El asado

Es domingo. Te bate el reglamento:
Tener bien engrasada la parrilla,
convocar con un morfi a la cuadrilla 
y retirar del carnisa el manyamiento.

Zochoris de rigor, tiras, achuras
y por si acaso la barra está con hambre
mandá a las brasas un cacho de matambre,
bancándola aunque venga mishiadura.

Lucí tu grosa busarda en musculosa,
piantá de esgunfiantes la parrilla,
acopiá el chimichurri, las morcillas
y un pañuelo anudado cubriendo la piojosa.

Manijeá lo aprendido de pendejo:
Las brasitas al rojo; minga de humo,
defender tu terreno a lo Perfumo
y mandar al joraca los consejos.

Tendrás a mano un novi bien peleón,
zochoris en agua, sal gruesa pá la nerca,
apuntarás banderón: ¡Junen que merca!,
y a los chabones poneles un sifón.

De prima un choripán punteás a cuenta,
dopo mandá chinchulines bien crocantes,
achuras, pa’saciar tanto atorrante,
chairando commeilfaut la ferramenta.

Las tiras ya embragaste en el enyante;
se contarán chistes fules, remanyados,
y vos, de castrucho bien sarpado,
rematarás con un postre vigilante.

Entre eructos atorrás a pata ancha
cuando el güiscardo da finish al manduque,
pues la barra por fin se toma el buque
rumbeando, pipones, pa’la cancha.

José María Otero

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Las manos del rompehuelgas

(Hacer click para escuchar la versión de este poema de Miguel Otero Silva)

Manos torpes y manchadas
las manos del rompehuelgas
manos que cuando trabajan
traicionan, manos arteras,
cuyo sudor no enaltece
sino que ultrajan lo que crean.
Son las manos mas infames
las manos del rompehuelgas.
Ni las del enterrador
sucias de muerte y tierra
porque el mismo enterrador
tiene las manos honestas,
no hay otras manos más viles
como las del rompehuelgas.

Ni las manos del verdugo
oscuras de sangre ajena
ni las manos que en las carceles
manchan negras cadenas.
No hay manos que agravien tanto
como las del rompehuelgas.


Manos que cuando se alquilan,
alquilan su honor con ellas
podrido fango en las uñas
y sangre verde en las venas,
surcadas de maldiciones
las manos del rompehuelgas.

Oí decir a un anciano,
obrero de voz abuela,
mientras mostraba las manos
arrugadas de faenas,
Prefiero las manos mancas
que manos de un rompehuelgas.

El poema es del escritor venezolano Miguel Otero Silva y pertenece a su libro Agua y Cauce, poemas revolucionarios, de 1937 erróneamente se atribuyó al chileno Pablo Neruda.

Muchas gracias, Nestor “Cacho” Alende.

 

 

Códigos de barrio

15541501_1904912333071712_6013096375536408813_n“La vida entonces nos brindaba refugio,
el seguro lugar donde encontrarnos…
Era esa villa un techo y un abrigo,
era el seguro pan y era la leche
y aquella sensación de estar a salvo
que ya nunca sentí cuando anochece.

¡Qué sé yo qué perfumes
se animan a quedarse todavía
después de tantos vientos!
¡Qué sé yo qué humareda
de San Pablo y San Pedro!

Calles de tierra y potreros pelados
donde darle motivo al deber inconcluso
y ese sol de diciembre
que igual nos acomete
vacilando en la hilera de eucaliptus.

15577936_1904913429738269_3913326393031880513_oTorcazas frágiles, indecisas de alas
rindiendo Tema Uno
del techo de la escuela a la palmera.
¡Ah! el almidón crujiente y la blancura
del guardapolvo humilde,
remendado
en la prolija cicatriz de la rodada.

Y esos ojos nuestros,
dibujando carátulas eternas
en la virgen memoria apenas convocada.

