Decime, Polaco

Estoy desorientado, che Polaco,
el troley no aparece
ya no está…

Y tengo que pelear por el morlaco,
mientras la bronca crece,
y… aguantar.

Mi dignidad se perdió por el marroco,
cada vez más escaso,
al mendigar,…

Caritas surcadas por los mocos,
siguen tras mis pasos,
a cirujear.

Mi compañera, herida por el frío,
como resignada,
se ahoga con su tos…

No me queda nada. El desvarío,
¿vendrá con la alborada?
¿o saldrá el sol..?

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Tino

Carlos Casellas, integrante de la Academia del Lunfardo, destacado poeta y conferencista, pero por sobre todas las cosas amigo, ha tenido la deferencia de dedicarme este soneto que uno de los galardones más preciados para mí.

Muchas gracias, Carlos!!

 

Abuelito

Revisando entre recuerdos
encontré tuya, una carta,
rebosante de cariño
y ternura en tus palabras.

Con reproches tan mimosos
diciéndome que me extrañas,
no pude ir a esa fiesta
que, para verme esperabas.

Queda en espera el momento
para volver a encontrarnos,
acompañando tu escrito
con nubes del pelo blanco.

T.D. 30/3/2018

Dos familias, un destino

 

Mis abuelos Silverio Diez y Felipa García 

Dos árboles que en España
por tiempo malo, azotados,
desarraigaron…

Y aquí plantaron la entraña,
la de los Diez, los Fidalgo,
y en las ramas de los hijos,
nuevo destino forjaron.

Aunque el intento fue duro
no eludieron el trabajo,
confiados en el futuro
nunca bajaron los brazos.

Hallaron tierra y caminos;
la tierra para sembrar,
y el camino donde andar
dos familias y un destino.
Tino Diez

Un jubilado no confía

un jubilado no confía en el despertador
se acuesta, gime huesos y padece quimeras

me digo
mañana, qué palabra remota

y sin embargo hoy la radio habla de mí
son voces y argucias embustes y dobleces
pero habla de mí

alcanzo a escucharla entrepenas
y me digo
todo lo que tengo es lo que fui

míralo a él
cree que duermo
y vacila en el marco de la puerta
dudando de mis ojos cerrados
(me conoce por las bufonadas de tantos ayeres)

pero este padre suyo ahora es otro
no aquel
no yo
hoy soy apenas lo que fui

por su apuro joven
posterga para mañana y se marcha
acaso piensa que al amanecer
todo estará en el mismo sitio

mi cama, mis vestigios y el cuadro de Comercial campeón

no lo culpo
nunca le hablé de mañana
mi palabra pretérita
ni de cuánto supe usarla
hasta que se la birlaron

jamás cedería si tuviera mañanas
en un puño

pero solo y rendido
boca arriba
presiento el reflejo amarillo aceitoso en la frente
por el manto de luz que se apaga
lánguido como la supervivencia

día o noche da lo mismo
mis vacíos no

esos no dan lo mismo

son últimas vueltas
en un cuadrante negro
plagado de olvidos que se eternizan

como este olor acre de dormitorio
tan parecido al de mis abuelos
aroma a flores de cardo
crepusculares ellas, atardecido yo

semejante plenitud efímera del sepia
desplomando
abandonos como cualquier otoño

cuando te jubilás te morís
decía el Flaco, te morís
y se murió
y ahora pasa su silueta fantasmal
opacando la voz de esa radio
que insiste en hablarme de mañana

qué me importa.

Jorge Lozano Ángel

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El asado

Es domingo. Te bate el reglamento:
Tener bien engrasada la parrilla,
convocar con un morfi a la cuadrilla 
y retirar del carnisa el manyamiento.

Zochoris de rigor, tiras, achuras
y por si acaso la barra está con hambre
mandá a las brasas un cacho de matambre,
bancándola aunque venga mishiadura.

Lucí tu grosa busarda en musculosa,
piantá de esgunfiantes la parrilla,
acopiá el chimichurri, las morcillas
y un pañuelo anudado cubriendo la piojosa.

Manijeá lo aprendido de pendejo:
Las brasitas al rojo; minga de humo,
defender tu terreno a lo Perfumo
y mandar al joraca los consejos.

Tendrás a mano un novi bien peleón,
zochoris en agua, sal gruesa pá la nerca,
apuntarás banderón: ¡Junen que merca!,
y a los chabones poneles un sifón.

De prima un choripán punteás a cuenta,
dopo mandá chinchulines bien crocantes,
achuras, pa’saciar tanto atorrante,
chairando commeilfaut la ferramenta.

Las tiras ya embragaste en el enyante;
se contarán chistes fules, remanyados,
y vos, de castrucho bien sarpado,
rematarás con un postre vigilante.

Entre eructos atorrás a pata ancha
cuando el güiscardo da finish al manduque,
pues la barra por fin se toma el buque
rumbeando, pipones, pa’la cancha.

José María Otero