Atilio

01-fw-el-puerto-atilio-miglianelli-avi-imagen-fija001Este personaje de la historia whitense fue buzo de la ex compañía de energía DEBA y propone crear un recorrido por las cañerías subterráneas del edificio de la vieja usina: “Me gustaría que esos túneles se conviertan en un paseo, en una especie de turismo aventura”. Atilio Miglianelli tiene 73 años y una rodilla que “ya no me responde bien”. Sin embargo va al frente de la pequeña caravana de tres y sortea el barro, los yuyos, los pozos y las piedras con más velocidad y entusiasmo que ninguno. “Acá vienen los pibes a pescar. Cuando era chico yo también venía y ahora vuelvo de vez en cuando para charlar solo”, dice. El lugar es la costa que está detrás de la vieja usina de Ingeniero White, donde este singular personaje trabajó desde 1954 hasta 1990 como empleado de la antigua distribuidora de luz, la Dirección de Energía de Buenos Aires (DEBA).

“Mi nombre completo es Santiago Atilio Miglianelli, nacido en Ingeniero White. Poca gente me conoce por mi primer nombre, para la gran mayoría soy ´Atilio´. Tengo un hijo que vive en San Antonio y una hija que vive acá al lado momentáneamente, ya que se está haciendo su casita en la otra cuadra; además de cinco nietos hermosos. Mención especial para mi señora que me aguanta porque salgo, vengo, no paro nunca, me pongo a conversar con la gente…” Atilio primero fue peón y después empezó a trabajar como buzo. Su tarea era meterse en los túneles para limpiarlos y, cuando correspondía, arreglar lo que anduviera mal. Para que la nostalgia se convierta en algo productivo, tiene una idea: “Megustaría que esos túneles se conviertan en un paseo, en una especie de turismo aventura. A mí me parece que puede ser atractivo“. El proyecto de Atilio es transformar las cañerías subterráneas del edificio en un fabuloso túnel del tiempo.
. Pero su idea no se queda ahí. “También sería atractivo hacer un paseo por las vías del tren que llevaban las cargas hasta el elevador de chapa. Desde ahí se podría hacer una pasarela y la gente podría ver el mar, los barcos hundidos...”. Antes de entrar a trabajar en DEBA, Atilio fue uno de los que cargaban los barcos en el puerto. Conoce cada rincón de aquel puerto que tenía miles de personas “hombreando bolsas” para llenar las naves que partían al mundo con los productos argentinos. “En el muelle siempre quedaban los músculos negros. Los sacábamos y después los comíamos fritos con ajo y perejil: para mí, el plato más delicioso que hay”. Dicen que los sabores y los olores no se atilio-10fqgfyfu71e3uybj60ub92sw7x1mze4jaz3bpx1zdwur0e2olvidan. Que traen recuerdos. Por eso será que este viejo lobo empezó a ponerse nostalgioso después de acordarse de “ese plato delicioso”, ayudado por el olor a mar que le pegaba fuerte parado en la playa en esta tarde fría de agosto. Atilio anduvo por el tiempo: el mar, el “Tren de la Marea”, la costa, los amigos, los partidos de fútbol esquivando cangrejos… “Cuando yo era chico vivía en calle Cárrega y desde mi casa mirabas para el mar y se veía pasar los barcos. Es cierto que a veces la casa se inundaba y había que poner las camas sobre cajones, pero el agua de mar es noble porque viene y se va”. –“Recuerdo que pasé una niñez con una pobreza tremenda, pero con una felicidad inmensa, porque me acuerdo que el que tenía puerta en su casa ya era millonario y nosotros teníamos puerta de bolsa. Entre todos los conventillos que viví, recuerdo que, en uno de ellos tres familias lo compartíamos, me acuerdo lo inmenso que era el patio. Pasé un tiempo en uno ubicado en calle Cárrega que subía la marea y teníamos que poner las camas arriba de los cajones de pescado porque el agua llegaba; pero la nobleza del mar es que el agua baja y sube, a diferencia de la inundación que arrasa sin miramientos. En los conventillos se daban situaciones bastante particulares, porque en cada uno de ellos habitábamos tres o cuatro familias que sumábamos alrededor de 30 personas; recuerdo que vivían italianos, como el caso de los Toscano, vivían criollos, era un mundillo aparte y muy respetuoso.” Aún en la adversidad, está agradecido por una infancia, juventud, adultez e incipiente vejez junto al mar. “Antes había muchas playitas en las que la gente se bañaba. Estaba Maldonado, Colón, La Alcantarilla, la playita de la ESSO, Galván, el club de Pesca, el Boulevard, el Saladero. Algunas con casillas, baños y cantinas. Pero todo se fue perdiendo. Ahora las costas están ocupadas por empresas. Por eso no estaría mal recordar algo de aquello. No sé porque no conservamos lo que podemos para que lo vean las nuevas generaciones”, dice. “A los 11 años tuve que abandonar la escuela y salir a trabajar. Mi primer empleo fue de repartidor de carnicerías, una de ellas la de Pedro Zubini (que estaba fusionada con la de “Cholo” Pellegrini) y la de Luciani; además trabajé como repartidor de hielo, cuando casi no había heladeras eléctricas, las pocas que existían se las encontraba en algún que otro negocio pero incluso a la mañana a éstos se les llevaba tres o cuatro barras de hielo y a la tarde te pedían más, además de repartir casa por casa y en el boulevard. También fui lustrabotas, tarea que hacía en horario nocturno en los bares que tenían, para ese entonces, una tarima y arriba vitrolera y la gente te pedía tangos de Magat, Magaldi, Gardel, Ignacio Corsini, más adelante Edmundo Rivero, entre otros.” No quiere olvidarse de los nuestros, los de Guaite: “Eran bárbaros, por nombrarte solo algunos, sé que me voy a olvidar de otros, pero “Cacho” Crudeli, Boccanera, Antonio Campos,”Nené” Cabezas, Flori Genovali, su hermano, todas muy buenas voces.