La villa daba entonces
un seguro lugar donde encontrarnos…
15577960_1904912596405019_4685441827435069931_oPatio con gallinas
cercos de gladiolos, bordes con malvones
y ese parral dejando los resquicios
para no ocultarnos el cielo del ensueño.
Alto, bien alto, arriba,
donde supimos asomar nuestras miradas
para ver la función en continuado
de un tiempo de fraternas emociones.

Postal chillona de colores nuestra villa,
simple como cuento
de la bici cachuza con el freno cortado
al moretón sublime y azulado,
15591137_1904912766405002_8741413780809668401_ocausa y efecto.
Huellas de vida y de niñez al mango
mientras el club, parlante abajo aún esparce
al varón Julio Sosa en ese tango.

Un techo y un abrigo,
como la sensación de estar a salvo,
aunque aullara el Zapalero sin remedio
un terraplén más cerca que el salitre,
cada noche, si acaso el tibio nido de la almohada,
diera cobijo al sabañón doliente
en un postrer ahínco de la madrugada.

15440419_1904913643071581_6048677785749949472_oPrimeros sueños
con pelota de trapo dominada
o más..¡dormida!
en el empeine maltratado de la zapatilla.
Si no fue gol…¡por poco!
A medias…
como su armazón de calcetín y nylon.

Nos dio un largo recreo nuestra villa
donde la calle fuera un aula sin pupitres,
para copiarnos la costumbre desmañada
del primer cigarrillo

o el bautismo de sexo imaginado.

Sí. La vida entonces nos brindaba un refugio,
el seguro lugar donde encontrarnos…
Era esa villa un techo y un abrigo,
era el seguro pan y era la leche
y aquella sensación de estar a salvo
que ya nunca sentí cuando anochece.”
JORGE ANGEL

Suburbios

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Un suburbio de calles aventuradas y de ocasos visibles
con aire de casas viejas y oscuros pasillos
portones de durmientes y alambre ferroviario
zanjas con aguas quietas y largas
con tujurios grises y deprimentes bajo el puente
entre vasos de alcohol y humo amargo.
Las vías de hierro desgarraban al pueblo en suburbios
descargando esa peculiar tristeza de las cosas esclavizadas.
Una frontera de humo y ruido trabajador,
una frontera de máquinas y vagones brutos en movimiento.-

Dante Sgalla Panzeri (autor del excelente poema y la inmejorable fotografía)

Poema dedicado a Bahía Blanca por Joaquín Sabina

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Uno escribe siempre la misma canciónVISTA AEREA
como un niño con cara de viejo
que se atreve a volar bajo el cielo marrón
que agoniza detrás del espejo.
Uno inventa siempre la misma canción
del poeta borracho y su musa
del teclado mellado del acordeón
del pecado mortal sin excusa.
Uno canta siempre la misma canción
otra noche en el bar de la esquina
cerca de la estación donde duerme un vagón
cuando el tiempo amenaza rutina.
Uno rumia siempre la misma canción
como un perro ladrando a una luna
con la misma trompeta y el mismo trombóndescarga
del mariachi que no hizo fortuna.
Uno acaba nunca la misma canción
a trancas y barrancas
luego llega la hora de alzarse el telón
es un lujo volver, Bahía Blanca.
Poema: Dedicado a Bahía Blanca, Gira “El penúltimo tren” (2011)
Joaquín Sabina.

Con esta misma matriz de poesía, Joaquín Sabina, como dedicatoria al lugar donde presentaba el espectáculo, modificaba la parte final para adaptarla a la ciudad anfitriona de turno.

San Silverio

Este es el texto que escribió el narrador Federico Falco (Córdoba, 1977) luego de hacer una caminata por el puerto y que leyó en el cierre del Festival FILBA de Literatura Nacional:

San Silverio

Como en La dolce vita, cada noviembre, en el puerto, / los pescadores izan a San Silverio con una pluma / y lo dejan bambolearse un rato sobre el muelle y el agua, / sobrevolar los contenedores opacos, / el polvo de las cerealeras, / el aire con aroma a bizcochuelo dulzón y quemado de la fábrica de aceite.


