Mi barrio

Una inspirada poesía de Aníbal Troilo, dice que “Alguien dijo que yo me fui de mi barrio, ¿cuándo?, pero cuándo…?Hago míos los versos de Pichuco, porque yo tampoco nunca me fui de mi barrio y hoy voy a hablar de mi barrio. De mi barrio chico. Concentrado en una manzana divida en dos por una cortada. Las calles laterales, Lautaro y Cabral;

MI BARRIO HOY

MI BARRIO HOY

las transversales Tarija e Islas Órcadas. El pasaje paralelo a estas calles, Pasaje Luis A. Rocca. Es decir lleva el nombre del propietario que loteó la manzana, que vivía en los altos del Mercado Rocca, en la actual calle Belgrano al 3700 de Ingeniero White. Ocho era los terrenos edificados, seis sobre la cortada, uno sobre Tarija y otro sobre Islas Órcadas.
Las familias que habían construido sus viviendas eran, don Joaquín Buono, su señora Rossina Mazzella y cuatro hijos: Carmelo, María Luisa, Inmaculada y Juan José. Su casa era de material sobre la calle Tarija, los pisos estaban a más de un metro de altura con respecto a la calle.Al frente tenían el dibujo de una puerta, con su respectivo dintel, cerrada con ladrillos, otra que seguramente nunca se abría para no caer al vacío y una ventana con celosías. El ingreso a la casa se hacía por un portoncito de madera, y las líneas del terreno estaban marcadas con tamariscos.
Sobre el pasaje a partir de Lautaro, había un gran baldío como de 40 metros y empezaba el barrio, don Roque Sayas y su señora Teresa Lomolino, con sus hijos, Roque “Coco”, Tito y Vicente, ocupaban una casa de chapa y madera, con un extenso patio, donde estaba el infaltable gallinero muy cerca de la letrina.
Continuaba la familia de don Francisco Di Giorgio, con su señora, que creo recordar se llamaba Nadestra Dimitrov, con varios hijos, Ferdinando, Tino, Nicolito, Miguel “Chanchá” y Lita. La casa estaba constituida con casillas ferroviarias, con techo de chapa y paredes de madera.
Después seguía el lote que había comprado mi viejo y que se mantuvo por un tiempo como baldío.
En la casa siguiente de madera y chapa, vivían Nicolás “Colino” Tortosa y su señora Ema, que tenían dos hijos Vicente “Velero” y Elsa, “la Tota”.
Y completaba la vereda noroeste, una edificación de dos lotes con

ENTRADA DE CASA DE PEDRO RUGO

CASA DE PEDRO RUGO – Entrada(*)