(…) con Antonio Martinich[Antonio Campos] íbamos al Puerto y entonaba debajo de la bodega llena de humo, de trigo con su voz potente. Con Antonio trabajé desde 1949 hasta 1954 en la empresa eléctrica. Es más, cuando volvíamos del cine, nos parábamos en la esquina de la cancha de Comercial, donde está el almacén de Alonso y cantábamos tango hasta las tres de la mañana.” Atilio tenía sus costumbres. “Trabajaba en la empresa de luz de 6 a 13. Cuando terminaba, me iba a casa, comía algo y salía. Caminaba por el barro y después nadaba hasta Galván. Si me cansaba me tiraba un poco para adentro y la marea me llevaba”. Una de las diversiones de la infancia era hacer huecos en los cangrejales cuando bajaba la marea. “Una vez hicimos uno de dos metros: corríamos, nos tirábamos de panza y nos caíamos al pozo. Esas eran las diversiones cuando éramos chicos. A pesar de la pobreza, fue una buena infancia“. Cuando llegó a los 15 ó 16 años empezó a ganar su dinero trabajando en el puerto. Y a los 21 ya estaba en DEBA. Ahí conoció el fondo del mar. “Nos metíamos con escafandra y desde arriba nos enviaban el aire por una manguera”. Dice que ser buzo tiene sus dificultades y que hay que saber cuidar la salud. “No es fácil. Hay que compensar el oído y la respiración para no marearte. Además, a veces, cuando estábamos cerca de los barcos golpeaban la manguera, se quedaban enredadas y no nos llegaba el oxígeno. Ahí hay que quedarse tranquilo y no desesperarse porque es peor“. Dice que nunca tuvo miedo de bajar ni de encontrarse con algún animal que pudiera poner en riesgo su vida. “La verdad que los peces siempre se alejan de uno. Además acá no hay tiburones, sólo algunas rayas que pueden tener la cola peligrosa, pero no atacan, se van. Los animales son nobles“, dice a la vez que mira a su loro, que por supuesto no hablará ni mostrará ninguna de sus habilidades delante de los invitados. “Antes iba siempre a la cancha, era una pasión. Ahora ya no voy tanto porque me comprometí con la Casa del Espía. Pero me encanta el fútbol y por supuesto Comercial. Ahí jugué al fútbol”. –“Para mi era mi segunda casa. Iba al muelle Nacional a pescar a cualquier hora del día y te puedo asegurar que sacabas, lo mismo que en el muelle de Hierro (al que le decían el triángulo) donde se buscaban cornalitos; le ayudaba a los pescadores a descargar los cajones. Más adelante les proveía a las lanchas pesqueras de carne. Uno mismo se bañaba en los balnearios, eso ahora, con los adelantos, fue desapareciendo.” –“Te cuento una anécdota, vivía en un conventillo en la calle Plunkett a la vuelta de San Martín. Corría el año 1950, trabajaba en DEBA y salía a las 13 horas, almorzaba y rápidamente me iba a Galván y cuando la marea estaba baja venía hasta lo que es actualmente el Club Náutico, donde estaba la bomba de Comercial, cruzaba el barro e imaginaba que alguien podía estar filmándome y la paradoja es que con el tiempo hago el desembarco de Colón“ (*) Atilio Miglianelli es un hombre identificadísimo con Ingeniero White. No debe haber una sola persona que no lo haya visto pasar con su bicicleta rumbo al gimnasio o que no recuerde cuando hizo de Cristóbal Colón en 1992, durante un desembarco conmemorativo del V Centenario del Descubrimiento de América. El hombre de barba blanca y ojos azules pasa los domingos en la Casa del Espía frente a la vieja usina de White, donde es uno de los anfitriones de ese rincón lleno de recuerdos y misterio.
Del reconocimiento con la gente, orgullosamente dice: “Tal cual, dicen Atilio y lo asocian con Colón. También me gritan Papá Noel, cuando paso por la Escuela Técnica los chicos me gritan “Popeye” y la verdad que me gusta y enorgullece. Pero volviendo a los recuerdos, me acuerdo de los trenes, que los de segunda eran de madera y los de primera de cuerina, que, a la hora de pleamar venían hasta 18 vagones llenos de gente.” -”Le debo todo a White, tengo mucho afecto por la gente que vive acá. Tengo un refrán para los que vivimos aquí: “discutís con un vecino y al rato le vas a pedir un trozo de pan y te da dos (…) Para mi es un pueblo único, cuando me preguntan siempre digo vivo en el país de White”.
Nació el 26 de diciembre de 1933 y está casado con Stella Maris Botta desde hace 38 años. Tiene dos hijos: Facundo y Paola, que le dieron cinco nietos, Macarena, Milagros, Branco, Facundo y Martiniano. -”Estoy jubilado, voy al Club Náutico en el que soy socio vitalicio, colaboro con el Museo de Ferrowhite. Siempre me gustó colaborar con las instituciones; fui presidente de la Escuela Técnica alrededor de siete años, el primer presidente de la Escuela de Formación que está enfrente de la Técnica; organicé, desde la Sociedad de Fomento, las primeras fiestas del Camarón y el Langostino; fui vicepresidente del Club Comercial, presidente de la Comisión de pileta y bañero trabajando ad honorem porque para mi era una satisfacción.
Atilio: ciento por ciento ría; ciento por ciento mar; ciento por ciento Guaite.

