Sesquicentenario de los ferrocarriles

El 30 de agosto de 1857 comenzaba a correr el primer tren argentino, dando inicio a un proceso que definiría las características del desarrollo nacional.

Aunque prácticamente reducido a su mínima expresión y dejando atrás una rica historia que lo tuvo como protagonista del desarrollo y la unidad nacional, el ferrocarril cumple este 30 de agosto un siglo y medio de existencia en el país.
La construcción de la primera línea férrea fue producto de la coincidencia de iniciativas y capitales netamente argentinos que confluyeron en la constitución de la “Sociedad del Camino de Fierro de Buenos Aires al Oeste”, integrada por los señores Jaime Llavallol, Mariano Miró, Manuel J. Guerrico, Bernardo Larroude, Norberto de la Riestra, Adolfo van Praet, Daniel Gowland, Vicente Basavilbaso y Esteban Ranms y Ruberf.
Dicha comisión logró que en enero de 1854 la Legislatura de Buenos Aires otorgara la concesión de la construcción de un ferrocarril de 24.000 varas (20 km.) de extensión. A principios de 1855 se iniciaron los trabajos de construcción, terminándose hasta San José de Flores en la primera quincena de agosto, fecha en la que se hizo correr hasta el punto terminal de la línea (Estación La Floresta) un tren de ensayo traccionado por “La Porteña”, nombre de la primera locomotora que circuló en el país.
Se trataba de una máquina de origen inglés, que había peleado a su modo en la Guerra de Crimea, participando en el sitio de Sebastopol.
La “Osa Negra” como la llamaron los soldados, fue devuelta a Inglaterra tras el conflicto y luego terminó resoplando en las aún indómitas llanuras pampeanas tras haber sido rescatada por los empresarios argentinos.
Cuenta Víctor García Costa en su libro “Los Ferrocarriles”, que un tropero famoso por la fortaleza de sus caballos desafió a los hermanos ingleses Juan y Tomás Allen, quienes habían sido contratados como maquinistas y maestros en el oficio, a una cinchada con la locomotora.
“A la señal convenida comenzó el forcejeo. Cual no sería la sorpresa de los presentes al ver retroceder a La Porteña arrastrada por el caballo. Pero cuando estaban por llegar a la raya de sentencia, la máquina pegó un resoplido y avanzó resueltamente; el caballo primero quedó como sentado, luego rodó con el jinete y el lazo se cortó.
“Es que los hermanos Allen, con el objeto de gastarles una broma a los curiosos presentes y al desafiante, habían dado marcha atrás a la locomotora”.
Esta máquina, con su par “La Argentina”, determinaron la trocha de 1,676 metros, o trocha ancha, que era utilizada por los ingleses, para el primer ferrocarril argentino.
El servicio se inauguró oficialmente el 30 de agosto de 1857. La ceremonia fue presidida por el entonces gobernador de Buenos Aires Dr. Valentín Alsina, a quien acompañaron en el viaje inaugural el General Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, Pastor Obligado, Dalmacio Vélez Sársfield, Estanislao del Campo y otros invitados especiales.
El tren compuesto por vagones de pasajeros y de carga recorría unos 10 kilómetros partiendo de la Estación del Parque, sitio donde hoy se encuentra el Teatro Colón, y tenía paradas en las estaciones intermedias Once, Almagro, Caballito y Flores, para terminar en Floresta.

Una nueva era

Atrás comenzaban a quedar los antiguos medios de transporte y se iniciaba una nueva era. Para graficar la importancia de los cambios sólo basta mencionar que 32 años antes “The Rocket”, la primera locomotora construida por Jorge Stephenson, corría con sus vagones entre Stockton y Darlington a una velocidad de 40 kilómetros por hora, mientras aquí, por huellas y caminos, las galeras recorrían 80 kilómetros diarios.
Los años siguientes fueron testigos de una verdadera “fiebre ferroviaria” en el país. Entre 1870 y 1914 se construyó la mayor parte de la red argentina con capital inglés, francés y nacional, llegando a ocupar el décimo puesto en el mundo, con cerca de 47.000 kilómetros hacia fines de la Segunda Guerra Mundial.
El ferrocarril devoró leguas, creó, acercó e integró pueblos e hizo posible el extraordinario crecimiento logrado por ciudades del interior, como fue el caso de Bahía Blanca. Además afianzó a Buenos Aires, donde confluían casi todas las líneas, como nudo central del desarrollo argentino.
Las siguientes etapas tampoco estuvieron exentas de largas polémicas y debates políticos e historiográficos que aún hoy siguen vigentes.

NacionalizaciónFFCC ARGENTINOS
En 1946 se produce la nacionalización y unas 15 empresas ferroviarias fueron reagrupadas en seis líneas (Mitre, Roca, San Martín, Urquiza, Sarmiento y Belgrano), cada una de las cuales proveía servicios de carga, de pasajeros interurbanos y de pasajeros de la Región Metropolitana de Buenos Aires.
En 1958 comenzó un período de regresión, con políticas a favor del desarrollo de la red caminera que terminaron con la clausura y levantamiento de vías.
En 1965 se crea Ferrocarriles del Estado Argentino, empresa convertida luego en Ferrocarriles Argentinos, como consolidación de las líneas mencionadas y a fines de la década de los ‘80, tras sucesivos cambios en la orientación dirigencial, la situación terminó empeorando aún más, con un déficit operativo que se ubicaba en el orden de los 600/700 millones de dólares anuales, monto que al tipo de cambio vigente en ese momento se ubicaba cerca del 1% del PBI.
Las dificultades financieras se reflejaban en las condiciones del material rodante y las instalaciones: sólo una de cada dos locomotoras diesel y eléctricas (sobre un total de 1.000) se encontraba en funcionamiento y el 55% de la longitud de vías se hallaba en estado regular o malo.
Hacia 1990 el sistema parecía exhausto y la prolongación del statu-quo, según los gobernantes de turno, ya no era una alternativa viable y se procedió a su privatización en el marco de un controvertido proceso que aún hoy sigue generando fuertes polémicas.

GénesisFERROCARRILES ARGENTINOS
Fue precisamente en un ámbito vinculado a la actividad del riel, los talleres ferroviarios Bahía Blanca Noroeste, donde germinaría la semilla solidaria que posibilitó el nacimiento de la Cooperativa Obrera, el 31 de octubre de 1920.
Incluso allí también tuvo sus orígenes el 21 de septiembre de 1919 la Cooperativa de Consumos de Empleados y Obreros del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico.
Fuente: Familia Cooperativa Nº 261 Mes de agosto de 2007

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