Roberto Floris

35883_132098930164326_1213017_nCANZONETA
Entonaba el cantor
el sin retorno sempiterno del mar:
non c’è più la mamma, e senza amore;
y una lágrima, desde el fondo del cuore,
en su vino parece derramar.

Enmudeció el cantor.
Hubo un quiebre en su voz estremecida
como un suspenso, la asfixia de ese tango.
Con el silencio del eco de su canto
en ese tango se le fue la vida.

Tino Diez

Otras veces he referido, que a partir de mi jubilación, una de mis tareas es llevar a mis nietos hasta la escuela, que no queda demasiado lejos, algo así como cuatro cuadras. Lo hacemos a pie, comentando cosas. Hace unos años ese recorrido tenía un recreo. Sobre la calle Brihuega a una cuadra de la Escuela Nº 13, tenía su negocio, Florindo Genovali y era la parada obligada, para la charla, especialmente de tangos, con quién conocimos con el nombre artístico de Roberto Floris. Era un momento muy grato para ambos, al que a veces se sumaba su señora Hilda.

En ese lugar intercambiábamos partituras de los tangos a los que Aníbal Vitali, había puesto música. Recorrimos los versos del tema que le dedicamos a Tulio, los de aquella poesía que escribimos para la escuela o la inconclusa preparación del tango “Caricatura”
Casi siempre estaba cantando, esos tangos tan bien hechos en su interpretación, por citar dos, “Amores de estudiante” y “Como se pianta la vida”,

Habíamos preparado la poesía dedicada al Colegio Cortés, Escuela Nº 13, escrita por mí y recitada por Flori, para el centenario de la escuela, como antes el tango dedicado a Tulio, cuando cumplió los ochenta años.
62818_454299282504_7836314_nCon ese ademán tan suyo y característico, levantar el brazo derecho como solfeando, siguiendo el crecimiento del tono cúlmine o la escala de tonos descendentes, en el mismo sitio donde tantas veces lo escuchamos cantar, comenzó a ensayar el tango “El Rey Tulio” con Aníbal Vitali, grabaron la música, corrigieron tonos, y ensayaron variantes para el final.

Y como en una escalada de imágenes, sus dúos con “Miyiya” Cesarone, con Tulio, el “Nene “ Cabeza, el “Beto” Boccanera y tantos tangos y cuántas canzonetas, que prefería cantar sin acompañamiento, para no perder afinación. Cuántas alegrías y cuántas nostalgias, nos hacían oprimir la garganta y simular un carraspeo o tos.

Había nacido en el barrio Gardel, como lo recuerda Cacho Paro, pintor y poeta:
“Quisiera volver a ser,/ encontrarme con la infancia,/ la juventud, la fragancia/ y los amigos de ayer,/ donde nació “Gamerito”,/ wing derecho sin igual/ Antonio, el Flori, Pechito,/ flores de mi arrabal./ Mil nombres que no recuerdo/ que se fueron a cantar/ todos juntos al lado de él,/ dueño del barrio Gardel.”

El Barrio Gardel tenía una peculiaridad. Todos eran artistas. Cantores, músicos, actores, pintores…El círculo Gardeliano, que si bien fue creado por Víctor Palacios y su entorno, se nutrió de los importantes cantores del Barrio Gardel. La familia no podía escapar al precepto y así Florindo y algunos de sus hermanos, el Pochi por ejemplo.

thump_5183759flori-y-la-barraTambién, como le sucedió a Egidio Alberto Aducci, cuando, debutando con el nombre de Alberto Gómez, Flori causó el enojo de su padre; cuando armó su seudónimo con el nombre de su hijo, completándolo como apellido artístico con el apodo cotidiano, agudo en su pronunciación, para redondear un Roberto Florís.

Fueron momentos inolvidables. Como aquella que realizó en el aniversario de Carlos Gardel en la última presentación del Círculo Gardeliano; fue de antología su versión del tango de “Silencio”. Lástima que sólo hayan quedado algunas grabaciones caseras de sus actuaciones.

Participó con el grupo de teatro de Elder Silvio Emiliani, actuando junto a Juan Carlos “Chiche” Crivera y cantando con el fueye de Aníbal Vitali.

thump_5183726flori-otraO cuando interpretaba canzonetas con esa frescura y esa autenticidad de quien siente intensamente cada verso, cada imagen. En una reunión en el Patio de Tango de Luis Carbonara, comenzó a entonar una canción napolitana, con un sentimiento entrañable.

Aníbal Vitali, presente, trató de seguirlo, pero el Flori, con esa amplia sonrisa que nunca se descolgaba de su boca, casi le rogó: “¿Me dejás sólo?” y la noche se trasladó a Nápoles, mientras el cantor lograba ese silencio de la admiración y de la emoción, iniciando a capella a cantar “Dicitencello vuje”:
“Dicitencello a ‘sta cumpagna vosta/ ch’aggio perduto ‘o suonno e ‘a fantasia…/ ch”a penzo sempe,/ ch’è tutt”a vita 36449_132099243497628_6026225_nmia…/ I’ nce ‘o vvulesse dicere,/ma nun ce ‘o ssaccio dí…
‘A voglio bene…/ ‘A voglio bene assaje!/ Dicitencello vuje/ ca nun mm”a scordo maje.
E’ na passione,/ cchiù forte ‘e na catena,/ca mme turmenta ll’anema…/e nun mme fa campá!…”

Al repetir estos últimos versos para el cierre, se sucedió un aplauso irrepetible, tal intenso como para premiar al cantor como para aflojar esa opresión en la garganta y esas nubes en las miradas, aun para los que no entendíamos demasiado la letra de la canción pero que la interpretación, transmitía en todo su dramatismo.

Su caballito de batalla “Canzoneta” un funesto día le puso alas de Pegaso, para que concluyera su vuelo en otro plano superior…

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