Aníbal Vitali

Aníbal Vitali

Aníbal… bandoneón. Flor nacarada
esparce sus bemoles, puebla el aire,
marca un silencio, y sangra, sin cortarse,
su música ritual, patentizada.

ANÍBAL VIATLI Y DANIEL ROBLES

ANÍBAL VIATLI Y DANIEL ROBLES

Aníbal bandoneón, vibra en sus manos:
la vida y silencio, el drama y la gloria…
Aníbal… como el Gordo… tango y rapsodia
Aníbal del ayer… sonoro hermano.

Aníbal silencio… Aníbal murmullo…
Aníbal del tango y la sinfonía,
de Albéniz, Beethoven , de los muchos días.
Aníbal silencio… Aníbal arrullo.

Aníbal pentagrama… Aníbal topacio
de teclas que manos, ánforas comparten
la mundología que lírica imparten:
fraseo y acordes en un mismo espacio.

Aníbal del tiempo, que gime y se acuna;
retablo de arrabal, de aldea y leyenda;
que ni la “Cruz del Sur” marcó su senda,
y se desgrana igual… a sol o luna…

Aníbal… bandoneón, lujuria y llanto;
el maestro digita… y cuando entona,
se estremece la gleba figurona
y enternece al insensible con su canto.

(Y ahora, Aníbal, que quedamos solos…)

Estruja tu bandoneón!… Bríndanos su aria!…
Ancestro de leyendas, sin fronteras
y su registro bardo ligará en quimeras.
la tragicomedia para la plegaria.

Aníbal del tiempo… Aníbal… frasea!
Acaricia al niño que duerme en tus manos,
preludia en el fuelle los aires lejanos,
y soñemos juntos con viejas aldeas.

Y al compás de tu ensueño y entre sombras,
con fraseo espectral, “molto mordente”,
vuélvenos al amor… mágicamente…
y al recuerdo ése… que ya ni se nombra.

Vibra con tu musa… Aníbal… estalla…
Cúbrelo de acordes al tiempo perjuro…
emerge, arpegiando tu lirismo puro…
y enciente tus teas por Manuel de Falla…

Gime tu Sibelius al callado abuelo…
Puéblanos de sones con tu niño alado…
¡Despliega en tu oruga la faz de Granados…!
¡Préndele tus alas!… ¡Que remonte vuelo!…

Hugo Rubén BERMUDEZ
Bahía Blanca, Octubre 16 de 1980

“Este barrio tuvo muchísimos bandoneonistas aficionados, obreros humildes que a la noche daban sus serenatas. Mi abuelo, que tenía su banda de italianos, fue profesor de música. Crecí con ese entorno al que se sumaban las famosas kermeses y los partidos de fútbol entre Sportivo Noroeste contra Sixto Laspiur o El Danubio. Ahora están mis amigos y mis nostalgias” – y el recuerdo se estira en su infancia, en el barrio Noroeste – “¡Barrio de estirpe tanguera como no hubo otro!” – se entusiasma y se le iluminan los ojos, cuando afirma – “Se encontraba un fueye en cada esquina en las cuadras que abarcaba el barrio y se extendía hacia el barrio San Martín. Y no le erro si digo que por lo menos había unos cuarenta bandoneonistas, en ese grupo de familias humildes, de empleados de los talleres ferroviarios de Bahía Blanca Noroeste”.
Aunque nació el 30 de diciembre de 1924, su abuelo insistió y logró que lo registraran el primer día del año 1925. El motivo posponer un año el cumplimiento futuro del servicio militar obligatorio “Era el mayor de toda la clase” comnta risueño Vitali. Sus padres María Luisa Bedini y Pedro Vitali, tuvieron, en la casa de Bolivia 725, una celebración distinta.