Hasta que el santo no está recubiert
o por una capa suave de ese talquito blanco que también se detiene sobre las margaritas y sobre los techos de White, / no hacen que el guincho gire / y descienda sobre la cubierta de un barco –el guardacosta de la Prefectura.Entonces zarpan. / Llevan a San Silverio de paseo por la ría / lo custodian con una procesión de lanchas amarillas.El santo, recién pintado, con el manto rojo al viento / y amurado a las bancadas de un bote también rojo a más no poder, / popa y proa rebalsando de claveles rociados de agua bendita, / se deja arrastrar al ritual anual sin decir palabra / ni arriesgar gesto.

Cuando están lejos del puerto y de su run run constante de molienda / que ya todos confunden con silencio, / las lanchas detienen sus motores y San Silverio siente el oleaje / y recuerda la vida sobre el agua.

Le piden que calafatee con bendiciones sus bodegas, / que aleje las tormentas, /que peine la redes, disponga el cardumen y ayude a que la pesca siga, / que facilite el trabajo, / que obre milagros para que no vengan lanchas ajenas al mar de Bahía, / que la madera no se pudra, / que salgan los permisos, / que no les cierren el puerto,/ que todo de alguna manera siga / como el primer día, / el del arribo/ igual a como era todo / en la isla arcaica, / en el país lejos.

Deslizan sobre el agua coronas de palmas y claveles blancos, / ramos de gladiolos, / de margaritas, / de crisantemos.

En el agua turbia de la ría hay: / durezas de cangrejos trituradas y pulidas por el ir y venir de las mareas, / pellets de maní y girasol ensopados hasta volverse rancios, / granos de soja pipudos de humedad, / plastiquitos, botellas de coca, envases de aceite que alguna vez parieron las petroquímicas de la bahía / y que alguien usó y tuvo en sus manos / y llevó a su mesa y apoyó sobre el hule de su cocina / y convirtió en basura / y ahora vuelven / remontando la ría, los envases, / flotando culo al sol, persiguen el olor metálico y magnético del polo, / las llamas de las chimeneas altas, dibujan su cruz del sur / como pescados devueltos al agua vienen a buscar el vientre / el abrazo de sus madres metálicas.

En el agua de la ría hay barro y sedimento que las dragas no dejan descansar en paz / y flotan las ofrendas a San Silverio, / los cabos demasiado verdes de los crisantemos escorados, / pétalos sobre los remolinos de las barcas.

Son flores para los muertos que se tragó el mar y encargos para San Silverio, / porque si no es él, qué santo intercederá para que sus almas decanten en alguna poza profunda / adonde no llegue quilla a perturbarlas.

Los pescadores dejan las ofrendas, encienden los motores, / la procesión enfila de regreso al puerto, / frente a los ojos de yeso de San Silverio pasan los castillos desguazados; / las playas ferroviarias vacías de maniobras; / los elevadores sin estibadores; / los transatlánticos que sólo atracan por un ratito / los marineros que nadie conoce, porque ya no bajan a puerto ni para ir de putas, / ni para cortarse el pelo; / el acero inoxidable que, puro engranaje y botones, trabaja noche y día sin que casi nadie trabaje adentro.

Esa sumatoria y otras cosas, / es el paisaje / la línea de costa.
San Silverio no hace nada, los mira, quieto.
Tomado del blog del Museo del Puerto de Ingeniero White

