Por qué yo?

Por qué en este mundo, en esta tierra…
por qué en este tiempo, por qué hoy…
por qué esta mente, ésta mi alma…
por qué en este cuerpo, por qué yo…?

Por qué estos miedos, los que temo?
por qué la finitud, y después yo?
qué cambiará la muerte cuando llegue?
Y al hundirme en su manto, ¿seré yo?
Estas dudas, por qué tanto me agitan?
de ser o no ser, por qué el temor?
por qué esa vaguedad, inescrutable?
por qué la realidad de este dolor?

Y llegará el olvido…
El tiempo lo instalará en el corazón…
Por siempre…
De aquéllos que me quieren
y ya nunca
volverán a sentirme como hoy…

Y mi voz, mis palabras, mis silencios
mis risas, mis caricias, mi ilusión…
mis lágrimas, mis versos, mis nostalgias,
mis ideas, mis besos, mi dolor…?

Por qué en este mundo, en esta tierra…
por qué en este tiempo, por qué hoy…
por qué esta mente, ésta mi alma…
por qué en este cuerpo, por qué yo…?

T.D. 1985

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El asado

Es domingo. Te bate el reglamento:
Tener bien engrasada la parrilla,
convocar con un morfi a la cuadrilla 
y retirar del carnisa el manyamiento.

Zochoris de rigor, tiras, achuras
y por si acaso la barra está con hambre
mandá a las brasas un cacho de matambre,
bancándola aunque venga mishiadura.

Lucí tu grosa busarda en musculosa,
piantá de esgunfiantes la parrilla,
acopiá el chimichurri, las morcillas
y un pañuelo anudado cubriendo la piojosa.

Manijeá lo aprendido de pendejo:
Las brasitas al rojo; minga de humo,
defender tu terreno a lo Perfumo
y mandar al joraca los consejos.

Tendrás a mano un novi bien peleón,
zochoris en agua, sal gruesa pá la nerca,
apuntarás banderón: ¡Junen que merca!,
y a los chabones poneles un sifón.

De prima un choripán punteás a cuenta,
dopo mandá chinchulines bien crocantes,
achuras, pa’saciar tanto atorrante,
chairando commeilfaut la ferramenta.

Las tiras ya embragaste en el enyante;
se contarán chistes fules, remanyados,
y vos, de castrucho bien sarpado,
rematarás con un postre vigilante.

Entre eructos atorrás a pata ancha
cuando el güiscardo da finish al manduque,
pues la barra por fin se toma el buque
rumbeando, pipones, pa’la cancha.

José María Otero

Las manos del rompehuelgas

(Hacer click para escuchar la versión de este poema de Miguel Otero Silva)

Manos torpes y manchadas
las manos del rompehuelgas
manos que cuando trabajan
traicionan, manos arteras,
cuyo sudor no enaltece
sino que ultrajan lo que crean.
Son las manos mas infames
las manos del rompehuelgas.
Ni las del enterrador
sucias de muerte y tierra
porque el mismo enterrador
tiene las manos honestas,
no hay otras manos más viles
como las del rompehuelgas.

Ni las manos del verdugo
oscuras de sangre ajena
ni las manos que en las carceles
manchan negras cadenas.
No hay manos que agravien tanto
como las del rompehuelgas.


Manos que cuando se alquilan,
alquilan su honor con ellas
podrido fango en las uñas
y sangre verde en las venas,
surcadas de maldiciones
las manos del rompehuelgas.

Oí decir a un anciano,
obrero de voz abuela,
mientras mostraba las manos
arrugadas de faenas,
Prefiero las manos mancas
que manos de un rompehuelgas.

El poema es del escritor venezolano Miguel Otero Silva y pertenece a su libro Agua y Cauce, poemas revolucionarios, de 1937 erróneamente se atribuyó al chileno Pablo Neruda.

Muchas gracias, Nestor “Cacho” Alende.

 

 

El “explique”

16422469_762310320598080_2533389928574114910_oPermítame que lo ubique;
los que fuimos ferroviarios
supimos de un formulario
que le llamaban “Explique”.

