La marchita

Trabajando como peón de encomiendas, una mañana fui llamado por el Jefe de la Estación. El temible don Manuel, me hizo pasar a su oficina con el escritorio de cristal. No las tenía todas conmigo. Hacíamos diariamente la limpieza de las dependencias de boletería, oficina del auxiliar y del segundo jefe.

En realidad a mi no me gustaba ni medio hacer ese trabajo, por lo que lo realizaba, lo más rápido posible. Los compañeros que ocupaban esas dependencias, toleraban algunas imperfecciones y más de una vez, alguno le manifestaba a mi compañero de tareas: “Mirá, pasale el escobillón debajo de la salamandra, por parece que tu socio se tragó un asador”.Esperaba un reprimenda cuando me sorprendió, su pregunta: – “Me puede hacer una guachada, m’ hijito?” – la mueca habitual en su boca parecía una sonrisa.“Sí, Jefe, por supuesto” – qué podía decir? La inquietud todavía se mantenía.“Mire, m’hijito, Ud. Es capaz de ponerle a estos retratos, cartón y papel de celofán...” y me mostró sendos retratos de Perón y Evita.francisco amor p
– “Claro que puedo hacerlo, cuántos son? – contesté ya más tranquilo
– “Treinta y pico… Se anima? En tres días tiene que estar colocados en la plataforma.- se
se levantó de su poltrona y adoptando la porte de gran señor, continuó – El lunes vienen visitas importantes. Otros dos muchachos se encargarán de colocarlas”

Los retratos quedaron listos al día siguiente. Alguien al pasar me indicó que al colocar el celofán lo humedeciera un poco y luego estirara, pegara y colocara algún libro pesado hasta que se secara el pegamento. De esa manera el celofán tomó una rigidez como si fuera vidrio.
Se colocaron con guirnaldas argentinas, alternadamente un foto del Presidente de la Nación y en la siguiente otra de su esposa, en cada columna de la plataforma. Otras se colocaron en algunas de las oficinas, principalmente las que estaban más expuestas a la circulación del público
El lunes llegaron funcionarios de la Presidencia de Ferrocarriles y del Ministerio de Transporte, para la inauguración de una dependencia. Aquí hay que destacar que la comitiva era encabezada por el Señor Francisco Iglesias Amor, oriundo de Ingeniero White, quien con el nombre de Francisco Amor, fue autor de varios temas tangueros como “El estrellero” y cantor en la orquesta de Francisco Canaro. Como se estilaba se cantó el Himno Nacional Argentino y a continuación la marcha “Los muchachos peronistas”. El jefe de la estación, que no estaba muy de acuerdo políticamente con el General Perón, abría y cerraba la boca como si cantara. Fue la primera vez que con la marchita se hizo play back.

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