Marcelo Beato

La excusa de Molina Campos
ALMANAQUES ALPARGATAS

ALMANAQUES ALPARGATAS

Este whitense de 75 años posee la colección más grande del pintor que se hizo conocido por los almanaques de Alpargatas. Las lleva a los colegios para que los chicos conozcan la vida en el campo.
–Esperá un poco –dice Marcelo Beato.
Se levanta de su silla. Camina un par de pasos y vuelve a la mesa con un vidrio que enmarca 4 fotos y una tarjeta.
Se lee: “Querida mamá: tu hijo te desea Feliz Año Nuevo. Hasta el miércoles”. El vidrio guarda las fotos de la abuela, el papá y la mamá de Marcelo. Más otra de él mismo cuando era chico.
La tarjeta del padre de Marcelo viajaba de Ingeniero White a San Germán (partido de Puan). En un campo de San Germán Marcelo vivía con su abuela paterna.
–Me había ido al campo con mi abuela porque mi mamá estaba enferma de tuberculosis. Ahí aprendí a juntar huevos, a buscar leña, a aprender a ordeñar vacas, a faenar chanchos…
* * *
El refugio de Marcelo está en una casa del barrio Colón. En ese sector, con heladera y todo, guarda un montón de cosas. Un montón en serio. Y todas o casi todas –porque también hay fotos del Che Guevara y Maradona– están muy cerca del campo. Principalmente la colección de más de 800 imágenes del pintor Florencio Molina Campos.
–Las colecciono desde hace unos 15 años.
Los famosos almanaques que Molina Campos pintó para la empresa Alpargatas inundan el refugio de Marcelo.
La charla tiene música de Atahualpa Yupanqui en la calurosa tarde bahiense.
–Me gusta el folklore en general: el surero, Zitarrosa… Y también el tango y hasta el rock nacional –dice.
Ah y la zamba.
–La zamba es la mejor danza. Voy a bailar a la peña Por Amor a la Danza –cuenta.
–¿Cómo conoció a Molina Campos?
–En el rancho de adobe de mi abuela. Parao de lomo estaba en el alero que iba a las piezas. Yo lo vi allá cuando tendría unos 7-8 años.
Dice que cuando alguien iba para el pueblo, la abuela le encargaba algo y siempre cerraba con una frase:
–Acordate del almanaque.
El almanaque siempre venía con una ilustración de don Florencio.
–Cuando llegaba el almanaque se juntaban a mirarlo, a comentarlo… Era un acontecimiento.
* * *
–El primero que compré fue Entuavía piden rienda. Lo vi y enseguida me llevó a mi infancia.
Hoy tiene el orgullo de haber sido premiado por la Fundación Molina Campos como quien más imágenes tiene del pintor que le hizo un homenaje a la vida campestre.
–Cada uno de los cuadros tiene una historia.
Las cajas de cartón son cientas en el lugar de Marcelo. Dice que sabe bien dónde están cada uno por un catálogo que lo ayuda.
Marcelo no se queda con su colección: la comparte.
–Ya tengo hechas unas 100 muestras en distintos lugares. Principalmente voy a escuelas y jardines de infantes. Las imágenes son el inicio, después empieza otra historia.
Por eso las boleadoras, los huevos y patas de ñandú, los cencerros…
–Los chicos se van enganchando y desde ahí empezamos a hablar de la vida en el campo. Y para eso siempre tengo la ayuda de Tino Diez que colabora mucho conmigo o del soguero José Miguel, de San Germán, que me explicó un montón de cosas.
Y da pruebas.
–Ves, ves…
La carpeta tiene dibujos. Dibujos y mensajes de los chicos, que Marcelo fue juntando durante estos años.
–Esto es bárbaro. Se ve que a los chicos les gusta.
Y por los ojos, un poco brillosos, se ve a que Marcelo también.
MAXIMILIANO PALOU – LNP – 4/11/2012
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