Yo me presento así..!

Promediando la primavera de 1935 sumé mi primer llanto, en manos de la partera doña Pepa, a la congoja que había provocado la trágica muerte de Carlos Gardel.

Mi padre, Francisco, consultó el santoral en el taco del enflaquecido almanaque que –seguramente– tenía la publicidad de “Almacén, Panadería y Carnicería ‘Del Puerto’, Sucesión de Angel Sclavi”, y desde entonces quedé registrado como Florentino. Por suerte, a poco surgió el Tino salvador.
Mi viejo había llegado desde España con papeles fraguados, para evitar ir a la guerra contra los moros, y aquí recorrió parte del país levantando cosechas, hasta poder ingresar al entonces Ferrocarril del Sud, donde trabajó hasta el año1948, fecha de su jubilación.
Mi mamá, también española, se encargó, con su escasa preparación, de educarnos a los cuatro hermanos.

Vivíamos en una casa alquilada de la calle Cabral, casi vecina a la carpintería de Mercanti. Luego mi padre compró un terreno en el loteo de las tierras que pertenecían al señor Luis A. Rocca, a quien también se debe la realización del “Mercado Rocca”, que tenía entradas por las calle Siches y por Elsegood (hoy Belgrano), donde está el vistoso edificio de dos plantas con la vivienda de su propietario en la superior.
Mi padre adquirió entonces una casa de chapa y madera, con un plan de pago que se extendía más de un año y medio, y que fue trasladada desde el Bulevar hasta nuestro terreno por el señor Borelli, quien con sus hijos se ocupaba de esta original tarea –típicamente whitense– de mudar de lugar casas enteras. Sigue leyendo

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El “quatorzieme” (decimocuarto)

Cuando la burguesía en Buenos Aires, se esforzaba por replicar en nuestra capital, la moda, las costumbres, la gastronomía y los grandes palacios de París, existía en la Ciudad Luz, una ocupación que sorprendió a los aristócratas argentinos e intentaron trasladarla, sin éxito a nuestras tierras

En la segunda parte del siglo XIX, había en los restaurantes parisinos un profesional, que hablaba los principales idiomas vigentes, refinada educación, total elegancia y educación.

El “quatorzieme” (decimocuarto) era el encargado de ser la persona 14 en una mesa o reunión o función, cuando las personas sentadas a una mesa, sumaban 13, por casualidad o por defección de algún invitado.

Se sabe que siempre existieron grupos supersticiosos que consideraba un infortunio o signo de desgracia inmediata.

En aquellos casos en que la ausencia la causaron algún demorado, al llegar el invitado que faltaba el “quatorsieme”, se retiraba discretamente, no sin antes cobrar por los servicios contratados.

El miedo al número 13 se cree que tuvo su origen en el código, dictado por el entonces Rey Hammurabi, de Babilonia en el año 1760 antes de Cristo, que lleva su nombre. En la redacción de esas normas, detalladas en forma sucesivas, por un error de traducción, saltearon al número 13 y así comenzó el augurio de mala suerte del 13.

Otra versión indica que por el ser el número siguiente al 12, que se consideraba un número perfecto – 12 meses tiene el año, y cada jornada se divide en día y noche de 12 horas cada una, las 12 de mediodía indica cuando el sol se encuentra a plomo con el lugar, etc. Al pobre 13 le tocó la mala suerte de su fama de ser imperfecto, por ubicarse detrás de un número considerado ideal.

En un comentario televisivo, relativo a las habitualidad parisinas que se trasladaban a los hábitos de la alta sociedad de la capital, relataron que tanto Lucio Norberto Mansilla como su hijo veinteañero Lucio Victorio, fueron los frustrados impulsores de la habilitación de esa actividad en nuestro medio.

Nuestros dandis, quisieron imponer esa costumbre en Buenos Aires, pero la idea francesa esta vez no prendió en los burgueses porteños.

