Ernesto “Cacho” Paro

Un “Cacho” de culturaCACHO PARO AUTOR

El mar que rompe su espejo
en las redes pescadoras,
el gol, en la atronadora
veintidós, por el festejo.

De aquel White de tan lejos
que se recuerda y se añora,
en tus cuadros se atesora
de su cultura, el reflejo.

Es enero del siglo que amanece
estridentes, de luces policromas
que estallan, juegan, languidecen

y tu quieto pincel, ya nada toma.
A todos nosotros nos parece
que no te fuiste, es otra de tus bromas.

Tino Diez

Cada rincón tiene personajes que lo hacen singular, lo identifican y le dan características peculiares. Por eso, cuando coinciden el ingenio repentista, la habilidad artesana y la loca bohemia, subrayada por el culto a la amistad, surge, para nosotros, Cacho Paro.
Y la dimensión de su trascendencia, todavía no podemos mensurarla, ya que quienes lo tratamos en mayor o menor medida, estamos limitados por nuestro cariño y admiración por nuestro amigo.
Por eso, sus amigos, tratamos de recordarlo a través de sus
anécdotas.

EL ARTISTA
Muchas de sus obras que adornan calles, negocios, patios,
reparticiones oficiales o que participaron en homenajes a notables de White, envejecen casi olvidadas o se perdieron por la indiferencia de sus tenedores.
Su espíritu creador, en cualquier momento, generaba caricaturas o verdaderas historietas de situaciones, donde sus amigos se reconocían por el dibujo y por las muletillas, que Cacho, agudo observador, sabía retener y que se le iban prendiendo como los “músculos” que ya no están en los bajo-muelles.
Sus compañeros de trabajo, muchas veces lo reemplazaban en sus tareas, permitiéndole que liberara su inspiración a través de dibujos, cuadros o murales o que inventara alguna de sus picardías.

RECONOCIMIENTO
Intervino en los Torneos Abuelos Bonaerenses, en Mar del Plata, donde fue reconocido por un importante premio, por sus realizaciones plásticas.

GATO CANTOR
Varios chicos rodeaban a Cacho, tratando diversos temas, en
especial el fútbol y Comercial, hasta que sorpresivamente les
preguntó: ”Ustedes vieron alguna vez, un gato cantor?” entre
flequillos despeinados o cabezas inclinadas, aparecieron ojos que brillaban, como diciendo “ somos chicos del 2000”.“Ah, no me creen, les voy a presentar al primer gato cantor, y es de Guaite” usando la fonética que empleamos para denominar a nuestro pueblo. Volvió con un pequeño gato: “Ahora van a ver que no miento.” Cacho comenzó a cantar “Danubio azul….!!!” y seguidamente presionaba la panza y
le pellizcaba las orejas al micifuz, que maullaba “Miau, miauuu…miau, miauuu…” , pareciendo acompañarlo.
Carcajadas y aplauso general de los chicos.

CURANDERO?
En cierta oportunidad sutilmente deslizó que, luego de pacientes estudios y ejercitando prolongados períodos de concentración mental, había conseguido encontrar solución a algunos problemas de salud.
Así fue que una tarde llegó a su puerta un vecino – de quien no tenía suficiente conocimiento personal – desencantado con los médicos que no habían conseguido aliviar su problema de gota.
Cacho, sorprendido, lo recibió, en principio, sin saber que hacer. Lo buena persona, que sin duda era, estuvo a punto de empujarlo a sincerarse con su convecino, contándole que se trataba de una de sus habituales ocurrencias, surgidas entre copa y copa.
Sin embargo, por el mismo sentimiento – lo vio tan desesperado-, se creyó obligado a no negarle a ese amigo, mantener la esperanza de encontrar un paliativo a tal dolorosa enfermedad. “Mientras voy a buscar lo necesario – le indicó – sacate el zapato y la media y andá pisando con el pie desnudo, la parte de tierra de la vereda.
Buscó en su lugar de trabajo y rápidamente eligió un martillo grande y un enorme clavo “cuanto más oxidado mejor” – comentó a su “paciente”.
Colocó en la tierra, cerca del dedo afectado el clavo y entre martillazo y martillazo, se persignaba, juntaba las palmas y las elevaba al cielo, se arrodillaba, mientras pronunciaba extrañas palabras, que sonaban parecidas a las que contienen ciertos
rituales divinos o paganos. Cuando el clavo desapareció, simulando fatiga, balbuceó “¡Ya está!!”
Grande fue su sorpresa cuando escuchó a su vecino decirle que ya no sentía ningún dolor.
Algunos días después, un amigo suyo que padecía el mismo mal, enterado del hecho, le pidió por favor que tratara su afección.
Cacho decidió “para la pelota” y disculparse “Vos sos mi amigote no te puedo engañar”.

