu sobrino Gustavo, el de La Aldea de Colón bautizó  con ese nombre a su hija… ¡Hermoso homenaje!.. Perdón. Seguí contando…

Te decía que en casa cantábamos con mamá. Eran canciones litúrgicas, yo, tímidamente, le hacia la segunda voz, no vayas a pensar que era un dúo (Ríe).  Acá somos dos hermanos de los seis varones y seis mujeres. Actualmente quedamos tres y tres. Ordenaditos, como son los alemanes. ¡Ahora vamos por el desempate!…

-¿Cuántos años te quedaste en Buenos Aires trabajando de “che pibe”?

Un año. Apenas un año. A los nueve pegué la vuelta y volví a Entre Ríos en tren. Solo… Doce horas de viaje, con el cruce del Paraná en el ferry. Llegué a Urdinarrain de noche, con mi valijita y peinado con jopo a la gomina. Averiguaba si para el lado de San Antonio salía algún carro, pero nada, hasta que un señor que estaba al tanto de mi necesidad ubicó a una persona que iba para ese lado. Los veinticinco kilómetros en carro por la noche fueron inolvidables.

-¿Sabían en casa que estabas regresando?

¡No!.. ¡No sabían nada!.. Hacia un año que no veía a mis padres, a mis hermanos, a mis amiguitos de la edad. El señor del carro me dejó en la puerta de mi casa y entré a la habitación de mis padres que dormían… Luego mi madre me llevó a mi pieza y me dormí…  Mis hermanos por la mañana no lo podían creer, salieron corriendo avisando a todos los chicos a los gritos, “¡¡¡Llegó Tomasito!!!.. ¡¡¡Llegó Tomasito!!!”.

-Que emotivo recuerdo…

Los que pasamos los setenta nos olvidamos de muchas cosas pero hay algunas de las que uno no se olvida jamás.

Emilio Sittner, cantor y fabricante de bandoneones de Argentina, nacido en la Provincia de Entre Ríos.-¿Y regresaste a Buenos Aires?

¡Sí!.. Pero esperá un poco. Primero nos fuimos a Villa Mantero, mi padre había abierto un negocio: Casa de Comida y Despacho de Bebidas. Una noche bajó un señor del tren con una guitarra, dijo venir de Urdinarrain, lugar en el que estaba viviendo. Entró al negocio y le pidió autorización a papá para tocar algo para los parroquianos, permiso que por supuesto obtuvo. Después supimos que ese hombre era, ni mas ni menos,Atahualpa Yupanqui.

-¡Bueno Tomás… Primero tu vecindad con el Polaco, ahora Don Atahualpa, con esos recuerdos estás prestigiando cada vez más nuestras páginas. Que bueno tenerte con nosotros. Y decime -estoy ansiosa- ¿cuando regresaste a Buenos Aires?

Recién a los diecisiete años volví. Y también fueron llegando mis hermanos menores. Tenían que ayudarme a terminar la casa para traer a los viejos. Luego con mi hermano José -recientemente fallecido en un trágico accidente, quien se estaba entrenando para cruzar por segunda vez, con sus setenta años, la Cordillera de los Ándes en bicicleta- abrimos una fábrica de herramientas de corte especiales, para los autopartistas. Nos fue bien, pero mucho sacrificio.    Y un día dijimos “¡Basta!” y vendimos. Los dos nos quedamos con algunas máquinas. Por si acaso, ¿viste? Las máquinas mías, sin haberlo siquiera pensado, me han venido muy bien para esto de fabricar bandoneones.

-Y como sigue la historia del canto, luego de las canciones litúrgicas de tu infancia?

Lo del canto lo tenia bien adentro, como algo necesario, imprescindible para sentirme pleno. Primero integré varios coros. Te cuento que soy uno de los ocho componentes fundadores del Coro de Cámara del partido deLa MatanzaGran Buenos Aires, creado por el Centro Municipal. Asimismo, hice varios cursos de verano en elTeatro Colón me han tenido como alumno de canto en la cuerda de bajo-barítono. Me gustaban las áreas del genial Giusepe Verdi. También estudie canto en el Franz Litz, con una pianista rusa llamada Rosita Zozulio, que hoy es responsable de todo lo que es canto en el Teatro Colón.

-¿Y los tangos?.. ¿Cuándo llegaron los tangos? ¿Por qué el seudónimo?

