Recuerdos, tangos y amigos

Esta semana fue pródiga en invitaciones a diversas actividades, pero fundamentalmente el jueves. Por parte del Museo del Puerto, fui recibiendo en los distintos correos, la noticia de otro de los capítulos que se llevan a cabo en dichas dependencias. A las 19:30 del jueves 23 de octubre, se presentaban integrantes del gremio y funcionarios de la Dirección Nacional de Vías Navegables, como continuador del Ministerio de Obras Públicas, que tuvo a su cargo durante decenas de años la construcción del Muelle Nacional y el control de navegabilidad, en los canales de entrada a Puerto.

No estaba muy decidido a concurrir al Museo, cuando por teléfono mi amigo Luis Carbonara llegó con la invitación, justamente para este jueves, para una reducida reunión tanguera.amigos 1
Fue un momento de indecisión. No quería faltar a ninguno de los dos compromisos, pero por otro lado estaba lo suficientemente cansado, como para desistir y quedarme en la tranquilidad de mi casa.
Pero las cosas sucedieron, de distinta manera que esperaba y desde la peluquería la llamaron a mi señora, diciéndole que tenían a las seis y media un turno, si quería aprovecharlo, ya que horas antes le habían confirmado tener toda la agenda del día completa. Esto suponía que mi señora por varias horas estaría ausente.
Fue cuando le dije “Me voy a ir a lo de Luis, a cenar”.
Le pedí a mi nieto que me comprar dos botellas de vino tinto, para llevar y como la hora que se adelantó en esta parte del país, prolongaba la tarde, esperé hasta la nueve de la noche, para salir.
Antes, separé unas de las revistas que estamos editando en Ingeniero White, para entregarla a cada uno de los amigos presente. Cuando llegué, el grupo estaba mirando unos videos de Marcelo Boccanera, que Luis, había traído de su viaje a Buenos Aires, mientras masticando unas empanadas, bajaban los niveles de vino de las botellas y los vasos. La pregunta que nos intercambiamos fue si habíamos tomado conocimiento de la maqueta que Ernesto “Pupi” Micucci había construido y que se exhibía en el castillo de la ex Usina, hoy Ferrowhite. Todos coincidieron que era una realización extraordinaria, ya que había respetado todos los rasgos generales, de la incendiada estación, pero mostrando la distribución de dependencias, oficinas, mobiliario, que se podía apreciar al desmontar el techo de la misma. Nazca, compartía las bondades del trabajo de Micucci. Y contaba que cuando fue a ver la maqueta, se encontró con un hombre con una gorra de lana, que tenía una memoria extraordinaria. Cuando él se presentó, diciendo simplemente “Nazca” el hombre le había dicho, “Ah! Usted se llama Heriberto Nazca y trabajaba en la estación” y cuando le dijo que él poseía fotografías del día en que se había inaugurado el mástil de la estación, a la postre lo único que se salvó del siniestro, nuestro hombre que no era otro que Pedro Caballero, se apuró a informarle: “Sí, se inauguró el 20 de junio de 1953, en el acto estaban presentes el intendente ingeniero civil Norberto Arecco, el Ministro de Transporte Juan Eugenio Maggi, el delegado municipal, Manuel Fente y el Jefe de la Estación, Domingo Manuel Cabrera. Ese día se festejaban dos cosas, el día de la bandera y la fiesta de San Silverio”. ¡Increíble!!!
Cuando los que lo conocemos a Pedro, tratábamos de recordar ejemplos de su prodigiosa retención de conocimientos, desde acontecimientos pasando por anécdotas, fechas o nombres de personas, donde se encontraban desde vecinos del pueblo hasta integrantes de elencos ministeriales de cualquier época, cantantes, artistas y todo aquello, que hubiera sido publicado en los medios, llegó la comida.
En realidad, me estaban esperando para largar la cena: Albóndigas de lenguado, atún y sardinas; tallarines, las empanadas, y una torta de postre.
