Morir en Buenos Aires

Estaba nervioso. Sentía un malestar en el estómago, que no sabía si era causado por el copioso almuerzo interrumpido por el llamado del Duce o por la propia convocatoria a su Palacio de Venecia.
Al llegar todo era calmo. Observó, con sorpresa, que ingresar a la oficina donde lo esperaban era más fácil de lo que había pensado. La persona que le franqueó la entrada, revisó fugazmente la invitación que le mostraba.
Desde el amplio salón marmolado una amistosa mano le indicó que se acercara. Le ofreció chianti. El malestar iba desapareciendo. Mussolini inició un diálogo intrascendente. Parecía otra persona, tal vez un poco cansado, lejos de los retratos militares y de los gestos ampulosos y exagerados, la voz metálica y potente a las multitudes. Con ropa de calle, hablaba lentamente, modulando suavemente las palabras. Hizo algunas indicaciones en el mismo tono a los empleados y cuando la intriga empezaba a hormiguear en elestómago del huésped, se levantó de su sillón y lo invitó a dirigirse a la salida y con la misma calma en la voz, poniendo una mano sobre el hombro, le indicó que debía salir de Italia esa misma noche.
Los grandes capitales judíos emigraron a otros países y la opinión general se mostraba indignada por la persecución antisemita. El régimen ya no tenía el mismo consenso y la entrada de Italia en la guerra fue en todo caso la estocada final a un largo proceso de desaciertos.
Debía realizarse algo, como una simulada purga entre los funcionarios, para impresionar al pueblo. Especialmente los que conducían la economía. Debía llegar a su secretaría cuanto antes, retirar sus pertenencias, explicar a su familia la situación y partir. Irse cuanto antes de la península. El Duce solía cambiar de ideas y aplicar soluciones más drásticas.
Nuestro personaje que llamaremos Francesco, durante su actuación financiera en Italia, había asegurado su futuro, conectándose con inmigrantes italianos en los Estados Unidos, integrantes de la alianza siciliana, que se dedicaba a la justicia vigilante y paralelamente al crimen organizado, es decir, la Cosa Nostra.
Esos grupos de “honor” habían capitalizado los envíos de Francesco a las entidades financieras, americanas que les pertenecían. Se hablaba de “mafiosi” como de “hombres de honor”.
Estos organizaciones habían sido formadas por delincuentes italianos a principios del siglo XX, tuvieron auge con la “ley seca” de los años 20 y continuaron su crecimientos hasta nuestros días.
Anteriormente, a mediados del siglo XIX, y con la protección de la flota inglesa, estos integrantes de delincuentes del sur de Italia, comenzaron a organizarse como corporaciones dedicadas al crimen y a todo tipo de actividades, en todo el mundo, especialmente, además de Estados Unidos, en Rusia y Japón.
Según algunos autores la denominación “mafia” surgió alrededor de 1850 y correspondería a la sigla de la frase “Manzini Autoriza Furti, Incendi, Avelenamenti” (Manzini autoriza robos, incendios y envenenamientos). El Licenciado Conrado De Lucía me explica que fue un invento para difamar a Giuseppe Manzini, un luchador social, considerándolo un delincuente y puntualiza que en el idioma italiano la supuesta sigla se escribe con dos “efes”. Al respecto comenta, irónicamente, que habría que inventar otro cargo o delito más, que podría ser “fregati” (engaños).
La mafia (Cosa nostra) arrinconada y casi aniquilada por Mussolini, no tuvo inconvenientes para mimetizarse en el norte de América. . Los estadounidenses no tuvieron reparos en utilizar la propia mafia norteamericana contactando con sus “primos” sicilianos, para derrotar a Mussolini.
Francesco, no solo encontró el capital enviado desde Italia sino que se lo puso al frente de una de las principales entidades financieras de la mafia.
Pero si tenía problemas con Mussolini en el poder, luego de su muerte lo perseguían en Italia por su estrecha relación con el Duce. Tuvo que permanecer en Estados Unidos y periódicamente giraba a su familia el dinero necesario para atender las necesidades del hogar y el estudio de sus dos hijos, que terminaban el ciclo secundario para ingresar a la universidad. El envío así como el intercambio de correspondencia se hacía a través del servicio del banco, ya que Francesco se había casado nuevamente en suelo americano y debía ocultar no solo su pasado político sino también la existencia de su familia italiana.