Artículo basado en: http://ingenierowhite.com/atilio-miglianelli/ Muchas gracias!!

(*) Ver video del desembarco comentado en:

http://www.facebook.com/#!/video/video.php?v=1345021307946&oid=328883787317

Un Comentario to “ATILIO”

  1. Giovanna Dijo:
    30 Noviembre , 2008 a las 21:55 e

ATILIO SIEMPRE TE VOY A RECORDAR, PARA MI ES UN INMENSO DOLOR EN EL CORAZON SABER QUE YA NO ESTES CON NOSOTROS, FUISTES Y SERAS UN HOMBRE BUENO, COMPARTIMOS BUENOS MOMENTOS, AUNQUE NO TE VEHIA MUCHO PARA MI FUISTE UNA PERSONA EXELENTE, Y AL ENTERARTE QUE MAÑANA VA A SER 1 AÑO QUE YA NO ESTAS CON NOSOTROS ME DUELE EL ALMA, SE QUE DONDE ESTES, ESTAS BIEN AUNQUE UN POCO AFLIGIDO DE NO PODER ESTAR AQUI, Y HACER LO QUE HACIAS Y ESTAR CON TU FAMILIA, ACABO DE HABLAR CON TU ESPOSA, SIEMPRE TE A RECORDAR COMO EL MEJOR,PADRE, COMPAÑERO, SOLIDARIO, HONESTO, ETC. AMIGO ATILIO TE VOY A RECORDAR TODA LA VIDA. DESCANZA EN PAZ.

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