Como cantor de tangos soy uno de los tantos “peñeros” de Buenos Aires. En mis comienzos me acompañó el maestro Carlos Peralta, que en distintas etapas acompañó a Alberto Marino y a Jorge Vidal. Luego, con su conjunto de guitarrasgrabé un CD en el estudio de Roberto Álvarez, primer bandoneón de Pugliese, que hoy tiene su propia orquesta. Te cuento que de todos los hermanos soy el único que se atrevió a subir a un escenario. Canté en Esquina Pugliese de Boedo y Carlos Calvo, donde el maestro se sentaba a tomar su cafecito. En Homero Manzi de San Juan y Boedo intervine en un concurso acompañado por los guitarristas de Nely Omar. Entre nosotros, no me fue nada bien (Rie). En cuanto al seudónimo, utilicé el apellido materno porque el de papá es muy largo.

-¿Y finalmente,  como nace la idea de fabricar bandoneones?

Siempre oía decir que no se fabricaban mas “fuelles” y me dije “Si alguien lo hizo por qué no lo podría hacer yo”. Y entonces, con aquellas máquinas que me había reservado “empezó la cosa”. A eso hay que sumarle mucha paciencia y bancarse reiterados “¿¡Y… Para cuando!?”. Un día me invitaron desde Carslfeld, la cuna del bandoneón en Alemania del este, para cantar en los festivales de cada año. Al llegar comprobé que de la antigua fábrica de bandoneones quedaba solo el piso, pero por suerte se había hecho un lindo museo y una hermosa sala teatral. En la iglesia de la aldea hasta se cantan himnos con acompañamiento de bandoneones. En cuanto a la fábrica, de más de cien empleados que tenia, solo queda uno, que tuvo la amable idea de llevarnos a conocer las casas de los descendientes Arnold, que están muy ajenos al tema de los bandoneones. Los Arnold han sido los mejores constructores de bandoneones. Son los creadores de los conocidos AA (Doble A), las iniciales de Alfred Arnold.

-¡Y con todos esos ingredientes al volver de Alemania seguro te animaste!

¡Sí!.. Me animé.. La idea de hacer bandoneones la tomé como un desafío. Introduje algunas modificaciones muy interesantes. En Alemania no vi absolutamente nada novedoso en la fabricación del instrumento en cuestión. Así que tuve que agudizar mi ingenio.

-Y cuando estuvo terminado y listo para salir al ruedo, ¿qué sentiste?

Algo muy importante. Ha sido muy lindo escuchar que de mi bandoneón salía impecablemente la melodía del tango Sur. Fue en La Casa del Tango, una melodía que tengo grabada como recuerdo.

Emilio Sittner, cantante argentino de tango como afición y fabricante de  bandoneones nacidos tan alemanes, como su propio origen

Y así, con esta última y emotiva imagen de la misión cumplida, dejamos en libertad a esta singular figura. A este Cantor de Tangos y Luthier que nació en Entre Ríos y se impregnó en Buenos Aires de la música ciudadana. Pero antes de cerrar nobleza obliga. Quiero destacar que como epílogo de la nota, Tomás ha hecho una valiosísima donación a la Asociación Ángel Villoldo, nada menos que un disco de pasta de 78 rpm grabado -vaya una a saber cuando-, en los estudios Era Grand Record , placa Nº 60165.  En una de las caras de esta pieza -en cierto modo incunable-, Don Ángel Gregorio Villoldo ejecuta su guitarra y canta un tema de su autoría titulado El tachero remendón… ¡¡Gracias!! Y gracias además por tu tiempo Tomás. ¿O Emilio?

Rosa Candelas, Boletín de Tango “Rosas de otoño”, Concepción del Uruguay, Entre Ríos, Argentina

(Para solicitar la publicación, de envío gratuito, un email a boletin.tanguero@gmail.com )

Los amigos entrerrianos nos mandan de yapa a Emilio Sittner cantando…

Aquellas farras
Tango 1930
Música: Roberto Firpo
Letra: Enrique Cadícamo

Tiempos viejos y compadres
de mi vida cadenera
que ya no volverán
mis años a gozar.

Qué habrá sido de esa barra,
bravucona y trensillera,
que tanto dio que hablar
por su guapear.
Adiós, amigos de entonces,
ya estamos viejos de tanto andar.

