Primeros días de “colimba”

Habían pasado pocos días desde nuestro ingreso, cuando se hizo cargo de la compañía un Sargento Primero que, a poco de conocerlo, reconocimos inclinado a ingerir bebidas y no precisamente agua mineral. La piel del rostro curtida, la nariz como un fruto brotado, los ojos como achicados por el sol de frente y la voz titubeante y rasposa.AURELIO Y TINO

Nos había hecho sentar en la cuadra, al pie de las camas y se paseaba haciendo sonar los tacos en las baldosas. Un rebenque con el que acentuaba las palabras que despaciosamente pronunciaba, golpeándose las botas. Momentos antes en ese mismo sitio un teniente treintón – había sido postergado en sus ascensos, por haber padecido el robo de su sable – nos había dado una clase de bienvenida y tratando de explicar, el porque del servicio militar obligatorio, la necesidad de nuestra permanente cooperación, para con los superiores.
Poseía un manejo casi perfecto de la oratoria, la que iba adornando con todo un bagaje de palabras, algunas no demasiado corrientes, para preguntar al momento de emitirlas – no por ver perplejidad en el grupo, sino por la fruición que le causaba manejar la charla, con términos artificialmente retóricos – que significaba tal o cual término.
Varias veces, intervine para darle el significado correcto de las palabras, en el inútil afán de hacerle saber que él no había inventado el idioma.
Me respondía con un seco “Bien, soldado”. Creo que no le gustaba demasiado.
Ahora el Sargento Primero, que seguía recorriendo la tropa sentada en suelo y se detuvo frente a mí.
Místico – me dijo mientras, mientras los achinados ojos brillaban, con picardía.
No me llamo Místico, mi Sargento Primero – le respondí.
¡Ah!, ¿tiene nombre? – sonó divertida su aguardentosa voz.
Si, mi Sargento Primero, me llamo Florentino… – fue mi respuesta.

PRIMEROS DIAS DE COLIMBA¿Florentino?,¿no tiene apellido?, ¿Florentino, cuánto? – parecía comenzar a molestarse.
– Diez – fue mi respuesta.
Ahora si se enfureció.
¿Me está cargando, soldado?– y el rebenque restalló en una de sus botas.
No, mi Sargento Primero, me llamo Florentino Diez – me apresuré a explicarle temeroso que el rebenque en lugar de volver a golpear sus botas, cayera sobre mi humanidad.
Se tomó con los dedos índice y pulgar el labio inferior, estuvo mirándome un momento y llamó al furriel, y le ordenó:
Pase lista – y se sentó al frente de la cuadra, en espera que se cumpliera con la orden dada, dispuesto a fumarse un cigarrillo.
GUAITE CLASE 1935En determinado momento, luego que el furriel, que leía la lista ya promediando la letra “f”, había leído:
– …FIRPO, Luis Ángel …– y sobre el, Presente!, pronunciado por Luis, salió de su letargo,
¿A ver quién es Luis Ángel Firpo? – se interesó.
Ante el murmullo general, Luis dio un paso al frente, provocando la sonrisa y la risa de toda la compañía
Hoy cuando nos encontramos, ambos con varios kilos más, mi amigo no llega a pesar 45 kilos, mojado y con la bicicleta incluida.
¿Se imagina la escena?

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