 

El “tuteo” ¿la llave de la Caja de Pandora?

Todas las nacionalidades y culturas tienen protocolos escritos o determinados por la educación a los cuales ceñirse para en tratamiento recíproco entre las personas.
Respetar esos conceptos en la cotidianidad de las relaciones sociales y no por razones gramaticales o de sintaxis, sino reflejando el grado de aceptación o confianza entre los interlocutores.
En sus orígenes, la idea era no tutear a las personas mayores, personas con las que no había confianza y a todos aquellos de más jerarquía. Los mayores tuteaban a los jóvenes, pero los jóvenes no tuteaban a los mayores.

El “usted” y el “tú”

Debemos hacer alguna reflexión acerca del uso del “usted” y del “tú” en nuestras conversaciones con los demás.
Utilizaremos el usted con todas aquellas personas que no conozcamos, que acaben de sernos presentadas, o que nos merezcan un especial respeto por su categoría social o profesional.
La sociedad ha evolucionado con gran rapidez, y el tuteo se ha convertido ya en algo normal en prácticamente todas las situaciones.
Aunque parezca una complicación innecesaria, la doble opción tú-usted significa una enorme riqueza del idioma. Está también el tuteo entre personas cercanas, una a una, pero que se pasa al “ustedes” cuando es plural, en lugar del “vosotros”. El caso más chusco es el del “ustedes vosotros”, pero los andaluces responsables aseguran que sólo se dice de broma.

El “voseo”

El voseo de los argentinos y colombianos es una riqueza adicional.
“Más allá de los formalismos, se trataba de una cuestión de etiqueta elemental consolidad por la costumbre (…) era casi un reflejo favorecido por el hábito y el ambiente. Todo el mundo sabía como dirigirse a unos y a otros, en qué circunstancia era lícito pasar del tú al usted y así mismo consciente del efecto favorable o desfavorable de su elección
La invasión arrolladora del tuteo ha desbaratado el viejo código. Ya no hay reglas. Hoy es tan frecuente recibir el tú de un desconocido como ver a un muchacho que tutea a un anciano.

La relación perdida

En muchos hospitales, las enfermeras y no pocos de los médicos tiene por norma, dirigirse con el tú a sus pacientes (…) Los alumnos tutean a sus profesores, los empleados a sus jefes, los jefes a sus empleados, los funcionarios a los ciudadanos y los camareros a los clientes (…) Como en tantos otros órdenes de la vida hemos abolido reglas que creemos caducas sin reemplazarlas por otras. No sabemos donde están los límites, pero intuimos que debería haberlos”. (…)El tuteo no es de izquierdas ni de derechas, pero sí guarda relación con el populismo (…) con que a veces se revisten las progresistas doctrinarias tendientes a identificar lo ordinario con lo revolucionarios No reparan que un ´tu´ asestado de buenas a primeras es más clasista (´el que empieza con tuteándote acabará puteándote, reza un dicho popular´) que un cauto y respuesta ´usted´, y que uno de los mejores modos de alcanzar la igualdad es empezando a reconocer de palabra la dignidad del otro”.(José María Romera “El abuso del tuteo”)

Sobre la época medieval encontré que en Andalucía (o sea al-Andaluz), algunos personajes se hablan de una manera informal, es decir se tutean. Éstos son personajes que no se conocen, de distintos edades y estatus sociales (por ejemplo un médico mayor y un joven jornalero), y una frase, contemporánea:
“Por esto soy partidario del tuteo. Para mí. Que los otros, los pobres, me llamen Doctor. Y yo, los tuteo.”

Respeto y educación no deben llevar caminos diferentes. A los maleducados del tuteo, que no respetan el gusto ajeno, habrá que recordarles, de nuevo, el Quijote:
-A música de rebuznos, ¿qué contrapunto se habrá de llevar sino de varapalos? [N.R.: Varapalo: golpe dado con un palo o vara]
La mejor fórmula es utilizar siempre la fórmula de “usted” hasta que el propio interesado nos indique lo contrario. Y sino lo hace, debemos seguir utilizando el usted siempre que hablemos con ella.

