Cacho Marzocca y un milagro de San Silverio

   

 

El mar está calmo pero siempre está el temor que se desaten tormentas y tempestades y entonces se dan cuenta que están sobre una cáscara de nuez:

Cacho Marzocca

Fue una tormenta acompañada por un tornado. Justo agarramos la línea del tornado en el lugar donde estaban fondeadas las cuatro embarcaciones les tocó que el tornado les dio vuelta campana la lancha, cuatro tripulantes alcanzaron a zambullirse al agua y el otro socio y Cacho quedaron encerrados en la bodega, unos veinte a treinta minutos. La lancha quedó dada vuelta flotando sobre cubierta. Se había formado una cámara de aire y la embarcación se iba hundiendo muy despacio. Pensaban que no iban a poder salir más, comenzaron a invocar al santo, ante el peligro de morir encerrados como ratas y ahogados tuvieron la suerte, según Cacho, y el milagro del santo protector que tienen los pescadores, ante los ruegos “San Silverio, ayudame…!!”, “¡San Silverio, ayudame…!!” y agrega vehementemente,  “¡¡El Santo Protector nuestro es SAN SILVERIO!!!”

San Silverio vino a los barcos, bajó de ellos, junto a las valijas, los recuerdos, sueños y tristezas de los inmigrantes pescadores italianos.

En un principio pensábamos que la boca escotilla estaba obstruida por algo ahí y que no teníamos salida y de repente, en la oscuridad, Cacho mete la mano y encuentra  un hueco y le dice al otro muchacho: “Mirá, yo voy a tratar de salir a la superficie”. Se zambulle, quiere nadar para un lado y se encuentra con que tocaba con lo que esta baranda (y señala a la tablilla de alrededor de cubierta).

Al llegar arriba se encuentra con un temporal de viento, lluvia y granizo. La persona que tenía a su cargo despachar la embarcación estaba tomada del timón, es decir la hélice de la lancha, y en el otro brazo tenía al cuñadito, el hermano de la mujer de Cacho, que era su socio de trabajo también, que se había desvanecido a raíz de la granizada que caía.

El que estaba abajo, se encontraba soportando la mezcla del gasoil con el agua. Con el torso desnudo y sólo vestido con un pantaloncito corto y por lo tanto totalmente embadurnado por el combustible. Lo esperaban de un lado de la lancha pero apareció por el otro. La tormenta profusa de relámpagos y truenos, lo iluminaron cuando la tormenta se lo llevaba, al tiempo que vimos las señas de pedido de ayuda que nos hacía.

Fueron con una canoa, pero era tal la cantidad de gasoil que se adhería a su cuerpo que los intentos de asirlo, resbalaban. Por suerte, tenía una abundante cabellera que les sirvió para sujetarlo y poder tomarlo por debajo de las axilas para subirlo al bote.

Se pudo reflotar la lancha y volver a puerto sin consecuencias mayores y acota Cacho Marzocca: “Y yo siempre digo que esos son los milagros de ese famosito Santo que es San Silverio…

(Basado en “Cacho el pescador de White” de la Serie “Esas Pequeñas Cosas” de Néstor Machiavelli – fragmento)

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