Muchas gracias Rosa Candelas, Juanjo Minatel, Rosalía Villoldo, por remitirnos esta nota y compartir su publicación. Excelente trabajo en esa gran revista que están haciendo y que con humildad provinciana llaman “boletín”. Un abrazo desde España

El Fueye – II

Argentina Tango. Del bandoneón Doble AA al muy argentino AZ

Noticia de ARGENTINA ES TANGO – España

Era octubre de hace cuatro años, 2009, cuando contacté conÁngel y Gabriel Zullo, padre e hijo. Hoy vuelvo a ellos. Ángel Zullo, el generador de esta idea, sabe muy bien que es acunar y acariciar un bandoneón para sacarle sonidos que se convierten en tangos, valses y milongas. En los años cincuenta alternaba su pasión por el tango como bandoneonista en diversas orquestas, mientras estudiaba y comenzaba su otra carrera, la más profesional, matricero y tornero. Con los títulos conseguidos ha trabajado toda su vida en el sector aeronáutico de Argentina.

Pero siempre lo tuvo en su cabeza, hacer un bandoneón totalmente argentino, de la primera a la última pieza. Ya retirado del diario trabajo en fresas y tornos, con su hijo Gabriel, que le salió de la misma estirpe para construir cosas, se pusieron y lo hicieron todo… las matrices para cada peine y lengüeta, todas y cada una de las partes de un bandoneón… para aquellos años estaban ensamblando los primeros ejemplares y la presentación oficial fue en la Exposición de Luthería 2009,  en el Centro Nacional de la Música de Buenos AiresArgentina. Y Ángel, que había tenido de padrino nada menos que a don Héctor Varela cuando tocaba, ahora fue un paisano mío cordobés, de Balllesteros, pero criado desde siempre en la bonaerense ciudad de AvellanedaRubén Juárez, el que le dio el espaldarazo, tocando y cantando con esos sonidos nuevos que parecían llegar de la lejana Baviera alemana, pero eran bien argentinos, como todos ellos.

Imagen con el alma de un bandoneón, antes de unir las dos partes vitales con el fuelle. Es el bandoneón argentino AZ creado por Ángel Zullo, con la colaboración de su hijo Gabriel en Buenos Aires, Argentina Y ahora los novísimos bandoneones argentinos AZ van saliendo, por encargo, uno a uno, como una obra artesanal que es… bien de luthier, aunque la producción de las piezas es seriada, en sus distintos modelos. El bandoneón para su propio uso, el AZ Number One tiene los peines de bronce y lengüetas de acero; con esos metales salen los ejemplares más tangueros. Con peines de aluminio están los AZ destinados a tocar temas de nuestro folklore en general y el chamamé en particular. Queda una tercera versión con peines de zinc. Los botones blancos se fabrican con un material similar a la galatita y la afinación es la misma de un Doble AA alemán.

Cuando vemos el instrumento hecho, no podemos imaginar lo largo que fue el camino. Es Gabriel Zullo el que nos lo contó… “Antes de hacer nada, tuvimos que estudiar el instrumento a través de toda su historia y evolución. Había que saber por qué en el Siglo XIX y en el XX, desde sus inventores hasta los primeros constructores, habían elegido éste o aquel material, qué resultados les dieron, qué sería lo mejor para encarar nosotros la fabricación”.

Del alma del bandoneón nos comentó Ángel Zullo, continuador de la profesión de su familia italiana… “son las lengüetas y los peines o platinas, que de las dos maneras se llama a la pieza donde está remachada cada lengüeta. Por allí el aire comprimido que genera el fuelle, emitiendo los diferentes sonidos. Hacer esas matrices a la perfección era todo un desafío, un milímetro de más o de manos, te cambia el sonido y… chau bandoneón, que parece un tango pero sería un desastre

Así queda tgerminado un bandoneón AZ, fabricado en Buenos Aires, Argentina, por Ángel y Gabriel ZulloYa que lo tenemos a tiro le preguntamos a Don Ángel cuántas piezas tienen que fabricar y luego ensamblar para hacer un bandoneón, y nos quedamos con la boca abierta… “¿Sabe de cuantas partes se compone un bandoneón? Llegue a contar 6.044 elementos. Están incluidos las 272 voces; 272 remaches; 71 balancines; 71 teclas; 71 resortes; 32 muñequitos, que son de las teclas más agudas; dos tapas; un fuelle, que tiene 60 punteras 60 cueritos; en fin… mucho trabajo es el que lleva sacar de todo eso un instrumento musical perfecto, que dé las notas justas, tanto cuando abre como cuando cierra el fuelle