EL DIARIO
Con sus compañeros de trabajo, compraban el diario en forma alternada. Cuando le correspondía a Cacho, por supuesto él lo leía primero y llegaba a manos de sus compañeros con el valor agregado de su chispa. No quedaba título sin su complemento jocoso, ni fotografía si su respectivo globo y el diálogo que sugería la situación.

EL SILBIDO DEL ÁNIMA
No solo pintaba con los pinceles, su labia y su imaginación sin
fronteras, también dibujaba historias inverosímiles que lograba
simplificar a niveles creíbles.
Una noche, cuando se preparaban para dormir, en la draga en la que trabajaban, contó la leyenda, según la cual, el alma de los tripulantes de cualquier tipo de embarcación, permanecía en la misma luego de una muerte traumática y se manifiesta en noches de luna llena, “como la de hoy” agregó al pasar y como restándole importancia completó “en ésta draga, hubo un accidente, donde murió un pobre hombre” y se dispuso a dormir como dando por terminada su historia.
“Cómo se manifiesta?” – esperando la pregunta supo que el anzuelo se acercaba a su presa. -“Y – respondió Cacho, mientras se tapaba – con silbidos agudos, que a veces se confunde con los del viento y otras veces más nítidamente, haciendo sonar la campana en plena noche. Pero es tarde y tengo sueño, mañana la seguimos”.
Cuando la quietud de la noche acentuó el ritmo de la respiración, estremeció a todos el estridente sonido de la campana, que recorrió la piel de todos, en ese camarote. Cacho simulaba dormir profundamente, de a uno se asomaron para paralizarse al comprobar que la campana tañía solitaria, iluminada a pleno por la luna llena y su reflejo en el mar.
Cacho sonreía complacido. Había trabajado varias horas, instalando los treinta y pico de metros de tanza, desde el badajo de la campana hasta su camastro, desde donde tironeando hacía reverberar los ecos fantasmales de la tradición marina.

ALUVIÓN REPOSTERO
La convivencia de grupo hacía que cada cual se dedicara, fuera de su labor específica, a distintos menesteres para hacer más
llevadero el tiempo que pasaban juntos.
Uno de ellos era un interesante cocinero y repostero. Anunciaba losresultados de sus platos con frases como “pa´chuparse los dedos
La destinataria de la frase había sido en esa oportunidad una
importante torta. Con acentuada habilidad dispuso los ingredientes, realizó la mezcla prolijamente y una vez lista la preparación controló la temperatura del horno y cuando estimó que todo estaba en condiciones colocó la torta a hornear, cerró la puerta y juntando los dedos de su mano derecha, los besó, como para subrayar la excelencia del manjar, entre el abucheo general, del que extrañamente no participó Cacho.
Luego de un rato, comenzó a percibirse el olor característico de la horneada que, de a poco, fue reemplazado por otro más fuerte, agresivo, penetrante como de algo que se chamusca.
El repostero, abrió la puerta, para contemplar alarmado que el
horno estaba ocupado totalmente por la masa de la torta.
Cerró la llave, con esfuerzo retiró como pudo el molde y parte del engendro, mientras trataba -con cucharas, con espátulas y con lo que encontraba adecuado- de limpiar las paredes del horno , vio sobre la mesada, vacía, la lata de polvo de hornear que había comprado esa mañana.
Cacho, con la mejor cara de inocente que podía lucir, hacía mutis por el foro.

Diez para el mango

Creciste en barrio de tango
y fuiste un cantor cabal,

tu suerte no fue cordial,
faltaron diez para el mango.

Comenzaste dibujando
allá en el barrio Gardel,
y con beca a tu pincel,
faltaron diez para el mango.

Pero seguiste pintando
y estos cuadros son testigos
del sentir de tus amigos
te sobran diez para el mango.

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