edificación de material, donde vivían dos hermanos: Pedro y Tomás Rugo, cuyas esposas e hijos habían quedado en Europa.
La vereda de enfrente, en el centro, la familia de Silverio Mazzello, su señora Vicenta Ferranti y sus hijos, Lito, Mingo, Roberto, Delia, Carmen, Palmiro y Silverio. La casa era en principio de madera y chapa y fue transformándose en sus paredes con material en la medianera y en las paredes del frente y contrafrente.
Sobre Islas Órcadas, en una amplia casa de madera y chapa, vivía una familia, que creo recordar como de apellido Bugarini, que al poco tiempo se mudaron del barrio.
Años después llegamos a ocupar con una casa arrastrada desde el Boulevard, por la familia Borelli y constituida por un dormitorio y una cocina, que se cargó en pilotes en prevención de inundaciones. Mi papá Francisco, mi mamá María, mi hermano mayor, Rulo y la hermana que me sigue en edad, Aurora. Años más tarde llegaría Eugenia.
Los terrenos eran muy bajos y a cada lluvia se tornaban en verdaderas bateas. Por ese motivo los vecinos que ya habitaban de antes que nosotros el barrio, se habían procurado de tierra para protegerse y esa tierra había salido de unos grandes pozos dejados sobre la misma traza de la calle cerca de Lautaro, otra en el medio del terreno baldío, el cuarto de manzana, desde la casa de los Mazzello y Bugarini, hasta Lautaro.
Ese predio de terrenos fiscales, estaba destinado a la construcción de la Escuela Nº 13, que después de erigió en la calle Brihuega y Avenente. Otro pozo era el terreno nuestro que no había escapado al despojo de la tierra.
Hubo que rellenar con urgencia los ingresos y se optó por la misma práctica, trasladar tierra del terreno baldío de enfrente y con camiones que transportaban el refulado de las dragas, que operaban los canales del puerto.
La casualidad o la causalidad, quiso que luego de muchos años, de ese terreno, depredado por nosotros, lo comprara yo.
Alrededor de las dos medias manzanas, por la calle Cabral, vivían las familias Fernández y González; en la esquina con Islas Órcadas, tenía su casa la familia Santos; por ésta última calle en el centro casi frente a los Bugarini, vivían los Olmedo. Siguiendo por Lautaro, estaban las casas de los hermanos Vignoni, Juan y Armando; luego dos familias de apellido Pretini y otra familia frente al pasaje de apellido Margoni. Sobre Tarija, el triángulo que ocupa la Escuela Técnica ARA General Belgrano, prolongaba su hipotenusa hasta la calle Brihuega; estaba alambrado y tenía portones sobre la diagonal, que ese momento no existía como tal, pero se denominaba Jorge Moore. El terreno pertenecía a la delegación municipal.
Casi todo los jefes de familia, eran italianos, salvo mis viejos, españoles y la señora de Di Giorgio, que creo era búlgara. Buono, Di Giorgio y Mazzello eran pescadores; Sayas manejaba la ambulancia de la Subprefectura; los hermanos Rugo trabajaban en la construcción del Puerto Nacional y mi viejo en el Galpón de Máquinas del Ferrocarril del Sud.
Había ciertos códigos para el trato diario, a los jefes de familias, se los llamaba don y a continuación el nombre, que sin embargo no se empleaba con el hermano menor de los Rugo que simplemente era Tomaso. Las señoras eran doñas.
El pequeño barrio era una cooperativa donde cada quien hacía para sí y para los demás lo que podía o lo que sabía y así se fueron completando las casas con una pieza más, una cocina más amplia, un galpón de trabajo y guarda de elementos.
Y así como cada barrio como el Gardel tenía sus voces, aquí había cantores y de los buenos. Doña Rossina, mientras lavaba la ropa o la tendía, regando los tomates en su quintita, o hilando con el “fuso” la lana para algún abrigo, llenaba su amplio tórax del aire puro que venía del mar y su rostro rubicundo, era campana de resonancia de la última canción de moda, de aquella canzoneta que la transportaba a su Italia o algún tema religioso. Su voz profunda y natural llenaba el barrio, plena de matices, acariciaba los oídos de los vecinos. Un tío nuestro, José, que solía llegar en un buque petrolero el “San Matías”, la llamaba “la cantora”.
Me refiero aahora a Constantino, Tino Di Giorgio. Seguramente habrá cantado hasta que lo hacían callar, por que ahuyentaba a los peces, cuando salía con los suyos a pescar. No había temas difíciles para él. Se les animaba y por cierto que cantaba muy bien aquellos temas que inmortalizó Enrico Caruso, el repertorio de Tito Schipa, los mejores tangos de Alberto Podestá y hasta los festivos temas de Nicola Paone. Un verdadero cantor que recorrió el mundo embarcado y llevando sus canciones a todos los puertos del mundo. Fisicamente era parecido a Popeye, con su tez rojiza y su barba entrecana.
Sus hermanos Nicola y Chanchá, quisieron seguir el rumbo musical de Tino, pero aunque el primero tuvo más constancia con el acordeón a piano, no avanzó demasiado en calidad y el bandoneonista que quiso ser Miguel, tuvo un final cercano.
Pero estaba la familia Tortosa, el jefe, tocando la guitarra y acompañándose con un tarareo “luailalala lalala lalauila” con que acompañaba el rasgueo de su viola. Claro que siempre estaba su hija la Tota para poner su privilegiada voz a algún valsecito, una canción o un bolero. Alguna vez me prendí con algún tema de Ignacio Corsini, que a Colino le gustaba mucho.
Y para cerrar este detalle, con una de las hijas de Mazzello, Delia, se casó Sócrates Pliaconis, que con una tremenda voz de tenor, sin demasiado cuidado o estudio, nos asombraba, con su potencia.
