Deme una monedita, por favor…

MANITAS SUCIAS

En una mano estampitasdeme...
en el tren viajamos pocos
la cara llena de mocos
mientras junta moneditas.
Son escasas son poquitas
y él cuentas debe rendir
es tan chico va a pedir
porque un adulto ha mandado
mientras medita sentado
del brete como salir.

La explotación de menores, a pesar de las leyes, que la penalizan, se desarrolla en todo el mundo y por supuesto aquí, en el país, en esta ciudad, en este barrio. Somos testigos diarios de niños que solicitaron monedas a las salidas de entidades financieras, en restorán y casa de comida, ante la indiferencia de quienes deberían vigilar y contener a esas criaturas explotadas por mayores que en muchos casos, son sus mismos padres. Asistimos a la escucha de informativos por los medios, donde se da cuenta de la participación de pequeños niños, en algunas veces sangrientos hechos policiales.

Pregona desde temprano
¡Moneditas por favor!
y se calcula el valor
que tiene tu sucia mano.
Por suerte es un chico sano
Papá por eso ha ordenado
mientras que sigue sentado
frente a su vaso de vino
esperando que un vecino
de pan le alcance un bocado.

Uno de mis nietos fue actor directo, hace un tiempo, del accionar conjunto de padres e hijos; circulando en bicicleta por la senda peatonal que acompaña a la diagonal Santiago Dasso, en plena tarde de un verano, fue atacado por dos niños dirigidos por sus padres que, al verlo huir, raudamente, a mi nieto, le indicaban: “¡Empújenlo, así se cae y pueden sacarle la bici!”. La adrenalina de ese momento puso alas en las piernas de mi nieto y consiguió escapar.

Pasada la impotencia y la bronca, me puse a reflexionar con mi nieto, qué futuro le espera a esos chicos. Cuántas veces habremos de verlos en las crónicas policiales.
Cinco añitos y ocupado
lo está esperando la escuela
pero esto a nadie desvela
en su hogar ni lo han pensado.
Para algunos es soñado
el velar por la niñez
no arrepentirse tal vez
de tener analfabetos
para nadie son secretos
aprender para el después
Poco tiempo antes, cuando yo estaba trabajando como operar de un locutorio en la Avenida Colón, comenzó a llegar al comercio una nena de seis o siete años, siempre alrededor de la ocho de la noche y dejándome veinticinco centavos, sobre el mostrador me pedían: “Voy a hablar veinticinco centavos”. Le habilitaba el crédito y le indicaba la cabina que debía utilizar. Luego de una corta comunicación, se iba. Pero una hora y pico después volvía a repetir el procedimiento. Como esta situación volvió a producirse en los días siguientes, con los mismos procedimientos, se me dió por sospechar que a esta criatura la estaban mandando para que comunicara algún aspecto a tener en cuenta para intentar algún robo por parte de la persona que recibía los llamados de la niña. Por eso, cuando al otro día me dejaba los veinticinco centavos, ya en forma mecánica y sin solicitar nada, Tome la moneda y le cargué el crédito a uno de los teléfonos, que estaban en paralelo con el que yo tenía en el mostrador y cuando la criatura comenzó a hablar, yo estaba escuchando en el otro tubo, que la nena decía: “Mamá, me puedo volver?” y por respuesta le llegaba otra pregunta: “¿Cuánto hiciste?”. La niña, contestaba: “Dos, con veinte, pero estoy cansada” y la respuesta tajante: “¡NO!, Completá tres, cincuenta y después veni…
Pero no todos los chicos de la calle, son iguales. Hay en la ciudad un grupito de ellos que se dedica a dejar flores, artesanías, estampas religiosas en distintos lugares y medios de transporte. La mayoría, no alcanzamos a entender el sacrificio que realizan esas criaturas y a la indiferencia con que los tratamos, agregamos o imaginamos destinos de boliche u otros bichos para las chirolas que escasamente les dejamos.

Ante gestos de contrariedad por la exigua cosecha, adivinamos mala educación o síntomas de ubicación social, para esos niños.
Cinco añitos y ocupado
lo está esperando la escuela
pero esto a nadie desvela
en su hogar ni lo han pensado.
Para algunos es soñado
el velar por la niñez
no arrepentirse tal vez
de tener analfabetos
para nadie son secretos
aprender para el después
Esos chicos casi todos los días concurren a la escuela pública, donde reciben, además de los conocimientos indispensables para desarrollarse, también acceder al único plato de alimentos de su jornada.
La tarde la ocupan para hacerse de algunas monedas para llevar un trozo más de pan a su casa. En ese recorrido, todos los días, pasaban por una casa de comidas, donde los empleados les compraban las curitas que ofrecían. Una de estas tarde, el encargado le dijo al mozo que los invitara a sentarse y a pedir lo que quisieran. El empleado, limpió una de las mesas, le colocó un mantel y les dijo a los chicos que el negocio los invitaba para que comieran lo que desearan. Un momento después el encargado, le ordenó al mozo, que les sirviera también las gaseosas que quisieran.
Los chicos, devoraron unas pizzas y compartieron unas gaseosas y al rato se levantaron con un gracias para el encargado y cuando salían le dijeron al asombrado mozo, que les abría la puerta: “Te dejamos veinticinco centavos de propina..”

El niño es página en blanco
porque no tiene noción
que la escuela en su ocasión
le da lección en su banco.
Cortos pasos, tranco a tranco
cohibido va por la vida
el aprender da salida
cuando apremian situaciones
que aparecen a montones
y nos dejan una herida.

La poesía intercalada en este artículo corresponde a Alicia Fernández

“http://luzdeluna.escribirte.com.ar”

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