Pero como el bandoneón, sea argentino o alemán, está hecho para ser tocado para deleite de los oyentes, como ocurrió aquel 1 de octubre de 2009 en pleno centro de Buenos Aires, Méjico 564Barrio de Montserrat, donde ahora está el Centro Nacional de la Música pero antes fue la Biblioteca Nacional, en la que Jorge Luis Borges tuvo su despacho… allí, con tantos duendes revoloteando, llega la emoción al verlo a Rubén Juárez tocando por primera vez en público al Bandoneón AZ. Detrás de él, don Ángel Zullo con mirada emocionada… a su lado, Gabriel Zullo… días y años enteros de planificación, estudio, desarrollo, fabricación de las piezas, probar, volver a retocar, insistir, sacar el sonido justo de cada nota… todo esto está allí, como siempre en el tango, ante tres minutos cruciales… y Juárez va desgranando “Mi bandoneón y yo”… lo mira a Zullo diciéndole… “es genial”… sigue floreándose, hace unas introducciones alargadas para mostrar más al fuelle en toda su sonoridad, canta y parecen premonitorios esos versos suyos… “Y está de Dios que al dar mi último aliento… moriremos a un tiempo, mi bandoneón y yo”

El Fueye – III

El bandoneón del tango argentino vino de…

Noticia de ARGENTINA ES TANGO PUBLICADO EN ESPAÑA

En el siglo XIX, la iglesia de Alemania creyó conveniente que, para realizar la obra evangelizadora, se debía poner énfasis en las procesiones al compartir los cantos religiosos, incorporando acompañamientos musicales que se intentaron con los instrumentos disponibles, como la guitarra, el acordeón, la armónica etc.

El bandoneón, su nacimiento
Por Tino Díez

Por esa razón nació el bandoneón y se le adjudica a Heinrich Band (1821-1860) su invención, como un intento de crear un órgano portátil, que acompañara las peregrinaciones de la iglesia germana.   Se dice que debido a este destino de emitir música sacra, se dispuso la ubicación de las botoneras de elección de notas musicales, de tal modo que facilitara la ejecución de los músicos participantes y que algunos de los fueyeros comentan irónicamente que parece, en el caso de interpretar tangos, hubieran sido colocados de manera laberíntica adrede, para probar la digitación de nuestros músicos tangueros.

Bandoneón arrabalero, viejo fuelle abandonado... el gran instrumento del tango argentinoErnest Louis Arnold, compra la fábrica de Carl Friedrich Zimmermann, y produce los bandoneones que llevaban sus iniciales. E.L.A., que siguieron sus hijos, Ernest Hermann, primeramente y después Paul y Alfred, que abrieron una fábrica en Carisfeld, donde nace el bandoneón AA (“doble A”), que se producen junto a otros modelos A, Premier y Alfa.

También otros descendientes trataron de continuar con la empresa familiar, pero la Segunda Guerra Mundial, impidió esa iniciativa.  La fábrica fue expropiada en 1939, para ponerla al servicio bélico y luego la muerte de Paul Arnold, puso fin a la dinastía a y a la fabricación de bandoneones. Ya no fue sólo Alemania la productora de bandoneones  y se produjo en varias naciones, con luthiers minuciosos y por industrias que en el mejor de los casos, lograron buenos instrumentos, pero lejos de la prestación de los míticos germanos.

La mano izquierda zapando un bandoneón, con sones de tango argentinoEl bandoneón se hace tango

Las historias tangueras se envuelven en nebulosos senderos y el bandoneón, casi sinónimo musical de nuestra música, no podría apartarse de ese designio ancestral, y su llegada al Río de la Plata y al tango no ha podido precisarse. Los más cercano y posible determina que navegantes llegados a la  Argentina, alrededor de 1900, fueron sus portadores y llegado el momento podría haber sido cambiado por una botella de whisky, como se sugiere, con cierta ironía en los ámbitos tangueros. Lo cierto que, con toda seguridad, el rezongo del bandoneón vino a identificarse con la voz plañidera del tango para hacerlos inseparables y complementarios para siempre.

Fue así que hasta el cierre de la fábrica en Alemania, las orquestas y los músicos importaron bandoneones que fueron fundamentales en el tango que fue in crescendo inconteniblemente en la década del `30 para hacer eclosión  a partir de 1940, proliferando orquestas, cantantes, escenarios, bailes y palcos tangueros, en la genialidad de maestros como Pedro Láurenz, Aníbal Troilo, Ástor Piazzolla y tantos otros.

