“Fifí”

caniche_pose-300x235En el Museo del Puerto hay un testimonio vivo del esplendor del ferrocarril y del potencial comercial de Ingeniero White. Una simple caja de té. Aunque no me gusta expresarme en idiomas y nomenclaturas “gringas” le cuento que la cajita de fondo amarillo tiene de dimensiones 4 x 2 x 2 pulgadas. La marca del té es “Ceilán” elaborado en la isla del mismo nombre (actual Sri Lanka) y consta que, estuvo elaborado y envasado especialmente para Dino Torres F.C.S. Ingeniero White. No habia intervención de mayoristas ni comisionistas y los comercios whitenses (Sclavi, Margoni, Malisia, Moralejo, Dignani, etc) se entendían con las fábricas en cualquier parte del mundo, para beneficio propio y de las familias de White. El tren era insustituible, también para el transporte de mercadería desde los centros de producción desde cualquier lugar del país.

Lo mismo pasaba con el transporte de pasajeros. Se viajaba, claro que en ámbitos distintos, según las clases sociales. Y esos viajes era acompañados por bicicletas, mascotas y otros elementos, como por ejemplo, sombrillas para la playa y otros.

Sinvergüenzas hubo siempre en este mundo y en el ferrocarril también había pícaros, rateros y gente de esa calaña.

Llegó a Ingeniero White, una señora de ampulosos modos aristocráticos, pieles de abrigo y joyas ostentosas en sus manos y humanidad.

Parientes en White la esperaban y la recibieron con los consecuentes abrazos y muestras de cariño.

Horas más tarde volvió a la estación para retirar desde el sector “Encomiendas” a su mascota, un perrito caniche de pedigrí. Cuando se lo entregaron, la señora casi se desmaya, mientras gritaba: “Éste no es mi Fifí…! ¡No es mi Fifí…!”, “no es el que despache en Constitución…”

Y el dependiente de encomiendas, trataba de explicar que él no tenía modo de comprobar si el canino que le entregaba era o no el que ella había despachado, pero estaba seguro que ese perro era el que había llegado en el tren.

La historia no dice que desenlace tuvo esta circunstancia y envuelto en la nebulosa de las repeticiones se dice que el pobre dependiente, no logró soportar el histerismo de la pobre señora y cortó el tema (por lo menos, por ese momento) diciendo: “Señora, en este papel dice “un perro” y ahí tiene: “¡Un perro…!”

Se e vero e ven trovato

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