Dos cobres

Tal vez le parezca gringo
porque me ve en la ciudad,
pero vivo en libertad
desd´el lunes al domingo,
ningún alambrao mi pingo
sosiega en su derrotero;
nada debo al mundo entero,
sólo a mi madre la vida;
no me busca la partida,
y nunca tendrá mi cuero.

Se que´s larga la jornada
pal´que´s pion golondrina,
que los ojos se te achinan,
asoliaos en la parvada,
y se que no sirve e´nada
quejarse por el calvario
o pedir por más salario
pa´tus flacas faltriqueras;
la respuesta es la tranquera
o el hotel del comesario.

Seguís soportando males,
porque la cosa no cambia,
proseguís juntando rabia
y en tus manos cardenales.
Las penurias son iguales
como en los siglos pasados
los derechos pisoteados
y el maltrato del pión:
¡Es dueño y amo el patrón!
Nada p´al gaucho ha cambiado.
Tuve un sufrido testigo
que en su trabajo rural,
cosechaba en el maizal
y en el dorado del trigo;
soportando el desabrigo
o el fuego de los veranos
con esfuerzos sobrehumanos
fueron armando gavillas,
o sembrando las semillas,
mi viejo con sus hermanos.

De criollo no me disfrazo,
ni bailo la chacarera,
pero sigo la carrera
de mi viejo, en sus pasos,
sigo estrechando los lazos
con el paisano más pobre,
al que el gran señor, por noble
lo explota en el alquiler,
y lo mismo que fue ayer
le paga el oro, dos cobres.

Tino Diez

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