La mesa la ocupaban el ya nombrado Nazca, Rolo Fossati, Horacio Buzchiazzo, por supuesto Luis Carbonara, Aníbal Vitali, Gustavo Gabí, Francisco “Nené” Cabeza y yo.amigos
Los platos se sucedieron y su contenido iba desapareciendo, para alcanzar el siguiente y antes del postre Nené nos cantó magistralmente un tango a capella.
Mientras la noche se desgranaba en anécdotas, recientes o lejanas, como la entrevista a Rubén “Gallego” Martínez, la actuación, hace algunos años, de Efraín Scheinfeld al frente de la Orquesta de Tango Entel, la consecuente llegada de vatios amigos japoneses tangueros entre los que estaban dos japonesas. Una de ellas Taeko Maruyama, muy buena cancionista, había llegado para actuar en la Peña Carlos Di Sarli y se dio un hecho gracioso por el significado de las expresiones usadas para brindar. Así como otras destacadas que llegaron en los tiempos de oro, a los clubes de la ciudad, en especial, al club Villa Mitre.
Aníbal Vitali ya había quitado de su estuche el fueye y antes de comenzar a deleitarnos con su música, le indicó a Gustavo Gabí que ese tango era para él.
Las notas sentidas del tango “Responso” comenzaron a llenar el espíritu de cada uno de nosotros, mientras bandoneonista y difusor, se cruzaban miradas, como tratando de retener recuerdos.
Cuando el tango terminó, Gustavo Gabí, nos recordó: “Luego de la actuación en LU2 de Aníbal Troilo, el director de la radio, organizó en su domicilio una reunión gastronómica a la que asistieron Pichuco y algunos integrantes de la orquesta. Troilo había participado, en el ínterin, de una tenida de escolaso, donde había tenido la suerte de su lado. Un muchacho con el fueye acunado en sus rodillas, arrancó el tango “Responso”, ante el reconocimiento y la complacencia de Pichuco. El silencio subrayó, el desarrollo de la obra que Troilo dedicara, a la memoria del “Barbeta” Homero Manzi.
Cuando se acallaron los aplausos finales, Troilo saco del bolsillo interior de su saco una foto, donde dejo la siguiente dedicatoria ´A mi tocayo, no por Aníbal, si de corazón´. Ese muchacho era Aníbal Vitali, el mismo que comparte hoy con nosotros esta mesa de tango”.
Cuando pensábamos que había concluido el relato, Pichuco preguntó por un músico, un excelente músico bahiense. Y al enterarse que estaba delicado de salud e internado en el Policlínico, Pichuco tomó todo lo ganado en el escolaso y le pidió a nuestro amigo Vitali, que se le alcanzara ese dinero con el abrazo más afectuoso.
Después se fueron hilvanando, la guitarra y la voz de Cabeza con sus temas camperos, milongas, cifras y también algún tango, en el que participaba el fueye de Vitali. Y ese bandoneón mágico en las manos de Aníbal, con “Chiqué” y más tarde “Quejas de bandoneón” y “Recuerdo”, pero también “Czardas”, “Danza húngara Nº 5”, el “Ave María”, “Zorba el griego” y una suprema versión de la introducción de “La Traviata”, para concluir una noche inolvidable con la guitarra de Francisco Cabeza y la voz de Aníbal Vitali, entonando el tango con letra de Eduardo Escaris Méndez y música de Nicolás Alberto Tavarozzi, “Medianoche”.
Entre tangos, milongas, anécdotas, cuentos, mientras en un rincón se juntaban, olvidadas, vacuas y desordenadas botellas, Gustavo Gabí, se lamentaba de no haber portado el grabador y Nazca repetía “Pasamos una noche de cultura general”.
Por mi parte cuidaba que cada quien llevara nuestra revista “Ingenierowhite.com”, recomendando a algunos de los amigos, llevara un segundo ejemplar con destino a otros conocidos.
Los últimos abrazos y cuando el viernes 21 transitaba la primera hora, estaba volviendo a mi casa en los tarareos de algún tango.

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