Ernesto Lazzatti “El Pibe de Oro”

Nació en Ingeniero White, partido de Bahía Blanca, el 5 de septiembre de 1915 y vivió en Ingeniero White, en la calle Lautaro entre Plunkett y Avenente. Tenía cuatro hermanos, Héctor, Isaías, Teresa y Alicia.white lazzatti

Siempre le gustó el fútbol y se prendía en las tenidas de barrio, esos semilleros que abastecieron a los clubes del pueblo y Bahía Blanca. No perdía oportunidad en darle a la pelota, en la cancha o fuera de ella
A Coco Mauromatis le habían regalado una pelota Ceresetto Nº 5 y en la calle Mascarello, practicaban junto a Ernesto Lazzatti, contra el portón del depósito de Felipe Cot. Atajaba Coco y lo goleaba Ernesto desde la vereda de la sastrería Domínguez. Cansado de los goles Coco le dijo a Lazzatti que ocupara el “arco”. Iba a patear él. Al primer tiro, quedó destrozada la vidriera de Felipe Cot.Al desconcierto inicial siguió la fuga. Pero había que volver y el padre, que ya había recibido la queja de Felipe Cot y pagado catorce pesos por el vidrio roto, agarró la pelota y como en el tango de Iván Diez, “le encajó 34 puñaladas”…
Cuenta Coco que parecía que cada herida a la Ceresetto, la sentía en su panza y como si fuera a morir…
Ernesto trabajaba como cadete en casa Dreyfus. Debutó en Comercial cuando todavía no había cumplido 17 años pronto alcanzó la reserva y enseguida la división superior, donde comenzó a ser conocido por su eficiencia, prestancia y limpieza en la marca, que muy pronto lo designaron para el “combinado” de la Liga (del Sur).
En sus primeros pasos por el fútbol era entreala, que tenía gran panorama para ser atacante. Santos Ursino, que era centro medio, capitán y caudillo de puerto Comercial, además de consejero de esa joven promesa, le dijo estas palabras que le fueron útiles para toda su carrera: “No uses boina, lleva el pelo corto y juega de centrojás que es tu verdadero puesto“. Los consejos fueron asimilados por Lazzatti, quién obedeció las palabras del compañero.
Usaba pantalón corto, como era habitual en aquel tiempo. La madre no lo dejaba viajar a Buenos Aires, donde iban a jugar contra los equipos de la capital. Tuvieron que convencerla Emilio Rossini y Tino Ursino, que asumían la responsabilidad. Pero Lazzatti no necesitaba protección. A los 17 ya era una personalidad.
En Puerto Comercial, jugó desde 1924 hasta 1933.

ERNESTO EL PIBE ORO LAZZATTI

ERNESTO “EL PIBE ORO” LAZZATTI

Fines de 1933. Los dirigentes boquenses están abocados a la búsqueda de un centrohalf que llene el puesto que desde la partida de Fleitas Solich no fue cubierto a su satisfacción. Su mirada se centra en los hombres más nombrados del fútbol porteño. En una de las tantas reuniones que se realizaban a diario para encontrarle la solución a la cuestión y decidir cuáles serían los pasos a seguir respecto a una transferencia, llegó al escritorio de los directivos una carta de un representante que tenía el club Bahía Blanca; otro de los tantos que tenía desperdigado por el interior del país en busca de nuevos cracks. La cita recomendaba a un joven de 17 años, que según el remitente que no era otro que su tío, había tenido excelente desempeño en Puerto Comercial de aquella ciudad. Los integrantes de la comisión de fútbol se miraron extrañados y con cierto aire de desconfianza. ¿Qué seguridad tenían que el muchacho sería tan bueno como decía la carta? Al fin de cuentas con probar no se perdería nada. Así es que se envió un pasaje para que Ernesto Lazzatti viniera a probarse a Boca.
“Un familiar, Manuel González, escribió una carta a la directiva boquense, diciendo que en White había un centro half, muy joven, y que era lo que Boca necesitaba. Pero cartas como esa debían recibir un centenar, así que la eligieron por casualidad” – recordaba Ernesto Lazzatti, en un reportaje concedido al periodista Justo Piernes
La llegada se produjo la tarde del 17 de diciembre de 1933. El directivo encomendado por el club se hizo presente en la estación Constitución y esperó vanamente hasta que los últimos pasajeros salieran del andén. Cuando ya casi nadie quedaba, vio apoyado en una columna a un muchacho delgado, de físico esmirriado y apariencia de poca edad. Se acercó y le preguntó: “¿Tú eres Lazzatti?” “Sí señor…” “Quieres jugar en Boca?” “A eso he venido señor…” “¿Cuántos años tienes?” “Diecisiete años” “¿Diecisiete años?” “Sí, señor, diecisiete. ¿Por qué?, pensaba acaso que tenía más.” “No, te daba catorce años… Vamos”. Así comenzó a escribirse la historia de uno de los mejores centrohalf que recuerde el fútbol argentino. Le toman la prueba en uno de los tantos partidos que pactaban a comienzos del año para examinar nuevos valores. Cumplió y quedó contratado para jugar en reserva Se instala en Temperley y luego de dos presentaciones en el equipo de reserva llega el día tan ansiado, el debut en primera con la azul y oro. Fue el 8 de abril de 1934, por la tercera fecha del campeonato, ante Chacarita Juniors, alistándose el conjunto de esta forma: Pardiez,; Echeverry y Marante; Martínez, Lazzatti y Arico Suárez; Sánchez, Varallo, Benítez Cáceres, Cherro y Cusatti. Gana por 3 a 2 el equipo xeneize y ese muchacho responde con creces a la confianza de “Mariulo” Fortunato.