Concurrió a la escuela Nº 97 de la calle Malvinas hasta cuarto grado, para completar el ciclo primario en la escuela Nº 11 de Rondeau y Sixto Lapiur, mientras concurría al oratorio de La Piedad, donde tomó la primera comunión.
Sus comienzos musicales le llegan desde su mismo ámbito familiar, ya que su abuelo paterno enseñaba música en el Colegio La Piedad. Había integrado una banda, donde también estaba el padre de Aníbal, que tocaba el bombardino, instrumento de viento de sonido grave.
A los diez u once años, aproximadamente, su papá le compró en treinta pesos un bandoneón Doble A, de color rojo, iniciando sus estudios con don Juan Pugliese, quien le impartió las primeras lecciones y al poco tiempo lo hizo con el profesor de bandoneón, teoría y solfeo, maestro Olivo Parcaroli. Más adelante los continuó con los maestros Pedro Buscarini y Marcelo Tomassini. Y también adquirió sólidos conocimientos de piano, guitarra y violoncello con el maestro Rodolfo Bagnatti. Cuando estudiaba con Parcarolli, el maestro le sugirió que cambiara el instrumento por uno más moderno y se encargo de encontrarle comprador, en la localidad de Allen, por la suma de $120.
En Casa Maffi, compró el nuevo bandoneón recomendado, con el que tuvo muchos problemas y por fin debió reemplazarlo… Hoy Aníbal Vitali, añora aquel Doble A de color rojo y sueña con poder reencontrarse algún día con él
Debutó a los quince años en el desaparecido bar Costa Rica, integrando un conjunto de mujeres. Reemplazaba a la bandoneonista y por su trabajo le pagaban nueve pesos diarios. En esa época era muy común la actuación de conjuntos de señoritas, provenientes de Buenos Aires y Córdoba y cuyo repertorio constaba de tangos y valses. Poco a poco fue integrando tríos y cuartetos de tango, para tocar en bailes de clubes y en LU2 Radio Bahía Blanca, que por entonces tenía sus estudios en Donado 25. El cantor era Tito Dávila. Actuó con Avelino Príccolo, Héctor Silva, Carlos Amado y Luis Bonnat, entre otros. Hasta que formó sus propios grupos para amenizar bailes dentro y fuera de la ciudad. También realizó una gira por Chile, integrando la orquesta de Augusto Gothier, que fuera el segundo vocalista de Osvaldo Pugliese. Viajó con el violinista Ricardo Alday, también bahiense.
VITALISi bien Vitali se dedicó mucho tiempo al tango, no quiso quedarse con ese género. Por eso siempre le interesó estudiarlo a fondo y no imitarlo. El mismo ha dicho que mucha gente que ha concurrido a sus recitales se asombraba de que con el bandoneón se pudiera interpretar a Frescobaldi, Bach, Mozart, Albéniz, Schubert y Bartok. Precisamente esa fue su gran inquietud y surgió cuando conoció en Santiago de Chile a Alejandro Barletta y dos años después se reencontró con él en Bahía Blanca. Luego vino su acercamiento a Antonio Ríos, lo que le sirvió para ratificar su idea de que había que estudiar seriamente el bandoneón para ejecutar muy bien la música que le interesaba.
Durante muchos años ha estado enseñando sobre la base del programa del Conservatorio “Manuel de Falla” de la Capital Federal , con una metodología que ha incluido la adaptación de obras de los más grandes clásicos, para luego incorporar tangos de Joaquín Mora, Juan Carlos Cobián, Julio De Caro, Aníbal Troilo y Ástor Piazzolla, arreglados para bandoneón. Para Vitali, Alejandro Barletta ha sido uno de los más completos que jamás haya escuchado, porque interpretó la música universal con un dominio total.
Como ejemplo de músicos que han jerarquizado al bandoneón dentro de lo popular, Aníbal cita a Ástor Piazzolla, Leopoldo Federico, Rodolfo Mederos, Dino Saluzzi y Néstor Marconi. Y en el ámbito local, a Antonio Volpe, a quien siempre admiró por su vocación de no detenerse, buscando siempre la renovación destacando una mención especial para Humberto Bruñini, un artesano de primera calidad en la construcción de bandoneones que superan a los famosos alemanes “AA” y bien podrían haber sido bautizados “BB”, en homenaje a la ciudad.
Anduvo por Buenos Aires, donde tocó en Radio Splendid con la orquesta de Zabalita. Volvió a Bahía Blanca, donde actuó en el famoso y desaparecido Tronío. El cantor era nada más ni nada menos que Jorge Maciel. Acompañó a Francisco Fiorentino, a Mercedes Simone, a Charlo, a Hugo del Carril, a Alberto Marino, a Guillermito Fernández, a Claudio Bergé y a muchos otros. Sus autores preferidos han sido Juan Carlos Cobián, Aníbal Troilo y Ástor Piazzolla. También con su bandoneón Vitali ha acompañado a voces tan diferentes como las de Roberto Achával, Héctor Ferri y Gloria Díaz.
En materia de enseñanza, no sólo lo hace con el bandoneón, sino con violoncello, guitarra, piano y flauta dulce. Y por el año ‘93, integraba un cuarteto con Germán Ribero, César Inchausti y Mario Grossi, a quien considera el mejor violinista que pasó por Bahía Blanca.
Aníbal Vitali ha compuesto diversos temas, entre ellos:
“A ti, mujer” (Héctor Rom)
“Adiós, Mireya” (Perrone-Caruso)
“Alma y corazón” (H.Rom)
“Amigos del alma” (Sueyro)
”¡Aquel Shorito”
“Adiós Lungo”
“Canción a la “Dulce Alicia” (Stagno),
“Caricatura” (T.Diez)
“Color del tiempo”, un tango con letra de Segundo Fernández, premiado con mención de honor en el Tercer Festival Odol de la Canción (1967)
“Dicha imposible”
”Dulces horas del ayer”
“En las vías”
”El Rey Tulio”(TinoDiez)
“Huguito” dedicado a su hijo
“Ingeniero White”, (Héctor Rom)
“Lluvia y romance” (Arévalo)

“Los fueyes del Noroeste” (Tino Diez)
“Meditando en silencio”
“Merengón”
“Milonga para Esteban”