Adolescentes y personas mayores

Hay que diferenciar a los jóvenes de las personas mayores. Entre los jóvenes está más admitido el tuteo, pero debemos esperar a que nos lo digan. Entre los mayores será fácil que no digan nada acerca del tuteo y prefieran que se les trate de usted.
Tutear no significa ser más moderno o ser más abierto, sino una considerable falta de educación e incluso de respeto, por otra persona (sobre todo cuando se trata de personas mayores).

Tratamiento entre mujeres y hombres

En este tipo de tratamiento no hay sexos, es decir, se debe tratar de usted lo mismo a una mujer que a un hombre. Ahora bien, si en otras ocasiones ya hemos obtenido “el beneplácito” de esa persona para poderla tutear, entonces podremos aplicar este tratamiento.
Por lo tanto, como hemos explicado anteriormente, evite el tuteo tanto en sus relaciones laborales como sociales, si no se le indica lo contrario. Tampoco aproveche la fórmula que nosotros hemos llamado “transitiva”; como mi amigo, familiar o conocido trata a tal persona de tu yo también por ser su amigo, familiar o conocido. No. Debe esperar a que esa persona le proponga el tuteo.

Tuteo es igual a confianza

El tuteo es una forma de trato familiar que indica confianza. El ustedeo es más formal y se emplea cuando no se conoce al interlocutor o este ocupa una posición social o profesional superior. Y también cuando ya no es joven.
Asimismo, muchos hijos políticos tutean a sus suegros con toda naturalidad, pese a la diferencia de edad. Aunque, a veces, el trato no es recíproco. Algunos padres políticos no se apean del usted porque, una vez que se tutea, ya no se pueden volver atrás. No vaya a ser que el yerno o la nuera les decepcionen. Curiosamente, entre algunos cónyuges franceses tampoco se emplea el tuteo.

La publicidad

El tuteo gana espacio en la publicidad; comenzó tímidamente en la segunda mitad de la década pasada, y siguió avanzando hasta nuestros días. En las revistas de interés general, por ejemplo, pueden llegar a practicar el tuteo más de un tercio de los anuncios de los más variados productos:“Sprinter. Tu socio” (Mercedes Benz), “Personal, de Bodegas Santa Ana. Obedécete a ti mismo”, “¿Estás sensible?” (talco Veritas), “Con o.b. no perdés nada” , “Ningún yogur te hace sentir mejor” (SanCor). Volswagen Diesel dice “Vos elegís”; Megane, de Renault, menciona uno de sus neologismos para concluir “Protor, ¿entendés” y Sony titula “La música no está lista hasta que le pongas algo tuyo”.

El voseo

En este tema, que, en realidad, es muy amplio, me ceñiré al voseo, o sea, al uso del vos en lugar del tú, que es uno de los fenómenos más característicos del español rioplatense y, también, de los más extendidos y vigentes en casi toda América hispánica. .

Hay que remontar el inicio del voseo español al siglo IV de C. En ese entonces, el empleo del vos en lugar del tú tiene un valor social de sumo respeto. Se ciñe su uso al trato con el emperador. Para su inicio, se apuntan dos causas: una, la presencia de dos emperadores, ya que el Imperio romano se había dividido; esto pudo inducir al uso del vos como una forma de incluir a ambos.

Otros señalan que el vos fue la respuesta al nos, fórmula por la cual el emperador romano se mencionaba a sí mismo, como representante del poder y cabeza de todo el imperio.