El luthier de Bahía Blanca, Argentina, Humberto Bruñini, que inició una saga familiar de luthiers del bandoneón, para las orquestas de tango argentinasPero no sólo el tango lo adoptó en Argentina para ejecutar sus pentagramas; la Mesopotamia, especialmente Corrientes,  lo reconoce como instrumento esencial del chamamé; Santiago del Estero, para sus chacareras y en menor medida los salteños en sus zambas.  Por parte tanto en Uruguay como en Buenos Aires, participa en los valsecitos criollos, chamarritas y milongas.

Los bandoneones que se utilizan en ambas márgenes del Río de la Plata y específicamente en el tango, tienen un aditamento numérico 38/33, que indica los registros agudos y graves respectivamente. Wikipedia agrega: “Técnicamente, el bandoneón posee botonera cuádruple, ya que cuando se abre el fuelle cada botón oprimido genera un tono y cuando se cierra el fuelle el mismo botón emite otro tono. Por lo tanto, es necesario aprender la ubicación de 71 tonos abriendo el fuelle y otros 71 cerrándolo.

Para cada botón existe un sistema de lengüetas —voces de acero remachadas a un soporte (llamado peine) de zinc, aluminio o de duraluminio (este último en los bandoneones de inferior calidad)—, similar al de la armónica. El número 142 no se refiere a la cantidad de botones (que son sólo 71 en los modelos utilizados en Uruguay y Argentina) sino al número de tonos que generan las lengüetas (free reeds)”

Olga Bruñini, heredera de la fábrica de bandoneones BB que ha funcionado en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina, Olga Bruñini, luthier bahiense ya fallecida, heredó el oficio de su padre Humberto Brunñini, junto con las herramientas y las matrices que don Bruñini había ideado y fabricado y precisa sobre los detalles que conforman al bandoneón: “¿Sabe de cuantas partes se compone un bandoneón? Llegue a contar 6.044 elementos. Están incluidos las 272 voces; 272 remaches; 71 balancines; 71 teclas; 71 resortes; 32 muñequitos, que son de las teclas más agudas; dos tapas; un fueye, que tiene 60 punteras  60 cueritos; en fin…”

Ellos durante años se dedicaron a estudiar al bandoneón y lograron la construcción de un instrumentos un poco más grande que el habitual y que, siguiendo el ejemplo alemán, denominaron “B.B.” atendiendo tal vez a su apellido, pero simbolizando, sin duda, a la ciudad e origen, Bahía Blanca.  Respecto al resultado, varios ejecutantes del  fuelle, lo consideraron un avance importante, dada la escasez de bandoneones causados por el cierre de sus fabricantes y al poderío económico. Los turistas, después de 1940, comenzaron a llevarse del país los “doble AA” existentes. Es necesario destacar que en la última década de su producción, hasta el cierre de la fábrica alemana, se importaban alrededor de cincuenta mil bandoneones por año.

Este drenaje incontenible de lo que, a pesar de su nacimiento germano, es eminentemente argentino; recién en el año 2008 tuvo un resguardo mediante la promulgación de una ley de protección de los bandoneones que quedaban en Argentina. Aunque nunca es tarde, ya se habían vendido miles de ellos al extranjero.
Fuentes:El bandoneón Por Benjamin Szvalb  – WikipediaBandoneón Argentino

El Fueye – IV

Tango argentino. Cuando el bandoneón es fuelle… y aún fueye!

Noticia de ARGENTINA ES TANGO

La falta de bandoneones en Argentina, por causas irreversibles, como el cierre de sus fábricas que impide obtener instrumentos nuevos, el avenamiento a favor del poder adquisitivo de interesados extranjeros que a pesar de las disposiciones vigentes sigue en vigor, la desaparición vegetativa de los escasísimos constructores y/o reparadores en el país, han llevado a que el incremento de la oferta y la poca cantidad de disposición para atenderla, encareciera a niveles insoportables,  los precios de los bandoneones.