El presidente duerme

Nota de Josè Pablo Feinmann – (operación masacre de pagina12)
Ahora es la mañana del 10 de junio de 1956. Y una muchedumbre “se aglomerafrente a la Casa de Gobierno. En la plaza prohibida, oficialmente prohibida, como que existe una disposición vetando las reuniones  públicas en ese lugar; allí donde nuestra clase  obrera ya no puede vivar, saltar y cantar, una multitud gorilizada, exultante de odio va a alentar al gobierno en la macabra tarea que  está ejecutando. Gritan desaforados estribillos como este: ¡Dale Rojas! ¡Dale leña!… ¡Aramburu, dale duro! ¡A la horca! ¡Ley marcial! “Gran parte de ese público, un año antes precisamente en junio de 1955, se había sumado a la santa procesión de Corpus Christi, caminando compungido, detrás de la Cruz, nada más que para darle a la procesión un sentido político y probar si con la Cruz le movían el piso a quien entonces no se lo habían podido mover por la espada”.La mujer de Valle va a Campo de Mayo. Junto a ella, van sus cinco hijos, que quedarán huérfanos si su padre es fusilado. Le dijeron que Aramburu es el único que puede apiadarse de su  marido y salvarle la vida.  La  mujer de Valle, desesperada, llega a Campo de Mayo. Su marido ha sido su amigo. Compartieron reuniones de familia. No puede creer que no haya piedad. No puede creer que la crueldad llegue a tal extremo. Pero recibe una respuesta histórica. Pide, imperiosamente, hablar con Aramburu y le responden: El presidente duerme y ha dado orden de no ser molestado. De modo que la mujer de Valle se va de Campo de Mayo con esta respuesta: El presidente duerme.José Gobello, gran lunfardista, que fue, nada menos que  presidente de la Academia del Lunfardo, escribió este bonito poema que inmortaliza esa respuesta de Aramburu.

EL PRESIDENTE DUERME

La noche yace muda como un ajusticiado,
Más allá del silencio nuevos silencios crecen,PEAramburu
Cien pupilas recelan las sombras de la sombra,
Velan las bayonetas y el presidente duerme.
Muchachos ateridos desbrozan la maleza
Para que sea más duro el lecho de la muerte…
En sábanas de hilo, con piyama de seda
El presidente duerme.
La luna se ha escondido de frío o de
vergüenza,/
Ya sobre los gatillos los dedos se estremecen,
Una esperanza absurda se aferra a los teléfonos,
Y el presidente duerme.
El llanto se desata frente a las altas botas.
–Calle mujer, no sea que el llanto lo despierte.
–Sólo vengo a pedirle la vida de mi esposo.
–El presidente duerme
Reflectores desgarran el seno de la noche,
El terraplén se apresta a sostener la muerte,
El pueblo se desvela de angustia y de
impotencia/
Y el presidente duerme.
De cara hacia la noche sin límites del campo,
Las manos a la espalda, se yerguen los
valientes,/
Los laureles se asombran en las selvas lejanas
Y el presidente duerme.
Tras de las bocas mudas laten hondos
clamores…/
–¡Cumplan con su deber y que ninguno tiemble
de frío ni de miedo!
En una alcoba tibia
El presidente duerme.
–¡Viva la patria! Y luego los dedos temblorosos,
Un sargento que llora, soldados que
obedecen,/
Veinticuatro balazos horadando el silencio…
Y el presidente duerme.
Acres rosas de sangre florecen en los pechos,
El rocío mitigó las heridas aleves,
Seis hombres caen de bruces sobre la tierra
helada/
Y el presidente duerme.
¡Silencio! ¡Que ninguno levante una protesta!
¡Que cese todo llanto! ¡Que nadie se lamente!
Un silencio compacto se adueñó de la noche.
Y el presidente duerme.
¡Oh, callan, callan todos! Callan los
camaradas…/
Callan los estadistas, los prelados, los jueces…
El Pueblo ensangrentado se tragó las palabras
Y el presidente duerme.
El Pueblo yace mudo como un ajusticiado,
Pero, bajo el silencio, nuevos rencores crecen.
Hay ojos desvelados que acechan en la
sombra/
Y el presidente duerme.
(Nota: El poema de Gobello figura en el
libro de Ferla con la lista de los 27 fusilados
del 9 de junio de 1956.)

Habían pasado seis meses, desde el momento de ingresar al Servicio Militar. Las instalaciones militares ostentaban las heridas de los bombardeos realizados por la Marina de Guerra, en los hechos del año anterior, para deponer la presidencia constitucional del General Juan Domingo Perón. La peor parte la había soportado la cocina de la tropa, que había tenido que ser reemplazada por la cocinas de campaña.