La historia

“El dramaturgo Aurelio Ferretti agonizaba esa tarde de marzo de 1963. Junto a su lecho, el actor y director Onofre Lovero asistía al desenlace inevitable. Pese a la diferencia de edad -los separaban casi veinte años- se había creado entre ambos una relación entrañable. Permanecieron en silencio un largo rato, hasta que el dramaturgo habló.-

¿Puedo pedirle un favor, Lovero?-Sí, maestro, cómo no.-¿Me permite tutearlo?

Ferretti había nacido en 1907. Pertenecía a una generación educada en los códigos del pudor. Las costumbres mandaban que a los padres se los trataba de usted y a la mujer amada se la tuteaba recién después del casamiento, y siempre y cuando no hubiera testigos a la vista.

El momento del tuteo

En todo caso, esa generación sabía bien que el tuteo llegaba con el tiempo. A veces tardaba, y a veces no llegaba nunca. El tuteo marcaba un antes y un después de toda relación. Nadie tuteaba por tutear. Sólo algunos médicos tuteaban a sus pacientes, inclusive a los más viejos; y había patronas que se pavoneaban tratando de vos a la sirvienta. En esos casos, el tuteo era ejercido como una forma de poder. En este siglo, (N.R.: Siglo XX) en que el mundo sobrevivió a dos guerras mundiales, empezaron los cambios.

Allá por el ´20

Por los años veinte, la muchachada empezó a ponerse confianzuda; el tuteo a los padres se convirtió en moneda corriente y el voseo entre los amantes, en un lugar común, por lo menos después del primer beso. Los que nacimos en la década del 30 atravesamos un tiempo de transición. No tuvimos empacho en tutear a nuestros padres, pero conservamos los pudores en el amor y en la amistad.

Nuestra adolescencia

En nuestra adolescencia, era muy común iniciar el diálogo con una niña tratándola de usted. Hasta que llegaba el momento de arriesgar el tuteo. ¬Qué momento! Todavía conservo en mi memoria el sacudón que sentí en las entrepiernas cuando en aquel cumpleaños de quince me animé a decir: ¿Querés una porción de torta, Felicitas?.

La década del ´60

En la década del 60 el trato confianzudo avanzó. El tuteo llegó a los abuelos y los jóvenes rompimos los límites más estrictos del lenguaje. Y fue bueno: se desmoronó el formalismo (…) Me contaron el caso de un físico nuclear radicado en Canadá que vivió una experiencia sumamente desagradable a fines del año.

Una anécdota

Acababa de llegar a Buenos Aires después de tres años de ausencia, e hizo lo que hacemos todos cuando viajamos. Apenas terminó de desarmar la valija, llamó a la compañía aérea para confirmar el pasaje de vuelta. Escuchó por el teléfono una insinuante voz femenina:-Hola, soy Claudia, ¿en qué puedo ayudarte? El científico se desconcertó, pero reaccionó como reacciona un hombre.-Yo sé lo que a vos te gusta, turrita. Con el uso del Excalibur, el científico fue identificado y llevado ante un juez bajo la acusación de acoso sexual. Se le explicó que había ofendido la moral de una joven decente.-No entiendo nada, señor juez. Si hace tres años una desconocida lo tuteaba de entrada en Buenos Aires, era porque quería guerra.-Está bien. Por esta vez te perdono– sentenció el juez.

El tuteo diario

En mi caso personal, las dificultades empezaron en los bares y los restaurantes. Un día advertí que la gente, hombres y mujeres, grandes y chicos, tuteaban a los mozos. Para un socialista, ese trato resultaba intolerable y me negué de plano a seguir la costumbre. Cuando mis compañeros de mesa le decían al mozo: Traeme un cortado o cobrate, yo, que a propósito me quedaba último para ordenar, remarcaba: A mí tráigame un café. Y a la hora de pagar me distanciaba con un cóbrese, por favor.

Siempre me pareció que los mozos agradecían este trato respetuoso. Y eso me hacía bien. Hasta que el mes pasado, una tardecita apacible, me instalé en un bar de la Recoleta.