Historia del bandoneón. Éxodo de bandoneones desde Argentina
Por Tino Díez

Es habitual que bandoneonistas argentinos estén rastreando aquel bandoneón que vendieran hace décadas, para tratar de recuperarlo. Como es corriente su confesión de que aquellos viejos fuelles que aun acarician en la ejecución de los tangos, adolecen de inconvenientes o problemas, que impiden su prestación al máximo de su capacidad potencial. Pero ante este panorama tan negro, parece surgir una nueva tónica, una nueva fuerza en algunos Quijotes, que procuran que el tango no muera y para ello lo promueven no sólo con la ejecución de la mejor música del mundo, sino, investigando y dando solución a todos los problemas que se presentan. Ya contamos que los primeros fueyes vinieron desde Alemania

Julio Pablo Fredes, luthier argentino de la ciudad de La Plata. Fabrica de manera artesanal bandoneones para el tangoPanorama a enfrentar

¿Faltan fuelles? ¡Hagámoslos!! Y entonces, analizan y concretan las posibilidades de hacer, y mejor si fuera posible y necesario, bandoneones argentinos. ¿Es difícil tocar el fuelle? Procuremos inculcar los conocimientos y técnicas de digitación a los niños antes de los diez años, cuando la asimilación de la enseñanza está al mayor  nivel.

¿Puede un niño, de menos de diez años, sostener y llegar a las botoneras que fueron concebidas para personas mayores? Tal vez no, pero modifiquemos lo grande e incómodo, con pequeños corrimientos de las  manijas de cuero, para que los pequeñas manos lleguen a toda la botonera. Seamos más ambiciosos, fabriquemos fuelles progresivos de dimensiones adecuadas, más pequeño, para lo cual Julio Fredes dice: “La intención es empezar con un instrumento de cuatro notas, seguir con uno de ocho, y llegar hasta el de dieciséis. Que la madurez del bandoneón sea paralela a la del aprendiz: la atención durante la clase, la psicomotricidad, el entusiasmo” y lograr las mismas prestaciones, en su momento, que los que podemos llamar instrumentos mayores.

Las opiniones de los luthiers

Olga y Humberto Bruñini, que fabricaron en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina, los bandoneones BB con el que muchos músicos interpretan el tango argentinoAlgunos conceptos de Olga Bruñini, de Bahía Blanca,Provincia de Buenos Aires, lamentablemente ya fallecida,  sobre el fuelle: (Don Humberto, su padre) “…él nos ponía a jugar con las teclas, así que aprendíamos jugando. Después comenzamos a hacer zapatillas,  balancines; yo me destacaba haciendo fueyes… ¿Qué es el fueye? Consta de tres partes. Se hace con cartón, lleva 70 cueros de napa o cabretilla, 60 tiras de cuerina cortada, que van en los lomos, tanto en la parte de adentro como en la de afuera. Después se pone papel. Lleva 144 papelitos, lleva 15 tiras de cuerina de un centímetro de espesor, depuse van 60 punteras, ocho anchas, dos marcos, y después que está hecho todo esto, recién se adhiere a la caja del bandoneón…”

Bandoneón AZ, creeado sobre la base del Doble AA alemán por Ángel Zullo, luthier de Buenos Aires, Argentina. Lo han homologado grandes intérpretes del tango argentinoSobre la afinación: Lo más importante para arreglar un bandoneón que llega a su taller desafinado: “Primero hay que sacarle los defectos. La máquina, donde van apoyadas las voces. A veces  cambiar resortes, algún balancín, hay que arreglar 200 cueritos en total, asegurar las planchuelas a los tabiques. Creo que no tiene tanta importancia la afinación, sino los defectos que hay que sacarle…”

“Los cueritos en un bandoneón o en un acordeón están para tapar las voces. Cuando el instrumento abre, suena la voz que está dentro del tabique, y cuando cierra, suena la voz que está libre; o sea que por cada voz hay un cuerito que la tapa; si ese cuerito llegara a estar doblado o levantado, cuando el aire se introduce provoca un mal sonido. Para evitar eso, hay que cambiar todos los cueritos antes de hacer una afinación…”

El pragmatismo de su padre: “Una de las tantas cosas que mi padre inventó fue la ballenita. Consiste en colocarle una ballenita a los cueros más gruesos, que son los que más ruidos hacen; porque las voces agudas llevan cueros…”   Sobre el sonido: “Para que un bandoneón suene bien, hay que fijarse que no hay pérdida de aire, que el fueye esté bien (…) que no estén torcidas las planchuelas, hay muchos detalles, la gente –y hasta algunos músicos- le hablan de una afinación brillante. Un bandoneón nunca se puede afinar brillante, sino que lleva una afinación central. Ahora, una afinación brillante se estila en los acordeones…”

Del avión al fuelle

Angel Zullo, experto en la fabricación de repuestos para la aviación, ya jubilado se ha dedicado a desarrollar su bandoneón AZ. Él mismo tocaba tango argentino en su juventud como bandoneonistaÁngel Zullo fue técnico en Aerolíneas Argentinas durante 45 años, donde construía repuestos para las aeronaves. Llegó el momento de la jubilación y entonces, familiarizado con el bandoneón, ya que integró algunas orquestas en Buenos Aires, seguramente tenía latente la necesidad de saber por qué y cómo se producía ese sonido mágico del fuelle, lo que devino en cumplir un sueño, hacer un bandoneón.