Muchas cálidas noches, en las veredas terrosas, se estiraban las horas antes del sueño, con la guitarra de Colino y las voces del barrio, recorriendo todo el repertorio popular.
En aquella época solamente se podían escuchar, nada menos que a los grandes intérpretes de esa época a través de la radio. Don Pedro Rugo en su casa tenía un aparato milagroso: una vitrola. Que no era un adorno sino que el bueno de don Pedro nos la prestaba así como sus discos de música italiana. Le dábamos cuerda, colocábamos el disco, con cuidado cambiábamos la púa por una nueva y la apoyábamos suavemente sobre el disco y de su bocina salían las voces definitivas de Caruso y otros grandes cantantes. También había otros discos, como una marcha que era Himno del Fascio 1939-1945,. “La Giovinezza” (haciendo click sobre el título se puede escuchar la versión de Begnamino Gigli), que ahora pude encontrar en internet:
I
Salve o popole d’Eroi
Salve a patria immortale
Son rinati i figli tuoi
Con la fè nell’ ideale
II
Valor dei tuon guerrieri,
La virtù dei pionieri
La vision dell’ Atighieri
Oggi brilla in tutti i cuor.
Corus
Giovinezza, Giovinezza,
Primavera di bellezza
Della vita nell’ asprezza
Il tuo canto squilla e va! (bis)
E per Benito Mussolini,
Eja eja alalà.
E per la nostra Patria bella,
Eja eja alalà.
I.
Dell’ Italia nei confini
Son rifatti gli italiani;
Li ha rifatti Mussolini
Per la guerra di domani.
Per la gloria del lavora
Per la Pace e per l’alloro,
Per la gogna di coloro
Che la patria rinnegar.
[Corus]
II.
I Poeti e gli artigiani
I signori e i contadini
Con orgoglio d’italiani
Giuran fede a Mussolini.
Non v’è povero quartiere
Che non mandi le sue schiere
Che non spieghi le bandiere
Del fascismo redentor.
[Corus]
Traducción
I.
Salve oh pueblo de Héroes
Salve a la patria inmortal
han renacido tus hijos
con la fe en el ideal
II
El valor de tus guerreros,
La virtud de tus pioneros
La visión del Atighieri
Hoy brillan en todos los corazones.
Coro
Juventud, juventud
Primavera de belleza
En la aspereza de la vida
Tu canto retumba y se va!
Y por Benito Mussolini,
Eja eja alala!
Y por nuestra bella Patria,
Eja eja alala!
I.
Desde los confines de la Italia
Se han rehecho los italianos,
Los ha rehecho Mussolini
Para la guerra del mañana
para la gloria de los trabajadores
Por la Paz y por el laurel,
por la argolla de aquellos
Que la patria renegó.
[Coro]
II.
Los Poetas y los artesanos
Los señores y los campesinos
Con orgullo de italianos
Juran fidelidad a Mussolini
No hay ningún pobre cuartel
que no mande sus tropas
que no extiendan la bandera
Del fascismo redentor
[Coro]
Como dije vivían solos los hermanos Rugo y los chicos del barrio, estábamos con ellos, les hacíamos los mandados, a la carnicería de Zubini o al almacén Marés; y particularmente Tomaso, tenía curiosidad por nuestro país y nos encargaba que le compráramos el Billiken, semana a semana.
Y después de leerlos nos pedía las respuestas que podíamos darle a medias, sobre los temas históricos. Descreía de las láminas donde los jefes militares estaban al frente de la tropa en los combates y batallas. Nos contaba que ellos siempre están a resguardo y los que morían eran los soldados. Por eso no entendía muy bien esa imagen de San Martín apresado en su pierna por su caballo muerto y a Cabral dando la vida por salvar a su jefe. Decía: “Nunca pasa así”, y agregaba “menos con un general y un sargento”. Lo escuchábamos como ofendidos, por desestimar lo que estaba en libros y otras publicaciones.
Volviendo al Billiken me acuerdo que en épocas de vacaciones, publicaba en su doble página central, una semana algún juego, un avión, etc. para recortar – no existía el troquelado – y armar. A la semana siguiente, llegaba un dibujo en las páginas centrales, sin color y mediante el procedimiento de recorrer las áreas del cuadro con un escarbadientes en el que colocábamos un algodón, como un hisopo, humedecido en agua, surgía el verde de las hojas, el amarillo de los girasoles, el rojo de los techos y los rayos amarillos del sol. Era toda una fiesta. Nos parecía increíble esa técnica milagrosa.
Cuando me casé estuve volviendo durante siete años, a mi barrio chico, hasta que en 1967 unos meses antes del nacimiento de mi hija, volví definitivamente, para recuperar primero, los afectos y la tierra que yo mismo me había robado.
El barrio cambió. Mejoró con asfalto, mejores casas incorporando todos los servicios. Pero ya no está Colino con su guitarra, ni don Pedro con su “Giovinezza”; tampoco está Tomás con el Billiken y sus preguntas, no está Rossina con su voz de soprano, la Tota con su hermosa voz, ni Sócrates, su registro de tenor ni las canzonetas de Tino Di Giorgio, ni los mates, ni las guitarreadas en las veredas, no está la gente de mi barrio chico…

(*) El bajo relieve del nombre de “Pedro Rugo” lo hizo mi viejo, a punta de cucharín, sobre un revoque de material de frente que era de color granate o rojizo.

Comentario de Bocha Morresi:

Name: Bocha Morresi | Date: 29 February 2008

“¿Será coincidencia?”
Vos sabés que en mi barrio (Villa Mitre), vivia frente a mi casa en J.B.Alberdi al 1400 la familia de Nicolás Di Giorgio “Nicolito” de cuyo hijo mayor yo era amigo. ¿Mirá si en parte de nuestra existencia hemos vivido en la misma cuadra de distinto barrio y con el mismo personaje?
Un abrazo. Muy buenos los recuerdos.

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