El mozo, un muchacho joven, se plantó delante de mí.-Tráigame un Blender, por favor.-¿Lo querés con hielo? Desde entonces vivo encerrado. Tampoco atiendo el teléfono. Y no sé lo que me espera en el futuro. Angustiado, le conté mis padecimientos a un veterano actor, habitué de la noche porteña, y me dijo algo que me hizo estremecer.-Eso no es nada. En un restaurante de la calle Montevideo -me aseguró- hay un mozo que no sólo te tutea; además, te recibe con un beso. “. (Roberto Cossa – dramaturgo).

El ánfora de Pandora

En la mitología griega, Pandora (”llena de virtudes”) fue la primera mujer, hecha por orden de Zeus como parte de un castigo a Prometeo por haber revelado a la humanidad el secreto del fuego.
Prometeo decidió robar el fuego a los dioses y entregárselo a los hombres.
Zeus se enfureció y ordenó la creación de una mujer que fue llenada de virtudes por diferentes dioses. Hefesto la moldeó de arcilla y le dio forma; Atenea le dio su ceñidor y la engalanó. Las Gracias y la Persuasión le dieron collares, las Horas le pusieron una corona de flores y Hermes puso en su pecho mentiras, palabras seductoras y un carácter voluble.

Advertencia

Prometeo advirtió a Epimeteo de no aceptar ningún regalo de los dioses, pero Epimeteo no escuchó a su hermano y aceptó a Pandora, enamorándose de ella y finalmente tomándola como esposa.

Sin “La esperanza”

Hasta entonces, la humanidad había vivido una vida totalmente armoniosa en el mundo, pero Pandora abrió el ánfora que contenía todos los males liberando a todas las desgracias humanas (la vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen, etcétera). Pandora cerró el ánfora justo antes de que la Esperanza también saliera.

La llave del ánfora de Pandora

Algunos autores creen que una parte de las barreras morales, a guisa de llave que abrió el ánfora de Pandora, fue el uso indiscriminado del tuteo, que barrió con ese cascarón necesario, que iba desapareciendo naturalmente a medida que las relaciones humanas se acercaban, se sintonizaban y amortizaban.

Y que luego consolidado el vínculo se tornaba su protector, madurando relaciones y proporcionándoles bases sólidas.

Las jerarquías se deterioran

Y agregan que seguramente con el tuteo, llegó el debilitamiento de las jerarquías y el retroceso del respeto mutuo. Como producto final, es el desconcierto, la falta de modelos, la inseguridad y el abatimiento de las instituciones, dentro de las cuales la que más ha declinado su potestad, es la entidad de la familia.
Y comenzó una alocada carrera de falta de respeto a lugares, a mayores, a docentes, al idioma, en una escalada que, supuestamente, iba en pos de la igualdad social, lamentablemente nivelada hacia abajo.

Hipocresía o recato

La excusa era que, entre cuatro paredes, se decía y hacían cosas que no trascendían por la hipocresía de la sociedad. Seguramente no supieron entender que esa la diferencia entre hipocresía y recato. Esta última palabra seguramente que, en las actualizaciones que hace la Real Academia Española de la Lengua podría eliminarse por arcaica.

Sandrini, “boca-sucia”

Parece, risueño, recordar que en la década del sesenta (fecha en la que se estima se dio el efecto bisagra, la irrupción de modelos foráneos, el culto a escalar sin importar quien recibe nuestros pisotones), causó sorpresa y casi indignación una escena de la película “La cigarra no es un bicho”, donde el actor Luis Sandrini, dice inocentemente: “¡Qué pelotudo!