Unos meses después regresó a White a visitar a su familia y fue a saludar a sus amigos de la casa cerealista. El jefe, que entonces ganaba 600 pesos por mes, le preguntó: “¿Y…cuánto ganás en Boca...?” “Por ahora 600 pesos por mes…?” “Ja… entonces no es necesario ser jefe. ¡Hay que jugar al fútbol!” (N.R.:”No, señor Jefe : recuerde aquello que “el que sabe, sabe; y el que no es jefe”) Además Ernesto Lazzatti no fue solo un jugador de fútbol sino un ejemplo dentro y fuera de la cancha. Un Señor (del libro “Historietas Whitenses· de Ampelio Liberali)
A pesar de sus buenos rendimientos, los nervios le jugaban una mala pasada antes del partido. “Los sábados solían ser días malos para mí. Pero una vez que estaba en la cancha, jugaba sereno. Después cambié. Pero cuando recién llegué de Bahía Blanca, además del fútbol, me preocupaba la situación de la familia. Por entonces encontré amigos como Mario Fortunato y Roberto Cherro y ellos dos en la cancha y otros fuera del fútbol me ayudaron mucho“. Desde su primera presencia fue figura y la hinchada lo llamó “El Pibe de Oro”. Para refrescar con un mayor panorama lo que fue como jugador, vale recordar las palabras de otros jugadores. Claudio Vacca, compañero suyo, decía: “Tengo un extraordinario recuerdo de él. Sabía llevar de la mano a todo el equipo por sus cualidades futbolísticas y morales. Dominaba el medio campo, siempre con la cabeza levantada. Perfecto en el pase corto y largo, era bárbaro como cabeceador. Está bien que lo respaldaba “Perico” Marante atrás, pero él era el gran conductor del equipo”. Rinaldo Martino, que fue entreala de San Lorenzo de Almagro, decía de él: “Fue uno de los grandes centromedios que hubo en el fútbol argentino, muy limpio para jugar, con gran inteligencia, calidad y colocación. Un hombre no muy hábil con la pelota en los pies, pero que sabía distribuirla bien, hacerla rendir al máximo y jugarla en el momento oportuno. No discutía, no jugaba fuerte pero sabía organizar a su equipo y era, además, una excelente persona por lo que yo lo traté y me contaron mis compañeros”.

Integró varias líneas de half que están entre los mejores de

todos los tiempos, como lo que compartió con Vernieres y Suárez, y ya en su madurez con el rosarino Sosa y Pescia, siendo ésta una de las mejores que tuvo Boca Juniors en todo su historial.

Su final con la casaca es apresurado por una lesión que sufre en la rodilla derecha. Es la segunda rueda de 1947 en el estadio Monumental, cuando brinda su aporte póstumo ante River Plate. Pierde Boca por 2 a 1 y presenta esta formación: Diano; Marante y De Zorzi; Bendazzi, Lazzatti y Pescia; Boyé, Corcuera, Geronis, Ricagni y Pin.

A los 32 años de edad Boca le concede el pase libre, que pudo haber dado a cualquier otra institución, pero no lo hizo. “Me gustaría hacer un poco de turismo un par de años. Sólo jugaría en el extranjero porque jamás me enfrentaría a Boca Juniors”. Su amigo, Severino Varela, le habla para pasar a Danubio de Montevideo, donde cumple 427 partidos oficiales en primera división en su trayectoria. Cuando regresó se hizo cargo de la dirección técnica del primer equipo xeneize, llevándolo hasta el segundo puesto luego de la mala campaña realizada en la temporada anterior. Se va cuando un dirigente le cambia un jugador de la formación que había dado. “Conjuntamente con la llegada de Mr. Randolph Galloway y el enrolamiento de Leocadio Marín en Nacional, la incorporación de Ernesto Lazzatti a Danubio constituye una de las notas sensacionales de la temporada futbolística. Consciente de ello, “Mundial” se puso en contacto con el famoso jugador, para ofrecer a sus lectores las impresiones del crack argentino. Cuando se anunció en Montevideo que el club Danubio, tras ganar brillantemente el ascenso a la Primera División de nuestro fútbol, se disponía a contratar al famoso centre-half de Boca Juniors, de Buenos Aires, Ernesto Lazzatti, no fueron pocos los que entendieron que esa transferencia podría significar para el benjamín una solución magnífica en lo deportivo y un auténtico imán para las taquillas…..