El secreto se mantuvo inviolable durante quince años. En ese momento Francesco creyó conveniente volver a la península a ver a su familia. Como presidente del Banco no le resultó tarea difícil, justificar el viaje, tanto ante la entidad como ante su esposa que, ajena a todo, disfrutaba de la bonanza económica en una fastuosa residencia que había hecho construir Francesco.
La vuelta a Italia, fue ahora vía aérea, lo que acortó la distancia recorrida en la huída y en barco.
En ausencia de Francesco, llegó al banco una demorada correspondencia procedente de Italia. Un empleado diligente, informó por teléfono a su esposa norteamericana de esa recepción y se encargó de acercarle la carta.
Luego de la sorpresa, al enterarse de la doble vida de su marido, tuvo impulsos de romper todo, pero mientras destrozaba la carta, se fue calmando y desechando las ansias de tomar el primer avión a Italia, se resignó a esperar.
Al volver Francesco, lo esperaba en el aeropuerto y volvieron comentando animadamente las triviales novedades del tiempo, las ciudades, el viaje… Cada uno de ellos, hacía esfuerzos para no evidenciar lo que pugnaba por expresarse en palabras que a poco se impregnarían de reproches, sin solución de continuidad, para explicar lo inexplicable por un lado y por enrostrar el terrible engaño por el otro.
Nada ocurrió. Llegaron a la residencia y luego de una excelente cena, se dispusieron a descansar. Francesco, se dio un baño y casi inmediatamente de acostarse se quedó dormido.
Su esposa, terminó de desmaquillarse y deslizó sus pantuflas por el regio parquet, hacía la sala de armas. Unos minutos después volvía con la escopeta cazadora de su marido
Llegó al dormitorio. Francesco dormía profundamente. Tanto que ni advirtió, cuando su mujer apoyaba el doble caño de la escopeta en su cabeza…
La mujer fue condenada a muerte, pocos meses después..
La muerte de Francesco, llegó en un momento inesperado. Pero él sabía que sí, se desataría el escándalo, al tomarse conocimiento de su doble vida.
Por eso que, como ya lo había hecho, cuando el Duce lo expulsó de Italia, previendo giros a los bancos pertenecientes a incondicionales de la Cosa Nostra, con los mismos contactos dejó asegurado el futuro de su esposa y sus dos hijos, con fidecomisos en banco de varios países especialmente suizos.
Cuando los vio por última vez, enigmáticamente le ordenó a sus hijos, que de ocurrir alguna contingencia, que lo dejara fuera de sus negocios, debían dirigirse urgentemente hacia la Argentina, donde sus abogados se encargarían de hacerles entrega de las sumas atesoradas.
Hacia 1954 llegaron al país y se erigieron con el transcurso de los años, el mayor en uno de los fabricantes de autopartes de automóvil y el otro, continuó los negocios de su padre, los acrecentó y se constituyó uno de los principales referentes financieros del país.
En la segunda parte de la década del 70, se sucedieron dos hechos, aparentemente desconectados entre sí. Mientras una avioneta que transportaba a Primo Francesco, el mayor de los hermanos, explotaba en pleno vuelo, un grupo de personas no identificadas, interceptó el auto de su hermano Ángelo Carmelo y no le permitió ni la sorpresa. Su cuerpo quedó tan impactado por la descarga de las armas automáticas, como su lujoso automóvil.
Ambas noticias, apenas destacadas en la prensa, fueron un hecho más perdido en la desesperanza de la gente.
¿Fue la mano ejecutora de los designios de la mafia siciliana? ¿Un hecho más en el cóctel de extorsiones, desapariciones y muerte, reinante en el país? ¿Causalidad o casualidad?
Interrogantes sin respuestas. Sospechas sin atisbo de confirmación. Misterios que pasaron a engrosar tantas historias sangrientas ocurridas en el mundo…
T.D.

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