Amor sin edad

En una playa del Atlántico sur concurrida generalmente por gente joven, donde casi todo pasa básicamente por cuestiones cuasi efímeras y superficiales, una pareja de viejitos llegaron, y plantaron sombrilla.

El un hombre octogenario, pero entero y ella una mujer, algo menor, muy maltratada por la salud o la edad, fueron caminando, tomados de la mano, a la orilla de la inmensidad del mar, él la ayudó sentarse en el oleaje incesante y ella se puso a jugar cual chico descubriendo la mar.

El hombre octogenario jugaba con ella, tirándole agua, y su mirada se perdía en la felicidad de ella mojando sus brazos con movimientos casi nulos.

En ese instante pareciera casi como un acto de magia, se detenido la playa y el mundo; la playa, el gentío y el mundo tenían sólo ojos para mirar la felicidad de esos dos ancianos, disfrutando como niños del mar, a pesar del maltrato de la edad.

Porque el amor es así, no tiene barreras, no tiene tiempos, y cuando se entromete por la cerradura de un mundo casi falto de sentimiento, alumbra todo, cual faro en el desierto; porque al fin y al cabo, todos buscamos eso: un amor atrapado en el suspenso del tiempo.

Gabi Vecchietti

Anuncios