La principal preocupación del gobierno de facto era la desperonización del pueblo, tarea imposible si las hay.

Precisamente, la política castrense para con los colimbas era borrar la imagen de una tropa engordada a papa y polenta y se había implementado un menú que incluía abundante y variada comida, como milanesas, pizzas y carne asada, en días alternados – creo recordar almuerzo de lunes, miércoles y viernes – y las demás comidas lo suficientemente elaboradas como par satisfacer medianamente a los soldados. El propio jefe del regimiento se encargaba de supervisar la calidad en las preparaciones.

Recién se comenzaba a otorgar francos diarios, luego de largos meses, cumpliendo servicios de lunes a viernes, sin salida.

El segundo sábado de junio, uno de los cinco soldados que realizábamos trabajos en la usina del regimiento, precisamente el que provenía del gran Buenos Aires, había convenido con un club de fútbol local, asistir a una cena, donde se podría concretar su vinculación como jugador del primer equipo.

Me propuso cambiar su guardia en la usina ese sábado, mientras él cubriría el del próximo fin de semana, que se me había destinado. Hablamos con el sargento primero y con su conformidad quedó convenido el reemplazo.

El descontento popular iba en aumento, acallada la euforia de la derecha conservadora  el día a día iba tomando virulencia y hechos cada vez menos aislados de rebeldía eran violentamente reprimidos en forma cada vez más desembozada

Los golpistas de 1955 habían sido la Marina de Guerra, casi en su totalidad, y un sector del Ejército. Como les hubiera sido difícil lograr consenso si se presentaban con el programa de entrega de Patrimonio Social, corte de conquistas obreras, subordinación a las multinacionales y largo etcétera, buscaron y encontraron un general nacionalista, católico, que en sus primeros mensajes habló de la ausencia de “vencedores y vencidos”, y prometió mantener las los logros sociales alcanzados. Por eso, Leonardi duró escaso mes y medio.

La iniciativa conciliadora del General Lonardi, fue reemplazada con la saña y la política de entrega de ese dúo de criminales uniformados por la patria, Aramburu-Rojas.

El ejército que en su mayoría adicto al peronismo, iba a ser aislado, depurado, suprimido, como para que la bronca latente en los grandes sectores obreros, recibieran un claro mensaje de la desperonización resuelta y las consecuencias que sobrevendrían ante la obstaculación de las medidas resueltas por la “revolución libertadora”

Dice  Luis Bruschtein “En esos días, el dirigente socialista Américo Ghioldi publicó una frase que se hizo célebre: “Se acabó la leche de la clemencia”. Y a Jorge Luis Borges se le atribuye otra frase en una conversación con su amigo Adolfo Bioy Casares: “Se hizo lo que debía hacerse”. No eran los únicos que pensaban así, entre los no peronistas era un sentimiento extendido.”

Se planteaba el escenario que ambicionaba el gobierno de facto, colocar al peronismo en un contexto de barbarie, los excesos, la no institución y la violencia, y a las “huestes libertadoras” en el polo antitético: defensa de la institucionalidad y la racionalidad, de la pacificación y el respeto de la ley”

Ese sentimiento de rechazo en la clase obrera fue tomando virulencia y se sucedían lo contactos entre civiles, en especial de los obreros de la carne y la metalurgia, para concebir una acción contrarrevolucionaria simultánea en todo el país para retomar el gobierno.

La idea de Valle pasaba por tomar las principales instalaciones militares del país. Creía en el factor sorpresa, en la masividad de la conspiración, en que no haría falta derramar sangre.
–La mayoría de la suboficialidad está de nuestro lado –arengaba a su gente–. El triunfo es seguro.
El objetivo central era Campo de Mayo, la guarnición más grande del país (unos 4.000 hombres), el lugar donde se había definido la destitución de Perón el 9 de octubre de 1945.

Juan José Valle y Raúl Tanco habían pasado a la clandestinidad hacía meses.
El movimiento cívico militar se había empezado a planear en el barco-cárcel Washington. El inicio de las acciones sería la lectura de la proclama revolucionaria a las 23 del sábado 9 de junio, cuando en el Luna Park peleaban el zurdo noqueador Eduardo Lausse con el chileno Loayza. Un grupo de civiles se reunían en Lanús, con el pretexto de la pelea, para escuchar la proclama.