Boca Juniors, que pese a otorgarle pase en blanco difícilmente le hubiera traspasado a otro club argentino, en cambio no tenía inconveniente en que su ex defensor se trasladase al extranjero y así escucharon propuestas provenientes de Brasil y Chile. No obstante triunfó la aspiración de Danubio, no tanto porque su oferta fuera superior a las que llegaron de Río de Janeiro y Santiago, sino porque existe una corriente de amistad entre el vicecampeón bonaerense y el club de la Curva de Maroñas…..

Así se aseguró Danubio el concurso de un jugador que en varios aspectos vino a fortalecer las filas del equipo. Quedaba el problema de la financiación del pase del famoso centre half y sus derivados, vale decir, la contratación de otros elementos que estuvieran a tono con el esfuerzo que significaba la conquista de Lazzatti. Pero todo esto se orilló perfectamente gracias al generoso aporte del dinámico Presidente del club albinegro, Don Hugo Forno, que hizo posible no sólo la incorporación del crack bonaerense, son la de muchos otros que han contribuido a formar un poderoso elenco….. El veterano futbolista argentino, tuvo un triunfal debut frente al público uruguayo. Y a impulsos de su magnífica gestión técnica y su habilidad para aprovechar deficiencias tácticas de su eventual antagonista. Danubio batió nada menos que a Peñarol al hacer estreno en el círculo privilegiado del fútbol local….El famoso eje medio ha revelado en los cinco encuentros que lleva jugados en Montevideo, que mantiene intactas las aptitudes que le dieran nombradía continental, permitiéndoles triunfar no solo en Boca Juniors sino en los seleccionados argentinos. Dominio total de la colocación, que es siempre impecable, le permite estar ubicado estratégicamente y no sólo desbaratar entonces las mejores cargas contrarias sino apoyar de manera precisa y notable a su delantera. Atléticamente Lazzatti se halla en excelente forma y como él mismo nos lo dijo, seguro de rendir de manera amplia, compensando así las esperanzas y los esfuerzos de su nuevo club, al contratarlo.” (ALGUNAS CRÓNICAS URUGUAYAS Por Osvaldo H. Lorenzo)

A fines de la década del cincuenta un periódico recordó al inolvidable jugador argentino…. “El paso de Ernesto Lazzatti por la institución de la “Curva” significó escribir otra página gloriosa en su carrera y una página memorable en la Historia de DANUBIO. Porque el ardor, la garra, y el coraje de los muchachos que venían de abajo y con olor a yuyo de campito, encontró en el “Pibe de Oro” la mano de seda que pulió esos esfuerzos, le dio cohesión y jerarquía de gran fútbol. Sí; fue importante, fue decisivo el paso de Lazzatti por Danubio, tanto que se podría decir, que con él, empieza una nueva historia en el club del corazón desbordante; dejó su marca de maestro para siempre. Fue Lazzatti, -quien puede negarlo- el que hizo la escuela del juego medido, sereno, sobrio y práctico que, hasta hoy se ha conservado...”

Regresó en 1954, donde bajo su tutela, con la denominación de administrador de fútbol, consiguió otra estrella, esta vez fuera del campo de juego. Nunca más volvió a dirigir, aunque después incursionó en el periodismo y demuestra su profundidad analítica en el tema futbolístico. Ya nunca más se relacionó con el fútbol y se dedicó al cuidado de su agencia de coches en Temperley, donde se afincó cuando trajo de Bahía Blanca una carta y una esperanza. Los amantes del fútbol recuerdan con calidez a ese hombre que no tuvo una mancha en su carrera deportiva, un caballero en el fútbol y en la vida. (www.informexeneize.com.ar)
15442144_1751459408509769_4218995083775969260_nErnesto Lazzatti, “El Pibe de Oro”, aquel que debutó en Boca Juniors en 1934, jugó en esa institución y en El Danubio de Montevideo 427 partidos. Fue campeón con Boca, donde jugó hasta 1947, en los campeonatos de 1934, 1935, 1940, 1943, y 1944, conquistando 6 goles. Fue director técnico de Boca Juniors, campeón en 1954 y convocado ese mismo año por Dante Panzeri, para colaborar en sus actividades periodísticas en El Gráfico y en 1977 en el diario La Prensa. Todo lo hizo con gran dignidad.

Lazzatti, vino a White por última vez, para las Bodas de Oro del Club Puerto Comercial. La personalidad de El Pibe de Oro, había contrastado a los whitenses, con la bohemia de Melón Troncoso. Es que Lazzatti, era un tipo serio, apegado a los suyos y a su carrera con toda seriedad. Se hablaba que no daba bolilla a los que intentaban visitarlo procedentes de White. Sin embargo no era así, incluso para los medios capitalinos en pleno auge de su popularidad, era muy difícil poder conseguir una nota de Ernesto. Y con la misma timidez y firmeza que un día le hizo viajar en busca de su aventura futbolística, con ese mismo temperamento se encerraba en sí mismo, pudiendo parecer altanero. Cuando el Cincuentenario de los verdiamarillos, se vio al otro Lazzatti, al amable, atendiendo a todos los que lo requerían y participando como comercialino que era en la fiesta de club.

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