En él pedían que indique
desvíos de itinerarios,
o de otros errores varios.
Nos ordenaban: Explique!

Y así, según la respuesta
que dabas de explicación,
te encajaban por la testa

un llamado de atención,
o terminabas la fiesta
con días de suspensión.

Tino Diez

Dos cobres

Tal vez le parezca gringo
porque me ve en la ciudad,
pero vivo en libertad
desd´el lunes al domingo,
ningún alambrao mi pingo
sosiega en su derrotero;
nada debo al mundo entero,
sólo a mi madre la vida;
no me busca la partida,
y nunca tendrá mi cuero.

Se que´s larga la jornada
pal´que´s pion golondrina,
que los ojos se te achinan,
asoliaos en la parvada,
y se que no sirve e´nada
quejarse por el calvario
o pedir por más salario
pa´tus flacas faltriqueras;
la respuesta es la tranquera
o el hotel del comesario.

Seguís soportando males,
porque la cosa no cambia,
proseguís juntando rabia
y en tus manos cardenales.
Las penurias son iguales
como en los siglos pasados
los derechos pisoteados
y el maltrato del pión:
¡Es dueño y amo el patrón!
Nada p´al gaucho ha cambiado.
Tuve un sufrido testigo
que en su trabajo rural,
cosechaba en el maizal
y en el dorado del trigo;
soportando el desabrigo
o el fuego de los veranos
con esfuerzos sobrehumanos
fueron armando gavillas,
o sembrando las semillas,
mi viejo con sus hermanos.

De criollo no me disfrazo,
ni bailo la chacarera,
pero sigo la carrera
de mi viejo, en sus pasos,
sigo estrechando los lazos
con el paisano más pobre,
al que el gran señor, por noble
lo explota en el alquiler,
y lo mismo que fue ayer
le paga el oro, dos cobres.

Tino Diez

Mientras haya…

mientras-haya

Mientras suene mi guitarra
y haya un asao con cuero,
mientras cante la calandria
y haga su nido el hornero.
Si hay un potro y una doma
si suena un bombo legüero,
si el sol incendia la loma,
si la luna, si el lucero
pintan de gris, policroma
la pampa de Martin Fierro.

Estará Güemes en Salta
y aquellos gauchos de acero,
que como nada tenían,
su vida misma ofrecieron.
Y Belgrano, en las barrancas,
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gauchos patriotas del suelo,
bandera celeste y blanca
con los colores del cielo,
crearon para que nunca
la arríe algún extranjero.

Si, una bandera de cielo
se dibuja en el repecho,
y si la historia nos miente
tergiversando los hechos;
el gaucho con San Martín,
al godo le puso el pecho,
para vencer o morir
por la patria y por su pueblo
cuando el bronce del clarín
payador

les ordenaba “a degüeyo”.

Mientras haya un payador,
reivindicando en milonga,
la decisión soberana
que la guitarra rezonga
y el repique del tambor
en el valor de las huestes
plasmen para siempre el sol
entre lo blanco y celeste,
inmaculado el valor
de la patria independiente.

Siempre estaremos dispuestos
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para el abrazo fraterno,
para el apretón de manos,
con virtudes y defectos;
con, siempre, el deseo a cuestas
de hallar un camino cierto
consolidando un enero
los pueblos de nuestra tierra
en paz, aboliendo guerras,
ser hermanos, no extranjeros.

Tino Diez

Cautivo de enero a enero

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Caerán las hojas fugitivas,
alfombrando el amarillo suelo,
las nubes opacaran el cielo;
su canto no callarán aves cautivas.

La lluvia descarga llorosa cortina,
el alfiler del frío, la piel aguijonea,
un mendigo aterido, los charcos gambetea;
el canario en su jaula su desconsuelo trina.

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Volverá la esperanza, florida primavera,
que entibiará las almas con sus días soleados,
mientras tanto entre gorjeos y enrejados,
cantará el ruiseñor, siempre en espera.

Otra vez el verano su estaño azul derrama
ya los frutos granando, madurando las mieses
y las aves cautivas por siempre se entristecen,
ya nunca más su canto volverá rama en rama

Tino Diez