El primer intento, respetó las especificaciones del Doble A, con peines de bronce, lengüetas de acero y otros detalles, como el lustrado   “Este primero está hecho con peines de bronce, lengüetas de acero, detalles en alpaca y lustrado a goma laca”. Pero obtuvo los basamentos  para construir un segundo modelo donde  con platinas de aluminio y en el modelo final substituidas por platinas de zinc. Sus creaciones ya fueron probadas, con saldos positivos, por Néstor Marconi, Rodolfo Mederos y Rubén Juárez. Zullo, que trabaja con su hijo Gabriel, agrega que obtuvo de ellos acotaciones que le sirvieron para mejorar la prestación de “su” bandoneón: “AZ”

Queda aún mucho por contar. Me tomo un mate mirando al Atlántico y vuelvo con más historia del bandoneón en Argentina

“Acquaforte” de Juan Carlos Marambio Catán

Publicado en multiblog “Argentina es Tango” por Eduardo Aldiser

(España)

Acquaforte, hecho con tango argentino, de Juan Carlos Marambio Catán

Noticia de ARGENTINA ES TANGO

Juan Carlos Marambio Catán nació el 30 de julio de 1895, enIngeniero White – Puerto de Bahía Blanca, provincia de Buenos AiresArgentina – pero del otro lado de las vías, en el barrio del Bulevar XX, denominación que no se ha podido establecer el motivo de su origen. Y que por imperio de la presencia de una avenida costanera a la playa ferroviaria, con el nombre Boulevard Juan B. Justo ha reemplazado su anterior nombre y en algunos casos lo ha reducido a simplemente El Bulevar.
Mi paisano Juan Carlos Marambio Catán
Por Tino Díez

Juan Carlos Marambi Catán en 1933

Los habitantes de este barrio, gente laboriosa  que trabajaba en el ferrocarril, en el Ministerio de Obras Públicas, en la Junta Nacional de Granos, la estiba o la pesca. Esa era la geografía de su gente, que era exactamente igual a los pobladores de este lado de la playa ferroviaria. Esta es una distribución anterior al debacle de las empresas del estado y a su remate a la marchanta en la década del noventa. Las oportunidades de trabajo han variado y hoy es una lotería el sólo hecho de tener un trabajo, que se ha sumado la automatización de los servicios y la emigración de los recursos que las empresas producen.

A pesar de haberse alejado, casi un niño, de Bahía Blanca, tuyo en esta ciudad y en la zona una presencia activa y un contacto asiduo con payadores y cantores, como Gabino Ezeiza, por ejemplo.  Y pudo tomar conciencia de la explotación que sufría la clase baja, en especial la que realizaba el trabajo rural. Se metió en su cerebro y en su piel la rebeldía anarquista que se manifestó en alguna de sus letras. Intentó seguir la carrera militar en la Marina, en la Base Naval de Río Santiago. Evidentemente la disciplina militar  no la iba con su temperamento bohemio y su carácter trashumante de pájaro libre.

AcquaforteEl país hermano de Paraguay lo recibió para sus primeras presentaciones junto a Fernando Nunziatta y en 1915 de vuelta a Buenos Aires formó dúo con Raúl Salinas, adoptando el seudónimo “Carlos Nuñez”  y después en Mendoza se unió con Carlos Montbrun Ocampo, quien lo convenció para formar “Marambrun” para giras por la provincia de San Juan. Y llega al disco en 1924, con Alfredo Pelaia, para unirse después a Hilario Cuadros, escindido de Los Trovadores de Cuyo.

Fue un cantor nacional, sin la magnitud artística de otros como Gardel o Corsini, ya que a estas actuaciones donde cantaba música folklórica, se fueron alternando con el tango para el que aportó su arte en la orquestas deJulio de Caro, Eduardo Bianco, Juan Cruz Mateo o Augusto Pedro Berto. “Fue un auténtico difusor del cancionero nativo de carácter cuyano-pampeano, según correspondía al modelo de aquella época en que la mayoría de los cantores alternaban la música ciudadana con la de tierra adentro”. ( Wikipedia).