“Milonga para ´Melon´” (Tino Diez)
“Mi viejo almacén”, tango (Moisés Tarchitzky).
“Muy cerca”,
“Nuevo bolero, bolerón”
“Para ellos”
“Punto final” (H.Rom)
“Río y Sol” (danza argentina), en homenaje a Villalobos
“Samba siete”
“Sentimiento” (Alsina)
“Ser niño es lo que quiero” tango (Moisés Tarchitzky)
“Será un motivo”, tango (Alsina)
“Sesenta primaveras” (Sueyro)
“Sin rencor” (H.Rom)
“Suspiros de dos enamorados” (Nuñez)
“Tiempo de sueños”
“Tinieblas en el mar”
“Tu Bob”
“Tu viejo jazmín” (Álvarez)
“Valserito”
“Vidala pobre”
“Vivencias” (Sueyro).
“Vivir un instante”, canción (Arévalo).

Los nombres entre paréntesis indican a los autores de las letras.

Se reprocha una deuda pendiente con su barrio tanguero: “Un tango para su barrio”. Pero es tanta la carga nostálgica, como regresar a la casa donde nació, para sentarse bajo la higuera y reencontrarse con esas noches de verano en las que Pedro, su papá, convocaba a los vecinos para que escucharan cómo el pibe tocaba el bandoneón.
Y las reuniones entre mate y mate, siendo aun un pibe, deleitándose entre cinco o seis fueyes mayores que desgranaban tangos, entre el humo de los cigarros negros, que le impregnaban las pilchas de tangos y tabaco…
Su primera novia y el recuerdo emocionado, cuando descubrió lo perdurable que fue aquel primer beso… El lugar de ese encuentro que le parece mágico cuando lo vuelve a transitar…
Los encuentros bajo el farol esquinero, con la barra de amigos, que muchas veces terminaron en amistosas y no tanto riñas que le dejaban algún magullón o un ojo en compota.
Y esa deuda que parece inalcanzable con su barrio: “Habría que encontrar a la persona indicada para hacer la letra. Pero no es fácil. Un tango necesita tener primero la música y sobre la partitura, siguiendo sus tiempos, su estructura, sus silencios, alguien que conozca de música y de poesía, pero por sobre todo que sepa del barrio, de cada adoquín que no está, de cada árbol languideciendo al caer las hojas y volviendo a reverdecer en primavera, de aquellos fuelles impacientes por participar,-su mirada se ilumina recuperando la ternura de los doce años, mientras continúa entusiasmado – de cada rincón, de los sabañones en invierno, de las calurosas tardes de enero, del primer beso en la primaria, la novia de la infancia, las serenatas de las lunas de septiembre, la casa paterna, de mi vieja y mi viejo, los pitos de los talleres llamando o despidiendo a los obreros ferroviarios…Los patios con parrales cargados de uvas, tal vez con higueras, acaso con tunas pletóricas de brevas…De la vieja llamándome en lo mejor del picado. No, no puedo hacer un tango simplemente para liberarme de una promesa que no hice. Tiene que ser ´el tango´, que exprese con que alegría recibí el Doble A rojo que me compró mi viejo… Y como se las habrá arreglado para pagar los treinta pesos que ese fueye le costó… El desgarrón que sufrí cuando tuve que venderlo, solamente comparable a despedirse para siempre del primer amor…El calor incomparable de las cocinas a leña, donde me acurrucaba para repasar las letras en ´El alma que canta´ o tal vez el ´Patoruzú´ semanal, quizás repasando las lecciones para el día siguiente, de la hermosa fealdad del barrio, o la agridulce sensación de la nota de la maestra en el cuaderno. Esos pequeños rasguños que nos parecían heridas sin esperanza de cicatrizar. Y después el deambular con el bandoneón y el tango, por salones y pueblos del país, y repetido correr del tiempo que alejó tanto la etapa feliz de mi infancia… ¿Cómo puedo hacerlo? ¿podré hacerlo?”
Y el tiempo siguió andando, Aníbal Vitali, con su fuelle a cuestas, y la música en el alma, transfirió a infinidad de ejecutantes de instrumentos musicales de los conocimientos, que nutren las distintas disciplinas musicales en todos los géneros..
Hoy con 82 años continúa su labor musical y autoral – que llega a los cuarenta y pico temas – y conduce el “Tango Trio”.
Justamente la charla que da base a esta nota, se llevó a cabo previo a un ensayo con la cantante del trío, de un tango musicalizado por Vitali y letra del Dr. Eduardo Giorlandini, dedicado al club “Liniers” y un segundo tango con el título “Navidad” cuya letra es de la doctora Evedith Hosni y la música de Pedro, unos de los hijos del doctor Giorlandini
Fuente: Datos aportados por mi gran amigo Juan Carlos Ocaña y el propio Aníbal Vitali.

Para escuchar y ver al maestro Vitali hacer “click”

en Quejas de bandoneón en Canaro en París en Palomita blanca en Anclao en Paris

en Ave María en Czardas

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