Los remolcadores

Según Norberto Valentín, Secretario Gremial del Centro de Patrones de Cabotaje de Ríos y Puertos de la República Argentina, la tarea de remolcar, es decir el cometido de los remolcadores es 15541701_1118220708276398_4650567317872036249_nentrar y sacar los barcos del muelle para colaborar y en amarre y desamarre, sin inconvenientes. El remolcador sale a buscar los buques a la boya 31 y de acuerdo al práctico, ubican qué remolcador va a proa y cuál va a la popa; de esa manera se los lleva hasta el sitio destinado, donde van arrimando la embarcación despaciosamente, hasta lograr su amarre con los cabos en la bita correspondiente. Una vez terminado el práctico es quien les indica que pueden retirar los remolcadores.
“El remolcador se acerca al barco cuando va entrando, uno toma amarras de proa y otro por popa, dos por barco”– describe Daniel Aldo Basich, jubilado en los remolcadores desde 1996, agrega que antes se utilizaban silbatos, entre el práctico, las bocinas del barco y los demásintegrantes de la operación, ahora se utilizan transceptores, es decir walky-talky “Y bueno, – añade –se atraca a puerto hasta que se hace el amarrado y cuando sale lo mismo. Todo guiado por el práctico”.
Juan César Córdova, por su parte, se refiere a otro tipo de remolque: “El remolcador hace remolque de puertos y remolque oceánico. Oceánico quiere decir que los buques están afuera, que hay que ir a buscarlos a otro puerto, traerlos a otro puerto, barcos que se rompen. O barcos quevan a desguace. Hay que ir a buscarlos, hacerles un remolque y traerlos destinarlos a un puerto y dejarlos ahí para que los corten.” Y agrega que los barcos antes del remolque los hacen dar vuelta, para que queden con proa afuera, en la posición de salida. La rotación la realizan los remolcadores, ya que las naves ya tienen los motores apagados.
Daniel Aldo Basich, ingresó el 20 de agosto de 1965, en los barcos vaporeros. Carecía de especialidad y realizaban todo tipo de tareas, marinero, foguista, o de lo que hiciera falta. Cuenta que en 1977 llegaron los remolcadores de vapor. Su labor siempre estuvo en las máquinas recuerda como foguista de las vaporeras, había que mantener las calderas de acuerdo a las órdenes, vía telégrafo, que el patrón le hacía llegar desde arriba, las órdenes, despacio, fuerte o marcha atrás. Dos foguistas actuaban uno en la caldera y otro en l máquina, que se alternaban día a día. Ya en 1978 llegaron los remolcadores a motor, Basich continuó con este tipo de propulsor de la embarcación hasta su jubilación. Había desaparecido el trabajo de foguista.
Por su parte Córdova, recuerda haber escuchado que en las vaporeras el trabajo era muy sacrificado, era casi insoportable estar en la sala de máquinas.
A su vez Valentín, se refiere a la tripulación ” Hace alrededor de diez o quince años los remolcadores llevaban diez u once tripulantes. Ahora son embarcaciones más modernas que llevan seis tripulantes: capitán o patrón fluvial, jefe de máquinas, auxiliar de máquinas, un contramaestre, marinero cocinero y marinero, que se encargan de la limpieza, la pintura, controlar el aceite, el cuidado de la máquina…” Advierte que el horario debería ser de 7 a 18, ya que todos los días hay movimientos de barcos, pero ese movimiento se produce de noche y de día, por lo que a veces por varios días, dos o tres, no vuelven a sus casas. Debido a esos horarios en cualquier momento, solamente viviendo cerca se puede ir a cenar con la familia, volviendo al remolcador. De lo contrario, hay que quedarse a bordo.
Cristian Gendana, empleado de Satecna Costa Afuera, aclara que acá se respeta la reglamentación que establece la cantidad de gente para cualquier remolcador. Hay en países como Holanda, que ocupan solo dos trabajadores.
Aun a pesar que el buque esté hecho para cuatro personas, opina Córdova, la dotación es siempre de seis, que es lo reglamentario.
Es cierto que la incorporación de tecnología ha ido mermando la contratación de mano de obra en todos los rubros en general y no están ajenos los grupos operantes en el puerto de Ingeniero White.
Los primeros remolcadores que pertenecían a la Flota Fluvial del Estado se llamaban “Luchador”, “Lidiador”, “Domador”, “Cazador”, “Regidor”, “Restaurador”, todos vapereros. En los primeros años de la década del 80 llegaron los motoreros, como el “Luchador” y el “Competidor”, hechos en los Astilleros Forte en el Tigre, en Buenos Aires. En Astilleros Mestrina se construyeron después el “Luchador” y el “Libertador” y paulatinamente se fueron reemplazando.
Cuando apareció Satecna, la Flora Fluvial desapareció.
Los remolcadores que actúan en Ingeniero White, son de procedencia japonesa, por ejemplo el “Miura”. Con ellos según los entrevistados, se puede avanzar, girar en el lugar, salir de costado, tomar de proa o de popa, a voluntad, con la versatilidad de una bicicleta.
Las empresas que operan en el puerto son cuatro: Satecna, Ona, Antares y una multinacional, Smith.
La mutación se dio desde el Ferrocarril del Sud, la empresa primigenia, del Estado Argentino y por último la privatización con las firmas mencionadas. De los remolcadores del estado quedan cuatro en nuestro puerto e informan los entrevistados que en Buenos Aires queda un montón.
Como resabio de la política de enajenación del patrimonio nacional, bajo el eufemismo de la privatización, quedaron acerbos recuerdos de disposiciones que atendían los intereses de las empresas internacionales, como el cambio de bandera. Esta disposición permitía el cambio de bandera aun a las empresas nacionales, que empresarios inescrupulosos adoptaban el amparo de banderas como la panameña, para eludir disposiciones locales de condiciones y remuneración del trabajo. “Se trabajaba – se enoja Córdova – con un convenio panameño, hacían lo que querían con vos: ´Esto es lo que se paga, esto es lo que te doy, tenés que laburar en esto y si no te gusta, andate´”. Eso parece haber cambiado, las banderas de los barcos nacionales, son celeste y blanco, “Ayer – se emociona Gendana – fui a ver un buque que mide como 200 metros y para mí ver la bandera argentina fue un orgullo… Es el ´Íllia´, es un buque que ahora es argentino, era de YPF”. Se entusiasman en recuperar la Flota Argentina, como hizo Brasil, reestatizar el ferrocarril, porque es un derecho adquirido nuestro, y bien administrado va a funcionar. La modernización técnica bajó drásticamente la mano de obra ocupada, donde trabajaba un mundo de gente, con un puñado reducido fue reemplazado. Reeditar la exclamación que nos da ver fotos viejas “¡Lo que era el puerto!”, pero cambiando el tiempo del verbo.
¿Una utopía? Tal vez si la convicción de que podemos hacerlo nos impulsa, no sea tan irrealizable…
Fuente: Museo del Puerto – Testimonios de Norberto Valentín, Julio César Córdova, Cristian Gendana y Daniel Aldo Basich

La reproducción pertenece a un cuadro de Norberto Luppi.

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