Antonio Campos

Nació en el barrio Gardel
a su memoria le canta
la emblemática garganta
de otro morocho como él.

ANTONIO

ANTONIO

Cara tallada a cincel,
tez morena, negro el pelo,
nacido en el mismo suelo
de nuestro Barrio Gardel.

ANTONIO CAMPOS

ANTONIO CAMPOS

Y como el Zorzal, aquel
que le diera al tango vuelo,
lo hizo romántico y reo,
le dio prestigio y cartel.

Estaba predestinado
para que en el tango fuera
figura, entre consagrados;

mas, se quedó en la vereda,
desesperando la espera,
en su barrio gardeliano… (T.D.)

En la sinonimía whitense, hablar de tango es referirse al Barrio Gardel. Sería interminable nombrar a sus valores en la música ciudadana. En el paralelismo con el tango donde hay que situar separadamente a Gardel y luego al resto, en esas pocas manzanas tangueras del barrio gardeliano, podríamos hacer dos grandes divisiones: Antonio Campos y después el grupo de excelentes cantores que produjo ese reducto de Guaite.
“Mis comienzos – cuenta Antonio – fueron allá por 1947 ó 1948, en el famoso bar Oro, de Ingeniero White, en la época de los números vivos. Lo hacía con guitarras, que eran los hermanos Castro, Pedro, Gregorio y César. Cuando Gregorio (al que le decía Yete no podía venir me decía ´te voy a traer una flor de guitarra´ Era Antonio Cortina. Todavía lo recuerdo con el cabello canoso, peinado liso…”).

Inmediatamente rescata el respeto que había “de la gente hacia la gente”

“Yo hacía el repertorio de Gardel, aunque también cantaba otras cosas de otros cantores. Pasa que Gardel fue la figura mía, el ídolo, el techo. En aquella época brillaban Ignacio Corsini, Agustín Magaldi y Carlos Gardel.”

En sus comienzos, transito los escenarios no sólo de Guaite y Bahía Blanca, sino que caminó intensamente la zona
“Pero nunca me consideré un cantor profesional. Hay que  tener un montón de cosas, vocalizar, saber música. Yo canté porque tuve muy buen oído…”
Y memora los cantantes locales de esa época:
“Estaba Tito Dávila (…) Emilio Marzano, Oscar De Rosa, Carlos Quiroga, Agustín del Río. Y entre las mujeres Norma Ríos…”
De su participación en certámenes de tango, dice;
“Recuerdo uno que se hizo en LU7, donde llegué a la final con Alberto Medina, que era de Villa Mitre. Gané y me hicieron un contrato por tres meses. Antonio Moscoloni, un boxeador ya fallecido, me llevó a LU2. Allí, me acompañaron Gianetti, Sanfeliú y Moreno.”
Otra vez el barrio, siempre el barrio:
“Yo cantaba en la vereda, en los barcos, en las esquinas. Es que trabajé toda mi vida en el puerto. A los extranjeros les gustaba con locura Gardel y también el trío Los Panchos.. Cuando cantaba en la calle, las viejas me sacaban corriendo; decían que no las dejaba dormir. Siempre hice esa vida sencilla. A mí me gustan las cosas derechas, la amistad…”

Buenos Aires tuvo fue Antonio como un imán que iba alternando su polaridad, tan pronto lo atraía irremediablemente y a poco repelía  como el monstruo devorador de las ilusiones que es.
Conoció y fue amigo del Chino Hidalgo y también del Negro Rubén Juárez., pero:
“A mi me gustaba lo mío, aquí. En el sesenta y pico, hubo otro concurso, para la televisión. Recuerdo que vinieron Rosanna  Falasca y el Chino Hidalgo. Y Juan Carlos Thorry en la conducción.. Gané, pero todavía estoy esperando que me llamen.”