Recorrió países de Europa como solista a fin de la década de 1920.  Estando en Milán, una Navidad inclemente que ya había amanecido, daban vuelta en la inspiración del autor,  incentivando sus sentimientos de rebeldía anarquista, los ecos acallados del cabaret, en reposo las máscaras alegres, absorbidos tal vez por el frío y la nieve de la mañana. Como en un caleidoscopio imaginario pasaban las “pobres milongas” que dice el tango y el viejo baboso que le daba champán a aquella casi niña, que se le antojó se llamaría Lulú. Mientras levantaba las solapas del abrigo y ajustaba el pañuelo de seda al cuello, para proteger la gola, prolijamente dobló los apuntes que había garabateado. Era el embrión a lo que más tarde Horacio Pettorossi, agregaría la música,  uno de sus tangos más famosos, Acquaforte.  ¿El primer tango de protesta?

En su haber de autor se cuenta con otros títulos como El monito(dedicado al boxeador Rodríguez Jurado); Buen Amigo; Servite un amargo o una de las versiones de  El choclo. También dejó tangos, valses y otras composiciones le pertenecen tanto en música como en letra. En 1972 con el prólogo de Raúl González Tuñón, escribe su autobiografía: “El tango que yo viví: 60 años de tango”
El analgésico Geniol, en la década de 1920,  tomando como base un vals de los hermanos Gerónimo y Antonio Sureda, “Venga de donde venga”, grabó una propaganda que se hizo famosa. Alguien dijo que quien la había registrado era Carlos Gardel. Después se supo, y así lo expresó en una nota el estudioso bahiense Vicente Ciappina, en un artículo que publicó el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, que la voz  del jingle era Juan Carlos Marambio Catán y la versión propalada en las canchas de fútbol era fruto de la voz del uruguayo Carlitos Roldán, que fue cantor de Francisco Canaro.

Su labor discográfica fue importante, más allá de la falta de reediciones de sus discos que provoca una sensación de escaso número de títulos registrados y hace que sus temas son casi inconseguibles. Sus primeras grabaciones se realizaron el 26 de mayo de 1924, con la compañía Víctor, en un disco N° 77.387, con los tangos “Perjura” y “Tengo Celos”, siguiendo y alternando con guitarras u orquesta. También grabó junto aAndrés Chazarreta, en marzo de 1931, varios temas, tal vez cuatro que son casi desconocidos.

Hay un disco que dejó grabado en CBS Columbia en la década del 30, que se conoce en forma restrictiva gracias a una edición de muestra, ya que no llegó a editarse. Con el Trío Buenos Aires, que completaban Juan Cruz Mateo y Carlos Vega, llegó a lregistrar grabaciones en Europa, en 1932, en el sello Gramophone, en la gira por España, Italia y Francia

Las crónicas de los diarios reflejan una intensa labor radiofónica, que lo muestran como un artista de predicamento entre las emisoras capitalinas. Pero hay algo más, fue el intérprete que tuvo en su gola el estreno del primer tango de Enrique Santos Discépolo, en el año 1925. Se trata de Bizcochito con letra deJosé Saldías.

Fue actor con los elencos del teatro Smart, cerca de 1930 y en la gira que realizó Julio de Caro, en 1931, lo llevó como estribillista junto con Luis Díaz. Hacia los primeros años de la década del 40, con el fueye de Carlos Marcucci  y el “Lecherito” o “Vasco” Casimiro Ain, en las coreografías del baile, realizaron una extensa gira por el interior de Argentina y países de América del Sur. Intervino como actor junto a Samuel Eichelbaum, en una obra teatral en Buenos Aires, anunciando silenciosamente, era 1943, su retiro de los escenarios y palcos. Con toda su potencialidad intacta, decidió irse con toda la gloria.

Los años parecieron aquietar sus rebeldías y contemplar con un poco de benevolencia la realidad que le había tocado vivir, contemplar y sufrir. Recuperó reglas urbanas cotidianas en su comportamiento personal, su relación social y no le hizo falta, como al protagonista del tango de Discepolín, “Malevaje” el colmo del cambio: “ Ya no me falta pa` completar/ más que ir a misa e hincarme a rezar!”, porque Marambio Catán fue en sus últimos años, según algunos historiadores, devoto cristiano en los cultos católicos. Falleció en Mendoza, el 15 de febrero de 1973.

Fuentes: Horacio Ferrer – Todo Tango Wikipedia – Eduardo Aldiser – Profesor Vicente Ciappina