Cancha brillante

 

 por Douglas Javier León

(Publicado por “La Nueva Provincia”, el 26 de septiembre de 2012, en el Suplemento dedicado al 127° Aniversario de Ingeniero White)

Goyén; Clausen, Villaverde, Trossero, Enrique, Giusti, Marangoni; Bochini, Burruchaga; Percudani y Barberón. Quién pudiera jugar como ellos, entenderse como ellos. Ser uno más… ¡Y zas! Mi viejo me trae una camiseta roja. No tiene ninguna inscripción pero es de Independiente. Me la pongo enseguida y con seis años salgo a jugar a la vereda con el pecho inflado. Me animo a tirar gambetas que no había tirado, voy a buscar paredes posibles y meto pases que si los defensores calzaran más, seguro que los cortan.

Es una tarde de verano. Mi mamá me dice que duerma la siesta. Le hago caso y después de tomar el té, vamos a la cancha que está abajo del Puente La Niña, a metros del puerto, entre el Bulevar e Ingeniero White, la de los scouts de la Pilling. Ahí se juega el baby fútbol más importante y antiguo de Bahía Blanca.

Llego de la mano de mis viejos. Camino ligero y emocionado hasta entrar en los vestuarios del cuartel y me encuentro con los pibes de la cuadra. “Voy a jugar en serio”, pienso. “Soy un jugador más, como Bochini”, así pensé.

Por una ventana veo que se encienden las luces de la cancha, que la gente llena los costados, escucho por los parlantes como empieza a salir música, que “Tucho” Ursino, el jefe de los scouts, anuncia que entre los partidos de la fecha jugarán Las Colonias y Juventud Unida.

El grito de Gaite, el director técnico, me devuelve al vestuario. Nos explica que hacer en la defensa, en el mediocampo y en el ataque pero no me mira, agarra una bolsa negra y empieza a repartir unas camisetas azules. Espero la 10 pero me tira un buzo naranja enorme, con la 12 en la espalda…

Ya no hay nadie que pueda arreglar semejante injusticia. Salimos del galpón y detrás de la venta de choripanes comenzamos a girar para entrar en calor. Gaite nos acomoda en fila india y cuando “Tucho” anuncia por los parlantes a “Las Colonias” salimos a la cancha con la música del Mundial 78.

La gente nos saluda como estrellas. Miro a mis viejos y siento vergüenza por el 12 en la espalda. Tras levantar los brazos, camino hacia el banco y no imagino cómo salir de semejante angustia.

El partido empieza, y termina el primer tiempo. Así es, creo que no pasó nada. Estoy tan enojado que no veo nada. En el vestuario pongo cara que siempre pongo para que mis viejos sepan que estoy enojado. Gaite me dice, “´Cabeza de choclo´, vas al arco”.

Ahora estoy asustado. Escucho el silbato llamando al segundo tiempo y me dan gans de ir al baño. “Ahora no”, dice Gaite. Salgo a la cancha y miro a mis viejos, también a mi hermano Walter que se puso detrás del arco.

Arranca el partido y no me llega ninguna pelota. Sólo la voy a buscar cuando sale de la cancha. De pronto, justo cuando se escuchó un estruendo de la turbina de la Termoeléctrica Luis Piedrabuena…¡penal! ¡penal para Las Colonias! Y mi hermano no duda: “Anda vos Ruso, andá vos”. Gaite escucha el grito y me hace una seña que lo pateara.

Todo el estadio me mira y comienzo a mover las piernas temblorosas. En la carrera veo a mis vecinos y sigo corriendo, a otros amigos de la cuadra y sigo corriendo, a la chica más linda y sigo corriendo, a mis viejos y sigo corriendo, a mi hermano y sigo corriendo, a la pelota quieta en el punto del penal y sigo corriendo… y puntinazo y ¡goooooooolll!

Ése y otros tantos goles siguen retumbando por ahí. El campeonato se mudó a otra cancha, donde el olor a puerto ya no se siente tanto y donde no hay cabarets al lado.

La cancha de los scouts, de debajo de puente, pasó a manos de la Municipalidad. Se la hirió cuando les robaron las redes, se la siguió lastimando cuando se le quitó el alambrado perimetral y se la dejó irreconocible al sacarle los arcos…

Pero esa cancha era un potrero y los pibes improvisaban arcos con piedras y buzos y remeras, hasta que el último haz de vida le fue arrebatado. Como a un toro el estoque de un mataor, se le enterró una columna de alumbrado público justo  en el punto donde empezaban los partidos.

Pasaron casi 30 años de aquel penal. Ya los pibes no juegan ahí. Pero de una cosa estoy seguro, esa columna jamás brillará como el pasado de la canchita de los scouts.

¡Muchas gracias, Douglas Javier!!

 

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