Pero las cosas buenas, fueron aquí:
“…en la cantina Il Vero, nos habíamos hecho muy amigos de Jorge Sobral. Le hicimos una comida. Yo les dije: cuando Sobral entre, pongan cualquier tema de este disco. Fue bárbaro. Se emocionó. Después, cantaron el Chino Hidalgo, Caffaro, luego Tulio Angelozzi, unos temas yo y cerró Sobral…¡Qué noche formidable!”
Anteriormente, había llegado Sobral a la cantina y
“Cuando vino Jorge Sobral, con sus guitarras, a Bahía Blanca, por intermedio de la persona que los había contratado, llegaron a “Il vero”. Y cuando recibía visitas tan calificadas, Tulio las agasajaba “con todo” y las mesas se colmaban de manjares, se saturaban de vino, y la noche se poblaba de duendes alegres.
Y la sobremesa se extendía, entre comentarios chispeantes, de sucesos dignos de recordar, mientras se iban aflojando, primero las corbatas, disimuladamente los cinturones y los cuerpos literalmente tirados en las sillas… Alguien, pellizcaba una papa frita, alguna cassata se licuaba olvidada, mientras quien más quién menos, apuraba el penúltimo trago de tinto. Lo avanzado de la hora, provocaba bostezos interminables
“-Don Jorge, ésta es una casa tanguera y…” – comenzó a decir Tulio.
“ -Mi amigo, se que es un reducto tanguero, – se atajó Sobral -pero después de esta festichola, nadie puede cantar”
“.-..y como corresponde, le vamos a hacer el honor, con el crédito de la casa” – continuó Tulio, y dirigiéndose a quien tenía enfrente, invitó: “-¿Qué vas a cantar, Antonio?” – Antonio Campos se levantó de su silla y con ese vozarrón que lo caracteriza, anunció: “-Rondando tu esquina”.
“-No, mi amigo – se alarmó Sobral – con tanto morfi, usted no puede cantar…”.
A capella y con la calidad de siempre, Antonio, cantó impecablemente el tango de Charlo y Cadícamo.
El aplauso espontáneo, de todos los presentes, subrayó el abrazo que le dio Sobral.
“-¿Qué hace, amigo, dónde canta?” – le preguntó el brillante cantor platense.
“-Trabajo en el puerto y canto con los amigos” – fue la sencilla respuesta de Antonio.
“-Qué lástima! Pero si llega a alternar con nosotros, nos manda a todos a los caños. Lo felicito”-y casi incrédulo todavía agregó dirigiéndose a Tulio -“Nadie puede cantar, después de comer así! (Comentario de Tulio Angelozzi)

Se codeó con los grandes del tango:
“Una vez vino Edmundo Rivero, con las guitarras. Fue un almuerzo en el Ferroviario, pero él se quedó en el hotel. Se cuidaba. Cantamos el gordo Giorgetti y yo. Después llegó Rivero y lo escuchamos toda la tarde. Un gran profesional. A mí me gusta el solista. Es el que llena, el que atrae, por eso cuando venía Hugo del Carril yo quedaba loco. ¿Y las mujeres? Ada Falcón, Azucena Maizani, Libertad Lamarque. Una barbaridad…”

Una premisa y un recuerdo:
“Al público no hay que defraudarlo nunca. Hay que poner todo” y agrega:
Yo canté gratis un montón de tiempo, hacíamos beneficencia con la peña Gardeliana. Fueron tiempo muy lindos…”
El presente de Antonio:
“La vida me golpeó duro. Pero sigo adelante. Ahora estoy bien. Tengo una esposa, una hija y una nieta de cuatro años (*) que me vuelve loco. Y una única manera  de pensar y de proceder. Hace seis o siete años (*) que no canto con asiduidad ni me muevo mucho de mi casa, de mi barrio. Además, anduve mucho, estoy algo cansado…”
(*) Este reportaje – en base al que fue confeccionado este informe –  fue realizado y publicado en La Nueva Provincia, por Roberto Cortina Bazán, el 14 de febrero de 1994

En otro recorte de La Nueva Provincia, bajo el título En tiempo de tango, por Roberto Cortina Bazán, se lee Agasajo a Antonio Campos y dice:
“Por iniciativa de la Peña Amigos del 2 x 4 Juan Carlos Cobián y con el apoyo del Circulo Gardeliano de Ingeniero White, se efectuará el próximo sábado un agasajo al cantante whitense Antonio Campos.
La reunión se efectuara en las instalaciones de COPEL y se iniciará a las 21:30 constando de comida, baile y espectáculo. En el último caso, participará  el conjunto de la Peña del 2x4que orienta el músico bandoneonista Hugo Marozzi, con Juan Carlos Polizzi, teclados; Miguel Ortiz, violín; Enrique Verdini, bajo y Mario Sierra, bandoneón. En la parte cantable participarán Roxana Soler, Roberto Del Barrio, Héctor Ortiz y Juan San Román.”

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