Meollos de asambleas…

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Las asambleas anuales que deben celebrar las instituciones, para cumplir con las disposiciones de Personas Jurídicas, resultan ser solamente un trámite, ya que generalmente los asambleístas aprueban sus Memorias y Balances, casi a libro cerrado o luego de su lectura, sin presentar objeciones o solicitar algún tipo de aclaración.
Pero a veces, por cualquier motivo en especial surgen preguntas que es necesario aclarar por parte de la mesa directiva o por algún integrante de alguna disciplina en particular.

Las que vamos a citar, corresponden a las realidades que se vivieron en distintas entidades de las que se tuvo conocimiento.

En cierta ocasión por secretaría se había dado lectura a la memoria y por su parte el tesorero había realizado una exposición de los movimientos generados en el ejercicio y sus resultados. Cuando concluyó su informe el responsable de tesorería, la presidencia puso a consideración de la asamblea los informes.
Cuando parecía que no iba a haber preguntas, un asociado pidió la palabra, para expresar que la cifra consignada en los gastos del fútbol, le parecía un tanto elevada y solicitando que le explicaran en qué se gastó ese dinero. La pregunta era pertinente y cuando el tesorero iba a dar la explicación, lo interrumpió el presidente de la Comisión de Fútbol, muy molesto, sacando una carpeta dijo que le iba a contestar a asambleísta.
Y comenzó a enumerar gastos: “casa de deportes, tanto; policía, tanto; factura de la luz de secretaría, tanto; traslado del equipo de básquet, tanto” y así entre los gastos correspondientes al fútbol, figuraban otros de otras áreas del club. Surgió la pregunta, por qué gastos ajenos figuraban en el fútbol. La presidencia aclaró que el detalle que escuchaban era una rendición de cuentas del titular del fútbol a la comisión directiva y que los gastos habían sido ya asentados en su correspondiente rubro.
La intervención del tesorero, permitió zanjar el momento, ya que planteó que a través de un sencillo cálculo matemático, se podrían explicar cómo los gastos del fútbol y todos los demás podían aclararse. La cuestión era tomar los importes del ejercicio anterior y relacionarlos con los del recientemente cerrado. Esa comparación arrojará un porcentaje de incremento. Si proceden lo mismo con todos los demás, esa verificación le dará un porcentaje similar al del fútbol, con ligeras variaciones, pero además estará en coincidencia con la variación de la inflación desde la fecha del cierre del ejercicio anterior y el día en que terminó el ejercicio que estaba en tratamiento.
La respuesta satisfizo a la asamblea. Creo que nadie estaba en condiciones de realizar la comprobación que se indicaba, nadie tenía las cifras del año anterior y menos la variación inflacionaria de período. O de lo contrario, resultó demasiado técnica. Nadie solicitó al tesorero cuál había la variación oficial del año tratado.
El presidente preguntó si alguien tenía algo más que agregar, de cualquiera de los temas tratados, agregando: “puede ser del básquet, del fútbol, lo que les parezca”. Desde atrás otro asociado preguntó: “¿Puedo hacer una pregunta sobre el fútbol?”.
Concedida la palabra, inusitadamente alterado, el asambleísta preguntó: “Yo quiero saber por qué el delegado de la sexta, no lo pone a mi pibe?”
Las carcajadas se oían, todavía, un rato más tarde cuando ya la asamblea había pasado a ser historia.

Otro club. Como suele pasar la comisión directiva estaba integrada por personas que habían aceptado el cargo, pero dejaban en los tres o cuatro de siempre, el peso de la dirección de la entidad. Uno de los que incurría en esa falta era el tesorero. Hubo que insistir e insistir, para lograrlo cuando casi no había tiempo. Había que imprimir las Memorias e integrado los balances, faltaba el cálculo de gastos y recursos para el próximo ejercicio. El tesorero, abandonó la reunión semanal de la comisión directiva y solicitó algunas informaciones y en poco tiempo entregó al secretario el Cálculo de Gastos y Recursos.
La información fue impresa y distribuida a los asociados y llegó el momento de la Asamblea que habría de aprobar o cuestionar los números que se presentaban.
Todo parecía transcurrir por las vías normales, pero…
Un asociado, pidió la palabra e hizo una pregunta: “El Club, ¿tiene previsto bajar la cuota mensual que pagan los socios?” La respuesta de la mesa directiva, por supuesto, fue negativa. “Entonces, por qué en el cálculo de recursos del próximo ejercicio, se prevé una recaudación anual inferior a la que figura como ingresos en el ejercicio terminado?”
El tesorero, sin ponerse colorado, explicó que en los próximos meses, se iba a producir un movimiento importante en los asociados que pasan a socios vitalicios. Que si bien esa alternativa era voluntaria, podría darse y era preferible no preverla, para luego no tener problemas de caja.
El asociado que había preguntado, no muy convencido, agradeció la explicación y todo continuó sin problemas, hasta el cierre de la asamblea.

Pero alguien cuenta que mientras se retiraban hacia sus casas, el socio que intervino, recibió de su compañero de retorno, la pregunta: “¿Te conformó lo que te dijo el tesorero?” y como contestación, se paró, lo tomó de los hombros y exclamó: “¡Qué h…d…p…!!!!!!!!!!!!!!”

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