“Las horas dolorosas que vive la República, y el clamor angustioso de su pueblo, sometido a la más cruda y despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las armas para restablecer en nuestra patria el imperio de la libertad y la justicia al amparo de la Constitución y las leyes..” (De la proclama del General J.J.Valle)

El gobierno ya tenía redactado los decretos por los que proclamaba la ley marcial y la de la lista de fusilados cuyos nombres no consignaba.
El gobierno que conocía todos los movimientos. Podría haberlo abortado, pero decidió que emergiera para reprimirlo con fiereza. Aún lamentaban no haber bombardeado la cañonera paraguaya en que se había refugiado Perón en septiembre del año anterior   Los focos del alzamiento fueron Campo de Mayo, La Plata y La Pampa. Todos los levantamientos ocurrieron entre las 22 y las 24 horas.

El levantamiento fue rápidamente neutralizado debido a que el movimiento había sido infiltrado y el gobierno militar estaba esperando a los insurrectos. La dictadura decidió efectuar un castigo ejemplificador y completamente inusual en la historia argentina del siglo XX, disponiendo el fusilamiento de los sublevados. Entre el 9 y el 12 de junio de 1956 veintisiete civiles y militares fueron ejecutados, algunos en fusilamientos clandestinos en una zona de basurales de José León Suárez, provincia de Buenos Aires.

El general Valle en su nota final a Aramburu, expresaba: “Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes.”

La guardia en la usina era tranquila, salvo que algún imprevisto dejara sin energía eléctrica a algún sector del regimiento, Había una cama, una radio y la lectura que llevábamos. Además le pedí al jefe de la compañía, para que el furriel me prestara ese día una máquina de escribir, ya que pensaba desarrollar unos apuntes para una futura publicación no sabía cuando.

Luego de la cena, nos llamaron a la compañía, diciéndonos que se iba a hacer un simulacro de un operativo de defensa, por lo que nos entregaron el fusil máuser y las cargas respectivas. También se nos indicó que deberíamos dormir equipados y con el arma a mano.

La vuelta a la usina con el armamento. Coloqué el fusil colgado de la cama y puse el agua para tomar unos mates, mientras, introducía el papel en el rodillo de la máquina de escribir.

Estuve escribiendo, con algunos períodos de mente en blanco, donde se me cruzaban las posibles maniobras por el operativo y la trama que iba desarrollando.

Finalmente, me arropé y quedé profundamente dormido.

“El presidente está durmiendo”, fue la respuesta que le dieron en Casa de Gobierno a Susana Valle, que quería hablar con Aramburu, para plantearle su compromiso de palabra, con el General Juan José Valle, para que se entregara prometiéndole un juicio justo a todos los integrantes de la frustrada contrarrevolución

“El presidente duerme”, sin el pesar de los fusilamientos llevados a cabo en los basurales de José León Suárez, por la sola presunción de ser peronistas

Sólo dejó su cama para decretar más escarmientos  El día 12 de junio un comunicado oficial expresa: “Fue ejecutado el ex general Juan José Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado”. Para dar muerte al general Valle, que se entregó voluntariamente a las autoridades militares, el gobierno de facto aplicó en forma retroactiva la ley marcial ya derogada.

El domingo 10 de junio se suspendieron todos los francos y pude enterarme de lo que estaba pasando, aun en el propio regimiento, había sido arrestados un puñado de suboficiales, que tenían que apoderarse, a cualquier precio,  de la usina para dejar el cuartel a oscuras y desde esa posición, someter a la oficialidad a cargo.

Ahí tomé conciencia que en unos de los hechos más desgraciados de la patria – como una especie de Caja de Pandora que se abrió el camino para el genocidio de las décadas siguientes – podría haber sido lamentable partícipe, mientras soñaban mis pretensiones de escritor.