Una de guaitenses

Y volviendo en el tiempo unos años, vuelve a la memoria, una escena whitense, donde se confunden las afirmaciones de los detractores de tuteo, o voseo, y los cultores de este nuevo trato social instalado entre nosotros.
En lo que sería una cantina griega, su dueño tenía una especie de pensionado, donde hospedaba con cama y comida, especialmente a ferroviarios, que llegaban trasladados de otras ciudades y pueblos y otros que encontrándose lejos de la familia, con una pensión que les sirviera de cobijo y de descanso.
En ese lugar, cada tanto, se armaban mesas de juego, reuniendo a algunos comerciantes, tal vez al comisario o al subprefecto, quizá al cura párroco, a profesionales, médicos y abogados, de Bahía Blanca y hasta, como en esta ocasión un juez bahiense.
El patrón griego había aleccionado a sus pensionistas par que en esas ocasiones guardaran la reserva correspondientes y en lo posible que no ambularan por el salón donde se reunían. Pero tampoco podía ser muy estricto ya que esa gente pagaba y tenían derecho a permanecer en el lugar. No obstante, la arenga del amable griego, se repitió y los pensionistas estaban demasiado cansados como para no echarse bien temprano en sus camas. Casi. Uno de ellos, que ya fue objeto de un relato, “El Pulga”, medio entonado por los moscatos, quedó en un rincón del salón, tomando despaciosamente de su vaso.
Cuando ya la mesa estaba en pleno apogeo, se levantó y recorriendo el trayecto hasta el mostrador, llenó su despoblado vaso y se instaló, contemplando a los jugadores detrás del juez. El magistrado orejeaba las cartas y una vez ubicadas según la necesidad de juego, giró la cabeza, y dirigiéndose a “El Pulga”, campechanamente, mostrándole su juego, le dijo:
-¡Mire…! ¿Qué le parece, mi amigo? – y mientras el griego deseaba que lo tragara la tierra, escucharon que “El Pulga”, dándole al juez un tremendo golpe en la espalda le decía: -“¡ Y dale…!! ¡ No seas cagón…!!”

Lo relatado fue como en el caso de Sandrini, un acto inocente pero flagrante en aquel momento, en que el hecho no pasó a mayores, por la indulgencia de ese magistrado, que tomó amistosamente la expresión confianzuda del Pulga.
La relación o la interrelación exigían, respetar no sólo a los mayores, en algunos casos que considero extremos los hijos trataban de usted a los padres; sino también el tratamiento a profesionales, el médico por ejemplo; incluso a las personas adultas, aun cuando fueran menores al interlocutor.

La transición del “usted” al “vos”

Los compañeros de baile, chicas y muchachos, intercambiaban el usted en sus conversaciones. Solo después de un tiempo de coincidencias, podía surgir el tuteo, previa solicitud de permiso, para su uso. Incipientes noviazgos, no abordaban el tuteo, durante los primeros meses.

¿Demodé?

Y de pronto, coincidiendo con la irrupción de ritmos extraños, y la lucha sin cuartel contra nuestra música y costumbres, resultaba ambiguo y demodé tratar a sus pares de usted.
Y como si esa apertura, lo fuera de la demoníaca Caja de Pandora, detrás del tuteo, llegaron todas las modas de irrespetuosidad, de falta de escrúpulos, de carencia de recato, de bastardeo del vocabulario cotidiano y del orden establecido y en nombre de una libertad mal entendida, llegaron el desenfreno, los vicios y las drogas.

Tuteo indiscriminado

Y el tuteo indiscriminado, confundió mayores y menores, ancianos, pobres, ricos, alumnos, profesores, los diarios, las revistas, la radio y la televisión…
Las escasas posibilidades que tenía esta situación, para encarrilarse, fueron arrasadas por la llamada pantalla chica, promotora, cultora e inductora de todas las conductas erráticas del quehacer ciudadano. A cualquier hora la nota subida de tono, la escena procaz, el insulto gratuito. Y como dijera más arriba no tiene cabida la esperanza de cambio para mejorar. Las ilusiones de ello, fueron condenadas Pandora cerró el ánfora justo antes de que la Esperanza también saliera.

T.D.

