Y si alguna deuda chica, sin querer te has olvidado…

El 23 de enero de 1970, juntamente con mi gran amigo desde entonces, Vicente, ingresamos a trabajar en la Caja de Crédito Bahiense. Estábamos listos para empezar a trabajar el día anterior, pero nos pusimos de acuerdo, para ese viernes, ya que nos conocimos, en los consultorios donde realizamos los estudios preocupacionales. Juntos nos presentamos en el local de la calle Moreno, frente al correo, donde entregamos a una amable señorita, que después supimos se llama Gloria.
-Vamos a empezar el viernes – me propuso Vicente – así, si es muy difícil el trabajo, tenemos un fin de semana, para recuperarnos.
Ahí encontramos una pléyade de personajes de todas las características imaginables. El irascible, el componedor, el bohemio, el artista, el langa, el que vivía sobresaltado por las deudas, etc. Los jefes eran amigables y laburaban a la par nuestra.
Tengo fresca en la memoria, una anécdota de esos primeros días, en la Caja. La CGT decretado un paro y luego del cierre de atención al público, me llamó el gerente; Jorge, un personaje para el bronce.
Me preguntó si sabía del paro programado y ante mi afirmación, cuando imaginé que venía un apriete, para que no me plegara a la protesta, me dijo:
– “Quería decirle que sea cual fuere su decisión, trabajar o parar, no va a tener ningún problema con esta gerencia, ni con ninguna jefatura”.
Esa postura se mantuvo inalterable en los años que me desempeñé en el movimiento cooperativo.
Volviendo a los especímenes, esbozados anteriormente, me voy a detener en dos de ellos, solteros y viviendo a salto de mata. Sacando vales de adelantos de sueldo, en forma reiterada, a tal punto que en cierto momento el contador, analizando el otorgamiento de anticipos, verificó que los dos habían cobrado por adelantado casi tres meses de sueldo.
Llegó la orden. No más vales indiscriminados y ultimatum a los incursos en esta circunstancia, a que vieran la forma, en el curso de ese mes que promediaba, para dejar normalizada la situación. La solución llegó por parte de aquellos que no usaban la práctica de los vales de anticipos de sueldos, a cuyos nombres se repartieron los vales de ambos y tramitando los causantes un crédito, para saldarlos en el próximo mes.

Uno de ellos, al que llamaremos Lito, se dedicaba a la compra venta de automotores de dudoso estado y procedencia y empezaba a incursionar en rubros inmobiliarios más importantes. Recuerdo que yo andaba buscando un Fitito y Lito llegó con uno que parecía en buen estado. Cuando le pregunté por ese 600, sonriente me dijo:
-No,Tino, no te puedo vender “eso”. – y si alguna deuda
Sin comentarios.
El tiempo y los negocios siguieron andando, así que un día me vendió una camionada de ladrillos que había recibido como parte de pago por un auto. Tan pronto aparecía con una moto o compraba algún terreno, luego fueron quintas en General Cerri y más tarde campos en las zonas de Pedro Luro y Mayor Buratovich.
En determinado momento, la situación se hizo insostenible, por lo que, de la noche a la mañana, Lito renun ció a su trabajo y desapareció de Bahía Blanca.
Empezaron a llegar a la Caja, personas a preguntar por él, Gente que llegaba con trámites inconclusos de transferencias de rodados o inmuebles o tenedores de Letras de Cambios Cooperativas, emitidas por Lito, que carecían de fondos.
Debido a eso se cerró su Cuenta a la Vista, y las letras y papeles rechazados, comenzaron a recorrer los despachos de los abogados bahienses, en procura de solución o recupero de deudas impagas.

Luego de un tiempo lo localizaron en el sur, convino con los reclamantes,formas de pago escalonados, que fue cumpliendo en la medida que pudo tratando llegar a todos los reclamantes.

Lito luego de mucho luchar, pudo comprar una pensión de “media estrella sin sol”, en una localidad del sur. Alquilaba piezas, por día, por mes o
“transitoriamente” y sobre el frente tenía un boliche que era cita de gente “semiocupada”, de catadura incalificable o no, subgente que llegada de mañana a tomar una ginebra, jugarse unos partidos de trucos por un vermut, o simplemente sentarse al reparador sol que apenas dejaban ingresar los turbios cristales ausentes de limpieza inveteradamente.
Sus días transcurrían en calma. Se había casado y trataba de hacer buena letra, ya que pareciera que la familia de su esposa, era quien lo había ayudado a salir de los trances pasados.

En cierta oportunidad, se presentó un señor, muy bien vestido, quien luego de saludarlo cortésmente y pedirle una cerveza, le preguntó: “¿Usted es Lito
P?”. Le aclaró que en el banco le habían dicho de su presencia allí. Y el recién llegado, le dijo que tenía unos papeles por unas deudas que habían
quedado pendientes en Bahía Blanca.
Lito creía haber pagado todo. Pero no estaba seguro y comenzó a tartamudear unas palabras: “Pe…pero…yo pa..pagué todo lo que…”
El visitante, firmemente lo interrumpió: “Lo que me debe a mí, no lo pagó”
– Pero, yo… no lo co..conozco a usted…
– Pero los papeles endosados los tengo y están firmados por usted.- fue la
respuesta.-
Luego va a llegar mi abogado que tiene esos documentos. Y me los paga o me los paga.
La voz sonó amenazante. Lito palidecía y movía las manos como para aferrarse a algo que no alcanzaba a asir..
En eso rechinó, fantasmalmente, la puerta de entrada y apareció el supuesto
abogado.
Todo era una puesta en escena. Una broma de un ex-compañero de la Caja de Crédito Bahiense, que de vacaciones por la costa atlántica del sur, juntamente con su cuñado, el supuesto deudor, había pergeñado la chanza.
Un rato antes, llegando a esa localidad y sabiendo el tendal que había dejado
Lito en Bahía instruyó a su cuñado, para gastarlo. Y luego de un “¿Te animás?” y un “Por supuesto”, pusieron en marcha la puesta sabiendo que sin duda “alguna deuda chica que sin querer se le hubiera olvidado”.
Esa noche cenaron juntos, en el mejor restaurant de la ciudad.

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