En el bar La Colorada

Era en los años sesenta,thump_3441972a-colorada-vieja-us 1
laburo y guita corrían,
en el Bar La Colorada

y en las mesas discurrían

tomando más de la cuenta.
La espera para la estiba,
tal vez, del pique, la vuelta,
mezclaban vino y cerveza,
sudores, las crenchas toscas;
revoloteando las moscas
encurdeladas cabezas.

“En el bar La Colorada,
decía un cana en la vereda,
jugando a la pasadera

después de dura jornada
se hallaban diez masculinos,
malandras y pescadores
y algunos otros vecinos;
había ganado Flores
que ahogado en viejos rencores
quiso tomar todo el vino”

BAR LA COLORADAAllí se armaba la bronca
en seco, de los curdelas,
un empujón, uno al suelo
ya con destino de jonca.
Era el constante programa
por cosas serias o tontas;
diligente en la porfía,
el cuchillo, daba fama
y bordando filigranas
tontamente se moría.

La sangre que se vertía
resolviendo una cuestión
no afectaba el bermellón
de aquel Bar La Colorada
cuando alguna puñalada
se hundía en un corazón;
en buena ley o a traición
era la vida una taba,
se perdía o se ganaba,
para el campo o el buzón.

Y nos contaba Piraña
cuando desarmó ese bar
que llegaron a encontrar
envuelto en las telarañas
caladores ya sin brillo,
ensangrentados cuchillos
fruto de aquellas reyertas.
E incluye en el inventario
lo que creyó era osario
de varias personas muertas.

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