El Águila que venció vendavales, vencida por la desidia

Video corresponde a Ricardo N Morelli, publicado en Personajes Históricos de White

El artículo publicado en PHW  y “La Nueva Provincia”, el 23 de abril de 2006.

El águila que venció los vendavales

 “Pocas lanchas conocieron la ría como el “Aguila Blanca”. Nos salvó de trampas mortales. Nos trajo de nuevo al muelle atravesando tormentas y vendavales de los que creímos que nunca íbamos a salir. Pero lo que no consiguieron los peores vientos del mar lo lograron los de la tierra. Cuando la veo ahora, abandonada, en ruinas, se me parte el corazón.

 “La conocí poco después de cumplir diez años. Ahí, sobre la popa, yo tenía mi cucheta. Mi padre le había encargado al carpintero Manuel Blanco, uno de los mejores, que le agrandara la popa porque era chata. Y le puso un motor de 220 caballos. ¡Qué lancha! La ría le quedaba chica. (N.R. Manuel Blanco tenía su obrador sobre la calle Magallanes al 3500 y por la parte trasera del mismo, que daba a un gran baldío hasta Cabral, Lautaro e Islas Órcadas, salían hacia el puerto las lanchas que había construido o reparado).

 “La miro y aparece el rostro de mi padre con su infaltable pipa, contemplando el mar como si hablara con él. O le preguntara. Uno al mar siempre le preguntaba. Y él escondía sus secretos.

 “El ‘Aguila Blanca’ pasó a ser parte de mi vida el día que mi viejo alejó la pipa de la boca, soltó una bocanada de humo y me dijo:

 -Bueno, gualió (*), ya sabés bastante. Ahora basta de escuela, venís a bordo conmigo.

“Yo estaba en cuarto grado. Había ido hasta segundo, en Italia. En la isla de Ponza.

 “Me adapté rápido a White. Cuando llegué me dijeron ese es tu papá. Yo quería esconderme porque no conocía a aquel hombre. ¿Cómo podía ser mi papá alguien al que apenas había visto y no recordaba? Bueno, gualió, tenés que ir a la escuela, me dijo en cuanto llegué. Dos años después, la orden, serena, cambió entre una bocanada de humo y otra: Ya aprendiste bastante…

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La foto póstuma de Sarmiento

 

En 1888 Domingo Faustino Sarmiento, cuyo verdadero nombre era Faustino Valentín Quiroga Sarmiento, residía en la ciudad paraguaya de Asunción junto a su hija, Faustina, producto de una relación con una alumna chilena y era el año en que tenía decidido regresar a Buenos Aires.

Una deficiencia cardíaca provocó su muerte, cuando habían transcurrido dos horas del 11 de septiembre de 1888.

Según lo expresado por su médico, el doctor Alejandro Candelón, llegó el diplomático argentino, Martín García Merou, juntamente con el fotógrafo Manuel de San Martín. Era costumbre en esa época, retratar la imagen póstuma de las celebridades.

Los primeros intentos de obtener una imagen nítida, fracasaron, por la escasa luz en la habitación,  por lo que se decidió, mover el cadáver y sentarlo en el sillón donde habitualmente trabajaba y descansaba. La rigidez cadavérica impedía que la posición pareciera natural, por lo que lo colocaron semi acostado y cubrieron sus piernas con una manta.

“Se apoyó el brazo izquierdo, en flexión, sobre la mesita giratoria del sillón y la derecha quedó reposando sobre el muslo del mismo lado” informaba el doctor Candelón. Además, le colocaron un abanico en la mano izquierda.

Al conocerse la imagen, los periódicos, fabricaron el mito que la muerte lo había sorprendido, cuando estaba revisando sus escritos.

Esa liviana interpretación, se sigue reiterando que sólo la muerte, podía impedir que el gran sanjuanino desarrollara incansablemente su cometido.

Fuente: Diario “Clarín” del 11 de septiembre de 2018.